Investigadores de la UdeC diseñan innovadora planta desalinizadora de agua

En nuestro país existen varias localidades costeras que, a diario, viven problemas de abastecimiento de agua, realidad que se hizo más patente durante el terremoto de 2010, con los daños que  produjo en la infraestructura que suministra el recurso.
En este contexto surgió el proyecto Obtención de agua para consumo humano y agua de riego rica en nutrientes a partir de agua de mar, financiado por InnovaChile de Corfo a través del Concurso de Bienes Públicos para Innovación y Fortalecimiento de las capacidades para la reconstrucción, creado tras el  gran sismo.
El proyecto, conducido por el investigador de la Facultad de Ingeniería Rodrigo Bórquez,  se centró en el desarrollo de un nuevo tipo nuevo tipo de planta desalinizadora, para producir, al mismo tiempo,  agua para consumo humano y otra para riego, ambas enriquecidas con sales minerales.
Los logros de este proyecto –que tuvo una inversión de 180 millones de pesos- se pueden observar en la planta demostrativa instalada en el recinto del Sindicato de Pescadores de Penco, en Cerro Verde Bajo, que tiene capacidad para procesar unos 30 metros cúbicos de agua al día,  volumen suficiente para surtir de agua a 150 casas.
El director de la iniciativa explica que en la planta se utilizaron membranas de nanofiltración en lugar de las de osmosis inversa –que son las que dominan los  sistemas de desalación-  para modificar la composición del agua de mar. Esta tecnología, cuyo costo es menor a las membranas de osmosis inversa, permite reducir tanto las necesidades de inversión como los gastos de operación para este tipo de sistemas, apunta el doctor Bórquez.
Lo que resulta  del filtrado es un agua dulce, con un agradable sabor, como han comprobado autoridades de gobierno -entre ellas el ministro de Economía, Pablo Longueira, en una visita reciente-, alcaldes y profesionales de servicios que han estado en la planta, dice el académico señalando que cuando han realizado pruebas comparativas entre agua potable y desalada, la mayoría de las personas se inclina por la segunda.
“Hay un aspecto clave que tiene que ver con la calidad del agua. Como la nanofiltración es un proceso con una membrana que deja pasar algo de sales -a diferencia de la osmosis inversa, que es una membrana que deja pasar exclusivamente la molécula de agua- el producto de la osmosis inversa es prácticamente un agua destilada que es muy insípida. El agua de la nanofiltración contiene algo de sales, pero está bajo lo que establece la norma chilena de agua potable, que le da un sabor especial”, cuenta.
Bórquez cuenta que luego de la instalación de la planta se han realizado una serie de pruebas, bajo distintas condiciones, para medir la calidad del agua. Por ejemplo,  se ha descartado problemas con microorganismos, como coliformes fecales. “Los recuentos totales han sido bajísimos”, dice.
No obstante, faltan nuevas pruebas, especialmente las que tienen que ver con la optimización de la energía. La idea, acota el investigador, es abaratar los costos para hacer autosustentable la unidad, que originalmente sería alimentada a través de sistemas de energía renovable (solar y eólica).
Aunque no fue posible lograr la autonomía energética total, el sistema sí cuenta con algunos dispositivos de captación solar y eólica. “La tarea, ahora, es ver hasta qué punto podemos reducir los costos (de energía) con lo que tenemos y, en una segunda etapa, proyectarlos en forma conjunta en una nueva planta. Podemos hacerlo porque tenemos sistemas de monitoreo de viento y sol para proyectar las características del generador y establecer los requerimientos para cada sistema”, señala.
De acuerdo a las estimaciones del académico, en las condiciones actuales se podrían ajustar los gastos, de modo que el costo del metro cúbico de agua podría estar en torno a los 500 pesos. “Con energía renovable, podría llegar a 120 pesos, que sería el costo de reposición de membranas más los aditivos que se utilizan”, afirma.
Para el académico, esta alternativa de desalinización es un modelo viable para abastecer a comunidades pequeñas y que, con la incorporación de energías renovables,  podría llegar a la autosustentabilidad, de modo que en estos casos el subsidio del gobierno “sólo sería la inversión inicial para la construcción de la planta”. De acuerdo a las estimaciones del docente, para construir una planta como el módulo demostrativo, se requerirían entre 90 y 100 millones de pesos.