Una mirada a la infraestructura universitaria

"La principal entrada la constituye un hermoso arco de hierro, que es como la gran puerta de un parque…en el centro de este campo de pabellones de granito revestidos de verdura se yergue el hermoso campanil…” (Enrique Molina Garmendia, extractos del libro "De California a Harvard", 1921, en donde describe los modelos que inspirarían el Campus UdeC).

Es interesante constatar que el principal producto del viaje de don Enrique Molina a los Estados Unidos, no fue precisamente un determinado modelo de formación, (que era la misión principal) sino que el modelo físico que había visto en Berkeley. Tal vez, don Enrique, cual arquitecto, aquilató la importancia e incidencia que tienen los espacios arquitectónicos en el logro de los objetivos de formación que se perseguían.

Las instalaciones físicas y el equipamiento son los medios que nos permiten cumplir a cabalidad la Misión Universitaria. Tales medios también favorecen nuestra propia calidad de vida, en tanto, pueden simplificar la gestión docente y administrativa. Sin duda, la Universidad posee instalaciones admiradas por todos. Sin embargo, tras un recorrido por sus instalaciones, pudimos comprobar que éstas no responden, como se quisiera, a las necesidades actuales.

En efecto, resulta evidente la dramática falta de espacio físico, aún en edificaciones relativamente nuevas. En nuestro recorrido comprobamos que en la misma superficie de hace 20 o 30 años se ha tratado de resolver el incremento de estudiantes; la mayor dotación de docentes y la generación de nuevos programas.

Hoy, es urgente asumir una postura decidida respecto al consumo de superficie derivado de los estacionamientos vehiculares, a la fricción de aulas de pregrado con las áreas de oficinas y a edificios que no prestan la funcionalidad requerida, entre muchos otros aspectos.

Ya no basta responder puntualmente y por separado a determinadas urgencias de espacio físico.

Nuestro próximo centenario es una verdadera invitación a mirar la Universidad de manera integral y con perspectiva de largo plazo. Tal ejercicio, nos llevará sin duda a comprobar que ha llegado el momento que nuestra Institución inicie cambios estructurales en la organización física de sus tres campus.

Para ello, se requiere en primer lugar, un “macro-plan” integral que vincule sistémicamente a Los Ángeles, Chillán y Concepción, precisando el rol que le cabe a cada uno y aclarando su articulación conforme a la Misión Universitaria.

Luego, cada campus requerirá planes maestros de desarrollo físico, que les permitan superar sus respectivas problemáticas, con un plan de inversiones de mediano y largo plazo.

Hubo que esperar cerca de 40 años, para que la imagen de campus que atesoraba don Enrique Molina, se dibujara en el paisaje penquista.

Hoy, tenemos la responsabilidad de dar los primeros pasos para acordar una Universidad que responda cabalmente a los requerimientos del futuro.

Ricardo Utz
Arquitecto
Candidato a Rector