El viaje de Pedro y Giuliana, parte 4
Pedro y Giuliana, ingenieros comerciales de la UdeC, continúan contándonos sobre el viaje por el mundo que emprendieron hace ya varios meses y que en esta oportunidad nos lleva a recorrer el Sudeste Asiático.
Si no recuerdas cómo comenzó esta historia, o acabas de enterarte, lee la 1ª parte - Australia y Nueva Zelandia , la 2ª parte - Japón y China y la 3ª parte -India y Nepal. Además pueden ver algunas fotos de su viaje en el sitio www.flickr.com/photos/pedro_ventura
Parte cuatro, SUDESTE ASIÁTICO
Después de esa complicada estadía en India tomamos nuestro avión a Bangkok para recorrer el Sudeste Asiático. Afortunadamente, acá la recepción fue bastante más agradable, con gente, en general, muy sonriente, alegre y excelente predisposición en ayudar al extranjero.
Una de las cosas que nos llamó la atención de esta zona es que pareciera estar todo preparado para atender al turista, tanto así que si tratas hacer las cosas de la manera que las hace la gente local todo se vuelve complejo y más caro, comprar un ticket de bus por ejemplo, es casi imposible, porque el terminal siempre va a estar muy lejos y a trasmano del transporte público, y si logras llegar a la estación de buses, te vas a dar cuenta que te convenía comprar el “paquete turístico” en la agencia que tenías al lado del hotel, porque era más barato y además incluía una van que te recogía en el hotel, bus, ferry y todas las conexiones que necesitaras para llegar al destino. Era como que no tenías que hacer nada, sólo subirte al vehículo, bajarte cuando te lo indicaran y esperar el siguiente. Todo funcionaba bastante bien, claro que al estilo del Sudeste Asiático, lo cual significaba que probablemente necesitarías esperar unas 2 horas entre un vehículo y el siguiente en el restaurant de la misma agencia en medio de una carretera, pero lo importante es que, al final de todas las esperas, llegabas donde querías ir. Algunas veces nos molestaba un poco esta situación, porque no te deja conocer mucho la cultura del lugar, ya que para casi todo tienes que tomar un tour, pero así funciona y no había muchas alternativas.
Estuvimos mayormente en Tailandia, país de playas maravillosas y nos arrancamos algunos pocos días a los países vecinos de Camboya, Vietnam y Laos para visitar cosas puntuales.
TAILANDIA
A este país vinimos a comer, y es que después de más de un mes en India, sin poder probar carnes porque las vacas eran sagradas, ni vegetales ni frutas, porque no había agua limpia para lavarlos, ni cosas simples como pan, porque no existía, ni cosas ricas occidentales, porque no había donde poder comprarlas…..lo primero que hicimos llegando a Bangkok, en Tailandia, fue un desquite con comidas que extrañábamos demasiado, y es que no se imaginan la alegría que sentimos al ver ante nosotros un supermercado normal donde vendían cosas familiares para nuestro paladar. Luego de esto, nos fuimos con las recetas tailandesas, y fue una de las cosas que más nos fascinó de este país, con su diversidad de sabores ácidos, picante y dulce (pueden llegar a mezclarlos todos en una misma receta) que hacen que cada nuevo plato que te sirves te sorprenda. Hasta el último día de nuestra estadía este país no paró de dejarnos boquiabiertos con nuevas y deliciosas preparaciones. Los mercados callejeros de Tailandia nos han mostrado una de las mejores cocinas y por lejos la más variada que conocemos.
Si bien, la comida tailandesa nos sorprendió, para nosotros la mayor atracción de este país fue sin duda sus playas, y por suerte, tuvimos la oportunidad de conocer varias de ellas. El denominador común en este caso es aguas cálidas y transparentes, paisajes espectaculares, arenas blancas y peces de colores psicodélicos que se pueden ver haciendo snorkel o buceo.
Primero fuimos Koh Chang, una isla cerca de Bangkok que la recorrimos antes de que comenzara la temporada alta, por cuanto teníamos las playas casi a nuestra entera disposición, esta fue la que más nos gustó de las que pudimos visitar. Luego estuvimos Koh Samui, más familiar y repleta de servicios para los turistas (que a nuestro juicio le hacen perder el encanto). Posteriormente nos movimos a Krabi, que si bien no tiene playa en la ciudad propiamente tal, esta rodeada de éstas y puedes hacer viajes por el día para conocerlas. Uno de esos “tours” fue al Parque Nacional de Koh Phi Phi, un pequeño archipiélago en el que en una de sus islas se filmó la película “La Playa” de Leonardo di Caprio. La idea era ir a este lugar por más tiempo, pero hasta este punto del viaje parecíamos venir siguiendo las temporadas altas de todos los países y en Koh Phi Phi era la semana “peak” por coincidir con Navidad y Año Nuevo, lo cual tenía los alojamientos completamente agotados.
Miles de turistas acuden a las playas de Tailandia en los meses de diciembre, enero y febrero, y cómo no, si es bueno, bonito y barato, ideal para unas vacaciones de ensueño y de relax.
Nos llamó mucho la atención un tipo de turista que se veía por todos lados, el típico “viejo verde” adinerado, que viene a Tailandia en busca de sol, arena, mar y algo más…. el tema de la prostitución da para mucho que hablar, si bien en Tailandia es ilegal, no paramos de ver prostitutas de lujo en las calles y estos caballeros de vacaciones paseando con una “Lola” de 18 años (o quizás menos) del brazo, eso al principio fue bastante chocante, después pasó a ser parte del paisaje.
Después de unas merecidas “vacaciones de las vacaciones”, dejamos el sur y nos fuimos a Camboya y Vietnám, para luego volver a Tailandia y recorrer el norte, desde donde se puede apreciar de manera más enfática el lado cultural y sobre todo religioso del país. Estuvimos en Chiang Mai, una de las ciudades con más templos budistas que hayamos visto, el siguiente templo más lindo e impresionante que el anterior, donde pudimos ver estatuas de Budas de todos los tamaños, colores y materiales posibles. No deja de impresionar la ornamentación con que visten cada templo.
También en esta ciudad hicimos un contacto más cercano con la naturaleza selvática de la zona, paseo en elefantes y “bamboo rafting”, eso sería rafting, pero parados sobre una pequeña balsa hecha de bamboo con un guía que dirigía la “embarcación” con sólo otro palito de bamboo, por suerte las aguas de torrentosas no tenían nada.
CAMBOYA
Las paradas de los buses interurbanos cada 1 hora ha sido la tónica en toda Asia, siendo estas para cosas tan diversas como cenar, cambiar de bus o simplemente ir al baño (algunas veces, aunque no haya ningún baño a la redonda). Pero nos tomó completamente por sorpresa cuando en Camboya junto a un estadounidense tomamos un taxi-colectivo para ir desde la frontera a la ciudad de Siem Reap, donde se encuentran los Templos de Angkor. El trayecto era de 2 horas y en la mitad de éste, el conductor paró para “lavar el auto”, coincidentemente a las afueras de un restaurant. Nos bajamos y nos sentamos en las mesas del lugar mientras manguereaban el vehículo con bastantes pocas ganas. Al segundo la dueña del local comenzó a ofrecer cuanta cosa vendía: comida, bebidas, fruta, té, café, etc. Ante nuestra constante negativa a sus ofrecimientos usó su último recurso: “la amenaza”, y nos dijo: “el taxi va a estar detenido 20 minutos, pero si consumen algo sólo serán 5”. Ante tan descarado chantaje no podíamos parar de reírnos y al final se rindieron y nos fuimos a los dos minutos… El auto nunca lo lavaron.
Si bien decíamos que la comida Tailandesa era bastante sabrosa y variada, este último punto parecía no tener límites en el Sudeste Asiático. Parecen ser capaces de comer y probar cualquier cosa sin mayor problema. En Camboya, por ejemplo, vimos puestos callejeros con platos realmente poco apetitosos, pero recordamos muy especialmente cuando en una de las innumerables paradas de los buses, bajamos todos a comprar algún “snack” para el camino. El nuestro fueron unas papitas Lays y el de los camboyanos un mix de insectos fritos, principalmente saltamontes, sapitos, algo así como cucarachas, y otros “sin denominación”, los cuales saboreaban apetitosamente a lo largo del trayecto como lo más normal del mundo.
En Camboya visitamos 2 ciudades. La primera fue Siem Reap donde se encuentran las ruinas de los Templos de Angkor. Sinceramente, este sitio no estaba dentro de nuestros conocimientos hasta poco antes de visitarlo, pero rápidamente se convirtieron en uno de los lugares más espectaculares en que hayamos estado, sólo comparable con lo impresionante de La Muralla China y Petra en Jordania. Básicamente, es un complejo de Templos construídos a comienzo del segundo milenio D.C. de tamaño y extensión sorprendente. Ocupan un área aproximada de 20 km2, por lo cual, existen tickets de 1 día, 3 días y 1 semana para visitar el lugar.
La segunda ciudad a la que pasamos fue Phnom Phen, la capital. Aquí fuimos a ver, por primera vez en nuestras vidas, un palacio real. El estar en el salón principal y ver el trono de un rey (el de Camboya en este caso) fue otra de las experiencias que nunca esperamos de este viaje y que nos dejó boquiabiertos.
VIETNAM
Después de Camboya nos pasamos a Vietnam, en una estadía corta de unos 5 días. Fuimos sólo al sur, a la ciudad de Ho Chi Minh, también conocida como Saigón.
Las motocicletas habían sido las dominadoras de las calles en casi todos los lugares que habíamos visitado en Asia, pero la situación en esta ciudad es un caso extremo. Era un constante mar de motos, de todas las marcas, modelos y colores imaginables, como así también los cascos que, además de ser uno de los pocos lugares que visitamos donde se usaban regularmente, no son sólo un elemento de protección, sino que es parte de la indumentaria del motoquero y debe ir a tono con el diseño del vehículo o su vestimenta. Cruzar las calles principales era una verdadera aventura, nadie para, nadie respeta el paso de cebra, e incluso caminando por la vereda teníamos que ir atentos a aquellas motos que “no cabían” en las calles.
Visitamos el “Museo de los Restos de la Guerra”, que a pesar de todo lo “antiyankee” que es, por lo sesgada que está la exhibición, toda la información e imágenes que muestra le ponen los pelos de punta a cualquiera. Las fotografías de los daños y efectos secundarios por el uso de armas biológicas, la cantidad de municiones, muertos y dinero gastado en los combates y un montón de otras cosas.
Hicimos un tour en bote por el Delta del Río Mekong, río que pasa por Laos, Tailandia, Vietnam y Camboya. Muy bonito el paseo en el que nos cambiábamos de bote en bote cada 15 minutos dependiendo del tamaño de barcaza requerido para el canal siguiente. Visitamos también algunas islas del Delta, en el que existen pequeños poblados con un estilo de vida, aparentemente bastante similar a lo que habíamos visto en las montañas de Nepal.
LAOS
La visita a este país fue un descanso del ritmo frenético del resto del Sudeste Asiático. Cero stress, nadie corre, es el país menos desarrollado de estos cuatro, pero eso no parece preocuparles mucho a sus habitantes quienes parecen vivir felices con lo que tienen y siempre sonrientes.
Entramos a Laos por el norte en un viaje en barcaza por el caudaloso río Mekong, que se hacía en dos días, alojando una noche en un pueblo a la orilla del río en medio de trayecto. No había mucho que hacer, más que disfrutar el paisaje con pequeños cerros, búfalos y rocas en el agua, y conversar con otros viajeros.
Visitamos Luang Prabang, notoriamente influenciada por el tiempo de colonia francesa en sus construcciones y comidas. Por ejemplo, era más común encontrar puestos de sándwiches de pan baguette que platos orientales de noodles (tallarines en sopa) o arroz.
Después de Laos volvimos a Bangkok para tomar el avión que nos llevaría a Amman en Jordania donde recorreríamos parte del Medio Este, lugar muy interesante del que les contaremos más adelante.
Esperamos que les haya gustado este pequeño texto del Sudeste Asiático, uno de nuestros destinos favoritos, y quizás, porque no, haberse entusiasmado con él y anotarlo como posible lugar de vacaciones.




