El viaje de Pedro y Giuliana, parte 5 y final
Pedro y Giuliana, ingenieros comerciales de la UdeC, continúan contándonos sobre el viaje por el mundo que emprendieron hace ya varios meses y que en esta oportunidad nos lleva a recorrer el Sudeste Asiático.
Si no recuerdas cómo comenzó esta historia, o acabas de enterarte, lee la 1ª parte - Australia y Nueva Zelandia , la 2ª parte - Japón y China , la 3ª parte -India y Nepal. y la 4ª parte, Sudeste Asiático.
Además pueden ver algunas fotos de su viaje en el sitio www.flickr.com/photos/pedro_ventura
Después de pasar 45 días en el Sudeste Asiático, tomamos el avión que nos llevaría al Medio Oriente. El puerto de llegada fue el aeropuerto de Amman, la capital de Jordania.
Una de las primeras sorpresas al llegar muy temprano en la mañana fue el inmenso frío que nos acompañó cada día de nuestro paso por estas tierras, ¿no se suponía que en el desierto hacía calor?. Era invierno.
Desde un comienzo nos llamó la atención lo cálidas y agradables que son las personas en este país, bueno, los hombres, porque a las mujeres poco y nada se les veía interactuar con desconocidos, si es que se les veía. Cada vez que se nos acercaba alguien a conversar seguían un extraño y rutinario “check list” de preguntas que los llevaba a enterarse de las cosas que más les interesaba saber. Comenzaban con un “Welcome to Jordan” que les salía del corazón y posteriormente la infaltable pregunta de nuestro viaje “¿De dónde son?”. Una vez sorteada la parte básica y de rigor de la conversación el diálogo continúa y paulatinamente va desencadenando en 3 preguntas que inevitablemente tarde o temprano aparecían, y siempre en el mismo orden: ¿Ella es tu esposa? (nunca hacen la pregunta en el sentido inverso: ¿él es tu esposo?), ¿Tienen hijos?,¿Cuál es su religión?. Un cuestionario similar nos seguiría posteriormente en Egipto.
En Jordania visitamos Amman y Petra. Esta última es una ciudad que fue tallada en la piedra y data entre los años 200 A.C. y 300 D.C. aproximadamente, fue escogida como una de las 7 nuevas maravillas del mundo y es para Pedro lo más espectacular que vio en el viaje. La ciudad donde alojamos para acceder a Petra, nos empapó de la cultura islámica, ya que en ella se conservan mucho más fervientemente sus tradiciones, cosa diferente a la capital Ammán, donde algunas mujeres son más “modernas”, dicen, y pueden verse algunas excepciones a las reglas y tradiciones que les han impuesto a través de los años. En las cercanías de Petra, por ejemplo, en un momento no fue difícil darnos cuenta que Giuliana era la única mujer que andaba en la calle, en varias cuadras…sólo hombres en restaurantes, en cafés, destinados principalmente a fumar la tradicional pipa de agua. Y bueno, cuando logramos ver una mujer, estaba muy tapada. Algunas de ellas ni siquiera mostraban los ojos. También nos llamó la atención (y nos desveló un par de veces) el llamado con armoniosos cánticos estilo árabe que venía desde las mezquitas por altoparlante, que se escuchaba en toda la ciudad. Eran los llamados a rezar, el primero era a eso de las 5 de la mañana y cada 3 horas aproximadamente venían los siguientes. Muy madrugadores.
Después de visitar Petra cruzamos en ferry a Egipto a través del mar Rojo. Aquí visitamos Nuweiba, playa en este mar, parada de un día que no la teníamos planificada y la hicimos porque no encontramos buses que nos llevaran a El Cairo. Dormimos en un bungalow de bambú a 2 metros del agua, bajo un cielo estrellado, completamente solos y con Arabia Saudita al frente.
Al día siguiente partimos a El Cairo. Llegamos un día a las 12 de la noche y al día siguiente fuimos al Museo Egipcio que estaba frente a la Plaza Tahir a una cuadra del hotel. Nos llamó la atención la gran cantidad de efectivos policiales con que nos encontramos en el camino de ida, sólo nos preguntamos qué pasaría, ¿habrá algún evento?, ¿vendrá Obama?. Cuando volvíamos al hotel ya se empezaba a juntar la gente y los protestantes contra el gobierno de Mubarak… era el comienzo de las protestas que días después derrocarían 30 años de gobierno. Tuvimos que arrancar de la turba y las bombas lacrimógenas e incluso refugiarnos en un edificio desconocido por una media hora para evitar los disturbios que recién se iniciaban.
El segundo día en El Cairo fuimos a las Pirámides de Giza, con paseo en camello incluido. El regateo para el paseo en camello fue de lo más pintoresco y odioso que tuvimos en el viaje. Después de 10 minutos de arduas “negociaciones” acordamos el precio con el “manager” del camello. Acto seguido nos subimos al animalito y una vez arriba el tipo nos pasa las riendas y dice: “ya, ¿ahora quieren una persona que conduzca el camello?, eso tiene un cargo extra, de lo contrario tendrán que llevar el camello ustedes solos”, ¡PLOP!. Nos empezábamos a sentir como de vuelta en India.
Bueno, las pirámides en sí, que era lo importante de esta visita, eran impresionantes e imponentes. Entramos a una de ellas y dimos varias vueltas tratando de imaginarnos como las construyeron 5.000 años atrás. Una de las cosas que nos llamó la atención es que las pirámides están al lado de la ciudad y no en medio del desierto como pensábamos.
Teníamos la intención de visitar otras ciudades de este país, pero dada la situación de inestabilidad social y política decidimos dar un rápido paseo por las aguas del Nilo, y luego irnos antes de lo planificado a Israel. Nuestra ruta, terrestre y nocturna, se vio interrumpida un sinfín de veces con controles carreteros a altas horas de la noche para verificar identificaciones.
Llegamos a la frontera de Egipto con Israel a eso de las 5 de la mañana y una vez dentro de este país lo que inmediatamente nos extrañó (y asustó) es que habían personas de civil con metralleta al hombro en todas partes. Claro, en un paso fronterizo puede ser, pero ver una adolescente en un terminal de buses, con las amigas, paseando con la metralleta de lo más normal del mundo, se veía algo extraño, por decirlo menos. Parecía tan normal que nos animamos a preguntarle el motivo de su peculiar paseo. La razón: hacer el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres, y a muchos de ellos les entregan una metralleta y, por razones de seguridad, no pueden separarse de ella en ningún momento, ni siquiera en sus días libres, por cuanto los veíamos ir a lugares públicos, pololear y salir de compras con el arma, lo que explicaba su ropa de civil. A su vez, la niña al terminar de explicarnos, nos pidió disculpas si nos había asustado, pero hizo hincapié a que era un tema de “seguridad” más que de guerra.
Nos fuimos a Jerusalem, y no dejamos de sorprendernos en todo momento con lo que veíamos, llegamos en la tarde, la ciudad estaba a media luz pues comenzaba a oscurecer y veíamos en las calles extrañas personas vestidas de negro con unos peculiares sombreros negros bastante altos, bien tétrico el escenario. Aquellos extraños caballeros, eran judíos ortodoxos y la vestimenta la llevan por un tema de tradición y cultura, por lo que era bastante común verlos caminar por todos lados, claro que después de calificarlos de tétricos, con el paso de los días nos dimos cuenta que conformaban el cuarto más glamoroso y elegante de las cuatro culturas-religiones que conviven en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Un cuarto cristiano, un cuarto judío, un cuarto musulmán y un cuarto arménico (también cristianos) y cada uno de ellos con sus costumbres, tradiciones, monumentos, símbolos y lugares sagrados repartidos por la ciudad que hacen que para cada una de ellas, estas tierras sean santas y por ello tanta disputa a través de los años.
Entrar a la Ciudad Vieja de Jerusalem es como trasladarse al pasado o a las películas de semana santa, todo es muy antiguo, de piedra blanca, pequeñas calles, pequeños pasajes, extrañas construcciones y una arquitectura que parece impensable que haya sobrevivido tantos años. Toda la ciudad amurallada, y una mezcla muy peculiar de las cuatro cultura-religiones que conviven dentro de esas paredes. El cuarto cristiano con mucho turista y tiendas de souvenirs, el cuarto musulmán atestado de coloridas y llamativas tiendas, donde se podía encontrar de todo, mucha gente, mucho ruido, muchos olores, colores y sabores; por su parte el cuarto judío nos pareció el más elegante y ordenado de todos, con sus hermosas sinagogas, todo muy bien conservado y mantenido.
Visitamos lugares increíbles, la Iglesia del Santo Sepulcro, donde está la tumba de Jesús y el lugar donde lo crucificaron, la Vía Dolorosa (camino que hizo Jesús con la cruz en su espalda), el Monte de los Olivos, desde donde Jesús subió a los cielos según el cristianismo. También el Muro de los Lamentos, el lugar más sagrado para el pueblo judío, pues es lo único que queda de su templo sagrado que fue destruido en guerras y disputas religiosas y territoriales. La mezquita Duomo de la Roca, el segundo lugar más sagrado para el islamismo después de la Mecca. También fuimos a Belén, en Territorios Palestinos, a sólo media hora de Jerusalem, donde visitamos la Iglesia de la Natividad. Y una fugaz escapada a Tel Aviv, sin pena ni gloria ya que el clima no acompañaba a sus preciosas playas.
Jerusalem fue uno de los lugares más hermosos que visitamos, lleno de mística, lugares increíbles, mágicos, especiales, gente muy diferente, mezcla de culturas, mezcla de religiones, mucho que ver, mucho que recorrer y mucho por entender.
Luego de alimentar el espíritu en tierras santas, volvimos a la cálida y amigable Jordania a esperar nuestro avión que nos llevaría a “las Europas”, la recta final de nuestro viaje. Aprovechamos estos últimos días en Ammán para recorrer sus calles, conversar con algún divertido y simpático anfitrión y, como no, deleitarnos con sus deliciosas especialidades culinarias como hummus, falafel, pitas y café turco, que no podíamos dejar de comer y tomar durante todo el día.
Definitivamente el paso por Medio Oriente fue una de las mejores partes del viaje, no dejamos de sorprendernos, lugares tan hermosos, gente tan diferente, costumbres tan extrañas, mística por doquier, cultura, y sorpresas muchas sorpresas.
Llegar a Europa fue sin lugar a duda un “respiro” a tanta cosa rara que vimos en los meses anteriores en los distintos lugares y culturas que conocimos, fue casi como estar en casa, nos sentimos nuevamente bienvenidos a la civilización, a las comidas tradicionales, a la internet sin problemas, a medios de transportes eficientes, hostales calientitos y gente “normal”, digamos que más occidental. Todo esto, sumado al cansancio acumulado y a las ganas de volver a Chile, hizo que nuestro paso por los países de Europa fuera más bien fugaz y superficial. Partimos con la trilogía Budapest (Hungría), Viena (Austria) y Praga (República Checa), ésta última la ciudad más bella de todo lo que vimos en Europa a nuestro juicio, y probablemente en el viaje entero. Definitivamente, estos tres países nos sorprendieron con tanta belleza, sin lugar a dudas tienen las tres b, bueno, bonito y barato, ya que a diferencia del resto de los países europeos, estos tres eran bien económicos o menos caros que el resto. Luego vino Italia que la recorrimos casi entera, partimos en Milán que está en el norte y terminamos en Nápoles en el centro sur de la bota. Londres de paso, París express y finalmente algunas ciudades de España en la que al fin hablamos español, ahora si que ya casi estábamos en casa. Todas con mucho que ver, y nosotros con pocas energías a esas alturas, fue una larga ruta de lugares famosos, iglesias, monumentos, torres, museos y muchas pero muchas fotos, que se sumaron a nuestra colección que alcanzó las 15.000 en un año.
Un año de travesías, de aventuras, de aprender, de entender, de practicar la paciencia, la tolerancia, de aceptar, de conocer, de estudiar, este mundo en el que vivimos, que a veces parecía tan lejano a la realidad en que tenemos aquí en Chile, culturas tan diversas, lugares tan exóticos, diferentes……
Hoy ya estamos en Chile, volvimos hace dos meses, hemos retomado la vida tradicional, un estilo de vida que añorábamos mucho en un momento, pero que ha sido extraño acostumbrarse a él nuevamente. Tener una rutina, despertar todos los días en el mismo lugar, no tener que estar constantemente planeando los cuatro días siguientes, hablar y escuchar español y ver y compartir con nuestros seres queridos a diario ha sido muy reconfortante y extraño al mismo tiempo. Sin lugar a dudas que después de esta mega experiencia, hoy queremos mucho más el país en el que nos tocó nacer, y valoramos mucho más las cosas que tenemos aquí, cosas que antes pasaban inadvertidas, que solían ser tan “normales” o parte del día a día, ahora el punto de vista es diferente, las experiencias innumerables, lo aprendido invaluable, y los recuerdos infinitos. Ojala todas las personas pudieran tener la oportunidad de viajar y conocer realidades diferentes a la nuestras, el mundo en que vivimos.




