Perspectiva social: cómo sortear el desafío del aislamiento

  •  Académicas UdeC describen la problemática y entregan consejos desde la psicología, la sociología y la antropología.  

El confinamiento a que estamos sometidos en nuestros hogares, a raíz de la crisis sanitaria global provocada por la explosiva expansión del COVID 19, genera en nosotros algunas preocupaciones que pueden abordarse desde la perspectiva de las Ciencias Sociales, contribuyendo a aliviar la incertidumbre que experimentamos. Es por esto que destacadas investigadoras de la Universidad de Concepción, desde sus respectivas disciplinas, analizan esta situación y entregan consejos sobre los resguardos que debemos tomar como medidas de protección.  

“El aislamiento social es un estresor adicional para las familias y, en particular para las parejas que no tienen una buena relación. Por lo tanto, puede generarse mayor conflicto y aislamiento y bajas de ánimo de las personas que sufren violencia”, detalla la Directora de la Dirección de Equidad de Género y Diversidad, Degyd, Lucía Saldaña. Según la experta, la actual situación podría disminuir los factores protectores de las mujeres víctimas de violencia de pareja, “la que se puede exacerbar, su espiral ir avanzando y puede terminar en episodios de violencia extrema”, enfatiza. 

La Directora Degyd, quien es socióloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Doctora en Sociología de la Universidad de Essex (Inglaterra) y Profesora Asociada del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdeC, se ha especializado en estudios del género, masculinidades y parentalidad; sociología de las familias y sociología del trabajo; estudios del desarrollo, vulnerabilidad social y políticas públicas. Desde esta mirada, asegura, es esperable que “como sociedad, podamos ir generando estrategias de prevención y cuidado de estas personas en estos contextos, de manera de disminuir los efectos del aislamiento social”. Por esto, explica “cobra especial necesidad generar políticas de conciliación y de corresponsabilidad social de los cuidados, que en este contexto enfrentan el desafío de ser adaptadas a las posibilidades de interacción virtual existentes”. Como ciudadanos, en tanto, “nos corresponde realizar todos los aportes en materia de sensibilización, prevención de la violencia al interior de los hogares y promoción de prácticas de autocuidado individual y grupal. Es fundamental que las redes de apoyo puedan hacer uso de las herramientas de comunicación existentes, para manifestar su preocupación constante por el bienestar de todo el grupo familiar, en especial de quienes podrían estar expuestas, así como también de buscar estrategias para reforzar conductas respetuosas de quienes podrían ser agresores”, enfatiza.    

En cuanto a si en este tipo de situaciones, aumentan los casos de violencia intrafamiliar, la Dra. Saldaña señala que “es una situación que no puede evaluarse aún, pero acorde a las tendencias internacionales aumentaría la violencia en las relaciones de pareja”, detallando que, además “es necesario considerar no sólo las parejas que conviven, sino que también los casos de violencia en el pololeo, que se manifiestan de otros modos, como el control, la manipulación y los celos, por ejemplo, en torno a las publicaciones en redes sociales, o a las actuales condiciones de convivencia familiar o grupal”.  

Respecto al impacto de los roles tradicionales de género, la experta indica que existe hoy “una enorme sobrecarga para el grupo familiar, fundamentalmente para las mujeres, dada la naturalización de la asignación femenina de los cuidados y las labores domésticas, lo que va instalando la noción de que son ellas quienes tienen la mayor responsabilidad en las labores domésticas y deben realizar los mayores esfuerzos para resolver todos los temas involucrados: alimentación, mantenimiento del hogar, cuidado de hijas e hijos, y el trabajo adicional en relación a los protocolos de higiene y seguridad vinculadas a esta crisis sanitaria”. Esto, explica, favorece la exacerbación de la asimetría de género en estas labores. 

 

Apoyo en espacios virtuales

La académica Pamela Grandón es psicóloga de la UdeC, Doctora en Psicología de la Universidad de Salamanca (España) y Profesora Asociada del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdeC. Sus principales áreas de investigación son la salud mental comunitaria y específicamente, los estigmas hacia personas con trastorno mental. “Actualmente, estamos viviendo a nivel social, una situación de incertidumbre colectiva: no sabemos cómo van a ir evolucionando los hechos, porque nunca nos habíamos visto enfrentados a una situación así como país”, detalla y agrega que los avances tecnológicos en el área de la comunicación, tiene implicancias negativas y positivas en las actuales circunstancias. “Producto de la globalización, tenemos información de lo que ocurre en otros países, lo que contribuye a que podamos anticipar de alguna forma la evolución del virus y poder tomar medidas preventivas. Pero también, nos empieza a generar temores de manera anticipada”.  

La investigadora explica que, en general, los seres humanos ante este tipo de situaciones reaccionamos buscando apoyo en otras personas, pues somos animales sociales. Eso es justamente lo que no podemos hacer en la actual crisis sanitaria por la que atraviesa el mundo. “Ésa es nuestra estrategia fundamental para enfrentar cualquier tipo de problemas. Un buen ejemplo de esto son los vínculos que surgieron entre vecinos tras el terremoto del 27F. Pero nos vemos privados de poder acompañarnos e intercambiar nuestras ideas y preocupaciones. No solo nos vemos privados de esos vínculos, sino que tampoco tenemos la certeza de cuándo podremos retomarlos y, además, nos vemos confinados a nuestro hogar, en contacto permanente con todos quienes viven en él, aumentando la tensión que ya es alta producto de la incertidumbre. Esto genera roces y aumenta el estrés”, explica.  

La ansiedad que provoca esta situación, lleva a un aumento en las desavenencias al interior de las familias. Algunos consejos que se pueden tomar para evitar estas consecuencias son “retomar los contactos sociales con amigos y parientes fuera de nuestro núcleo familiar aprovechando los medios tecnológicos, las redes sociales más allá del WhatsApp que es algo que la gente usa regularmente. Es importante poder ver al otro. Por ejemplo, hacer video-llamadas en grupo, reunirse virtualmente a celebrar, por ejemplo, el cumpleaños de un ser querido. Buscar espacios virtuales que mantengan los lazos sociales, es una estrategia que puede servir mucho para aliviar la tensión a que estamos sometidos”.  

Además, desde el punto del confinamiento al interior de nuestro hogar, conviene organizarse y, aunque sea durante un tiempo breve, que cada integrante de la familia, pueda pasar tiempo a solas. “Que tengamos un espacio para nosotros mismos, para hacer algo que disfrutamos, pero sin interrupciones de los demás. Puede ser leer, escuchar música o ver TV, esto nos va a ayudar a dejar de acumular tensiones que nos pueden llevar a tener conflictos” apunta Grandón. Ya que producto de la situación actual se han perdido las rutinas diarias que nos permiten saber a qué atenernos y organizar nuestra vida, “es importante poder armar una rutina diaria que aumente la sensación de control sobre nuestra vida”, destacó. 

 

El vértigo del cambio social

“Desde el punto de vista antropológico, la conjunción de las crisis económicas, sociales, sanitarias que azotan a la humanidad, parecen estar dando cuenta de una mayor velocidad en las transformaciones que nos va tocando enfrentar como sociedad y como generación. En distintas ocasiones de su historia, la humanidad ha debido enfrentar procesos de pandemia que han afectado sus cursos, revelando con fuerza que las sociedades humanas son ante todo mundos bioculturales determinados por intereses políticos, modelos económicos y sistemas de vida”, señala Noelia Carrasco, directora del Programa de Investigación CIDESAL UdeC. 

La antropóloga de la Universidad Católica de Temuco, Magíster en Investigación Básica y Aplicada en Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona (España), Doctora en Antropología Social y Cultural, y actualmente, Profesora Asociada del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades y Arte, indica que podemos interpretar que Covid 19 es “resultado de la expansión ilimitada de un modelo de control social y económico de la naturaleza, que a todas luces nos está exigiendo revisión, reformulación, replanteamiento. Si tiramos esa hebra, veremos que la vuelta de página avanza claramente hacia el rediseño del modelo predominante de desarrollo, cuyos pilares de ciencia, economía, naturaleza y cultura, deben ser redefinidos en concordancia con mucha evidencia empírica a estas alturas irrefutable”.  

En cuanto a los límites físicos y virtuales del distanciamiento social, la antropóloga destaca que “en el plano de la vida cotidiana, enfrentar esta pandemia en la actualidad con una realidad virtual que nos permite vivir en paralelo en muchas partes, es menos doloroso que bajo otras condiciones, donde las distancias físicas impedirían cualquier otro tipo de comunicación y flujo. Ahora, el mundo digital y las redes sociales están asegurando un acceso directo y múltiple a la información, contacto con los seres queridos, teletrabajo y pareciera ser también, la potenciación de maneras de pensar el consumo y movilizar nuestras economías de escala local. En los tiempos que corren, donde nos hemos apropiado y adaptado masiva e intensivamente al uso de dispositivos tecnológicos para la recreación de nuestros mundos sociales, resulta ficticio hablar de aislamiento social. La situación crítica es también la oportunidad de recuperar tiempos abandonados, succionados por las presiones y la competencia que han dominado nuestras relaciones sociales”. 

Desde ese punto de vista, la Dra. Carrasco aconseja “nos corresponde adaptarnos a una ralentización de nuestros mundos, a recuperar las pausas en ritmos de vida desbocados por la productividad, la regeneración de ecosistemas que no requieren de la intervención humana, a masificar la sanitización de espacios públicos y de uso masivo, a descubrir los tiempos propios, íntimos y de los mundos más próximos en general. Desde la cuarentena, podemos adoptar un nuevo punto de vista respecto de nuestros modos de vida, y avanzar en la construcción de prácticas socioculturales para enfrentar la velocidad de las transformaciones. Resituarnos en nuestros lugares de resguardo del Covid 19, nos permite prestar más atención a lo que nos rodea, identificar las redes de las cuales formamos parte y adaptarnos a un ritmo de vida más lento, más cuidado, más precavido. Covid 19 es así, como muchos fenómenos acontecidos y por acontecer en este apresurado siglo XXI, un tiempo de limpieza de nuestros espacios y de nuestras miradas, un tiempo de crisis que debe permitirnos ver y comprender con mayor nitidez la vulnerabilidad de la vida, de aquello que efectivamente nos interesa resguardar”, enfatiza.  

 

Por Iván Tobar Bocaz

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