Viaje Pedro y Giuliana, 2ª parte
Siguiendo con nuestro itinerario, después de Nueva Zelanda y Australia, visitamos Japón, China y Hong Kong, lo cual sería el inicio de nuestra travesía de 4 meses en Asia. Actualmente nos encontramos en el Sudeste Asiático, en la zona de Tailandia y los países vecinos, pero de esto les contaremos más adelante.
Hemos creado una galería de fotos para quienes deseen echar un vistazo a los lugares que hemos visitado. Si quieren hacer algún comentario esta plataforma lo permite y será bienvenido.
A medida que avanzamos, hemos descubierto y aprendido de nuevas culturas, hemos vivido experiencias que ni habíamos imaginado antes de emprender este viaje y hemos pasado por una cantidad innumerable de situaciones y emociones que nos han hecho reír, llorar, rabiar, apenarnos y deslumbrarnos cada vez que dejamos atrás un nuevo lugar. Por lo cual, queremos volver a mencionar lo que dijimos en el envío anterior, creemos que para muchas personas será interesante, y quizás motivador leer parte de estas experiencias. Hemos intentado ser lo más objetivo posible en nuestra crónica, sin embargo, a veces es muy difícil no emitir algún juicio o cuestionarse algunas cosas o estilos de vida, pero nuestra intención en ningún caso es parecer ofensivos o criticar, simplemente transmitir y narrar nuestras experiencias como realmente han sido, de lo contrario contar sólo la parte “linda” no tendría valor para nosotros. Además, conforman opiniones muy personales y condicionadas exclusivamente a lo que vivimos, por lo que generalizar a partir de esto, no corresponde.
JAPON
Después de nuestra larga estadía en Australia nos fuimos a Japón, una visita fugaz por lo carísimo de este país. Es un lugar muy hermoso y acogedor, muy avanzado tecnológicamente, posee más del 50% de los robots industriales del mundo, funciona todo muy bien, y a la vez, todo esto coexiste con lo antiguo y esa cultura milenaria.
Japón fue para ambos la primera visita a un país de Asia, y al comienzo, nuestro encuentro con la cultura fue algo extraño debido a tantas diferencias de costumbres. Por ejemplo, la comida. Aunque algunos platos eran muy ricos, a veces nos costaba decidir qué comer por el aspecto de éstos, tan diferentes y con ingredientes tan desconocidos, y tuvimos que ejercitar el arte de comer todo con palitos, hasta los tallarines en sopa, tan comunes en este lado del mundo, ya que la opción de cubiertos convencionales, en la mayoría de los restaurantes que visitamos, no existía.
También fueron toda una novedad los baños, pues hay de dos tipos, “estilo oriental”, el más común, y “estilo occidental”, principalmente en sectores turísticos. Este último, más parecido al que comúnmente conocemos, en Japón es automatizado, es decir, electrónico. Un sin fin de botones con variadas y peculiares funcionalidades. Para tirar la cadena, para el bidé incorporado, y uno muy particular para simular “sonido de agua” por si quieres que no se escuche “algo”. Por otro lado, esta el “baño oriental”, que es básicamente una taza situada a nivel de suelo, y por lo tanto, la persona no se sienta, sino que se coloca en cuclillas. Lo evitamos durante mucho tiempo, pero si vas a pasar más de 100 días en Asia, no queda otra que resignarse a utilizarlo y ejercitar los muslos.
Las gesticulaciones también varían y en más de alguna ocasión nos jugaron una mala pasada. Por ejemplo, para decir “NO” hacen un gesto moviendo la mano cerca de la nariz, como diciendo que hay algo que huele mal, esto era muy extraño y confuso. Una vez pedimos tenedor y cuchara en un restaurant, y el garzón queriendo decir que “NO” nos hacía aquel gesto, y nosotros le respondíamos que no había problema con el olor de la comida, que estaba rico. Al tiempo entenderíamos qué era lo que realmente trataban de decir.
Por otro lado, nos deslumbró la manera excesivamente respetuosa de tratar con el prójimo y con el extranjero. Los asistentes del los trenes, por citar un caso, cada vez que entraban o salían del vagón saludaban a los pasajeros inclinando levemente el torso, repitiendo esta acción sin importar que ya lo hayan hecho 20 veces o hace menos de un minuto. Si volvían a entrar al carro, pulcra, educada y cortésmente venía otra vez la reverencia, la misma que hacen las personas al dar las gracias. Así también, a pesar de las aglomeraciones que se viven en algunos lugares, como el metro o estaciones de trenes, las personas no se ven estresadas, ni apuradas, nunca nos empujaron, ni fue algo desesperante. El japonés realmente ama vivir en un ambiente tranquilo, ordenado y civilizado, a pesar de sus conocidos problemas de espacio, esta isla-país con sus casi 130.000.000 de habitantes parece estar poblado de punta a punta. Durante todos nuestros viajes en tren nunca pudimos apreciar donde terminaba una ciudad y empezaba la siguiente, ya que prácticamente no existen áreas sin construcción.
Algo que también es bastante curioso y difícil de entender, fue la forma de poner las direcciones a los edificios y casas, y por lo que percibimos, a ellos también les cuesta comprenderlas. No es la típica calle con nombre y con números correlativos; al parecer la numeración está dada como por cuadrados dentro de una manzana, nunca lo entendimos y más de alguna vez estuvimos buscando por horas un hotel.
En cualquier caso, cada vez que lo requeríamos tenían una disponibilidad increíble para ayudarnos, capaces de desviarse varias cuadras de su camino para indicarnos hacia donde teníamos que ir. Esto fue a la vez muy útil, considerando lo complicado que era llegar a nuestro destino sólo con la dirección en la mano. En más de una ocasión nos ocurrió que pedíamos indicaciones para llegar a alguna parte y finalmente nos iban a dejar al lugar. Una vez, consultando por una dirección, una persona nos dice que caminemos hasta el segundo semáforo y doblemos a la izquierda. Cuando íbamos a tomar la izquierda en el segundo semáforo, la persona reaparece, después de haberse devuelto varias cuadras para indicarnos que se había equivocado, que era el tercer semáforo y no el segundo. En otra ocasión, una señora nos dijo que si podíamos esperarla, que ella subía a dejar sus bolsas de supermercado a su departamento y que nos llevaba hacia donde quedaba el hotel un par de cuadras más allá. Esto en un principio despertaba nuestra desconfianza por nuestros prejuicios, pero finalmente nos dimos cuenta que lo hacían de buena voluntad.
En otro país quizás los trenes se pueden omitir, pero si se habla de Japón es imposible no mencionarlos. Cada 1 minuto llega uno y sale otro, y a pesar de esa frecuencia, si el tren estaba programado para las 17:13, no hay retraso, parte a la hora planificada. Por dentro son mucho mas amplios y los asientos más cómodos y grandes que la clase turista de un avión. Hay salas para fumadores y carros silenciosos por si se quiere ir aún más tranquilo. En estos carros ni siquiera avisan la estación por alto parlante para no hacer ruido.
Así como en casi todas partes, en las calles tampoco se percibe mucho ruido, y es que utilizan autos electrónicos, puedes estar viendo cientos de autos en una calle, pero nunca sentirás un ruido ensordecedor que te impida mantener una conversación, por ejemplo.
Estuvimos en Tokio, ciudad demasiado grande para recorrerla en tan pocos días, muy moderna. En Kyoto, con su sector antiguo lleno de templos budistas impresionantes y calles diminutas con puestos de té y con alguna tímida Geisha caminando por ahí. También en Hiroshima y no se puede describir con palabras lo que se siente estar ahí parado frente al único edificio que se conserva post bomba atómica como Patrimonio de la Humanidad, y el museo, increíble con todo lo que exhibe. Es una mezcla de tristeza e incredibilidad ante una ciudad muy tranquila, totalmente reconstruida, pero que aún mantiene en el aire toda la historia de la guerra. Y por último, la Isla Miyajima, cerca de Hiroshima, cuya mayor característica son su Tori y Templo Budista contruídos sobre el agua. Un “Tori” es una especie de portal con forma de “T”, pero con dos soportes verticales, representa la separación entre lo sagrado y lo mundano. Los vimos mucho a lo largo del país, especialmente en Templos.
Fue una experiencia corta de sólo 7 días, pero, como se ve, da mucho que hablar y tenemos unas ganas grandes de volver algún día y recorrer el país con más tiempo (y dinero).
CHINA
Después de Japón vino China y, por nuestra ignorancia respecto de las culturas orientales, esperábamos encontrarnos con algo similar a lo que habíamos vivido en el país anterior, pero estábamos muy equivocados.
En China, pareciera ser que una gran parte de la población no se preocupara de si lo que está haciendo molesta o no al resto, viven y hacen sus cosas sin siquiera darse por aludidos de cómo eso afecta al prójimo. Acá la ley es no pedir permiso y chocar al que está por delante, escupir delante tuyo cuando vas caminando, fumar en los buses y en lugares públicos cerrados, y comer en el banco de la estación de trenes y arrojar todo lo que no se come al suelo.
Les encanta el ruido, o por lo menos pareciera no molestarles, era muy común que en las estaciones de tren hubiera 3 ó 4 personas hablando por el altoparlante ¡¡¡AL MISMO TIEMPO!!!, pasando distintos avisos, cada uno tratando de gritar más fuerte que el otro para hacerse escuchar. Los guardias-asistentes de las estaciones de metro muchas veces contaban con megáfonos para dar instrucciones, pero dolía bastante cuando te gritaban con el megáfono en la oreja.
En todo lo que sea transporte corre la ley de la selva. Para subirte al tren tienes que pasar por pasillos muy angostos, repletos de personas, donde pareciera que toda la gente quiere adelantar al que está por delante. Y en las calles impera el bocinazo por sobre el intermitente, el paso de cebra o el semáforo que nadie respeta si quiere doblar.
Con las comidas sufrimos mucho, porque eran muy diferentes y tarde, mal y nunca acertábamos con un plato que pudiéramos disfrutar. Si bien de vez en cuando teníamos suerte y hallábamos platos deliciosos en los restaurantes, en general era difícil encontrar un lugar que hiciera abrir nuestro apetito, porque generalmente éstos estaban sucios y desordenados. Además, en China comen una serie de animales que a nosotros no se nos ocurriría cocinarlos ni bajo hambruna, por lo cual, cuando veíamos la foto de una tortuga al horno en el menú, y considerando que en Chile son nuestras mascotas, no quedaba otra opción que seguir buscando otro restaurant.
Ni nuestro caballito de batalla “San Mc Donald” se salvó, y eso que en más de una ocasión nos socorría, pero aquí, hasta el “Mc Pollo” era con cuero. Más de una vez nos retiramos de un restaurant sin saber qué habíamos comido, y más de alguna vez creímos prudente mantener la incógnita. En una ocasión llegamos a un restaurant y nos sorprendió una garzona hablando un inglés bastante bueno. Nos da la bienvenida, nos lleva a la mesa y nos atiende, todo muy fluidamente. Pedimos un plato que ella nos dijo que era con “carne de vacuno”, pero al comerlo, si bien el sabor era bastante bueno y similar al que conocimos, la textura era claramente diferente. Ante la duda, decidimos preguntarle a la misma garzona de qué animal provenía lo que estábamos comiendo y nos responde: “sorry, I don’t understand…” mágicamente se le olvidó el inglés. Las pastelerías, que parecían sacadas de otro lugar, limpias, ordenadas y silenciosas fueron nuestras proveedoras de desayuno y once durante todo este tiempo.
Este fue un mes muy difícil de llevar, ciudades atestadas de gente, donde se hacen sentir los más de 1.300 millones de personas, que parecen competir día a día por un pedazo de lugar. La contaminación hacía el aire casi irrespirable. Luego de un tiempo en China comprendimos que Eusebio Lillo tenía toda la razón cuando escribió “Puro Chile es tu cielo azulado”, ya que acá existía una bruma constante, la cual a veces ni siquiera nos permitía abrir los ojos con comodidad, y que nos acompañaría después también en India.
Algo destacable y a la vez triste de este país, es lo “trabajólicos” que son. Corroboramos que el dicho “Trabajar como chino” es muy cierto. Y es que como los salarios son tan bajos (por algo son la “fábrica del mundo”) trabajan mucho para poder mantener sus hogares. Veíamos a las 8 de la mañana y a las 10 de la noche a la misma persona atendiendo el local o al mismo garzón trabajando en un restaurant.
Visitamos Beijing, con la Gran Muralla China que, si bien no se ve desde la luna como mucha gente cree, estar en ella y verla en vivo y en directo es muy, pero muy fascinante y deslumbrante… probablemente mucho más que tratar de mirarla desde la luna. Es difícil dimensionar cómo lograron construir más de 6 mil kilómetros de extensión sobre las cumbres de las montañas, en una época donde no existían las tecnologías de hoy en día. Fue construida y reconstruida entre el siglo V A. C. y el siglo XVI D.C. y terminada bajo la dinastía Ming, bajo la cual también se levantaron la mayoría de los otras famosas construcciones del país.
También fuimos a “La Ciudad Prohibida” (la antigua casa del Emperador), del porte de unas 10 ó 15 canchas de fútbol y al “Palacio de Verano” (la antigua casa de veraneo del Emperador), con un lago en el medio de los jardines impresionantemente hermoso. Tuvimos la mala suerte de que era feriado nacional por 7 días cuando visitamos estos lugares, y parecía que los 1.300 millones de chinos se habían puesto de acuerdo para ir a esas mismas partes, el mismo día que nosotros, lo cual hacía casi imposible caminar en algunos sectores debido a la multitud.
Igualmente, estuvimos en el Parque Olímpico Beijing 2008, con el famoso estadio “Nido de Pájaro” con una arquitectura admirable capaz de dejar boquiabierto a cualquiera y en el “Cubo de Agua” para los deportes acuáticos que también brilla por si solo.
Luego, visitamos Xi’an, ciudad en la que se encuentra el “Ejército de Terracota”, con la gracia y precisión de cada soldado-estatua, cada uno de ellos de tamaño natural y diferente al del lado. Fue mandado a construir por el emperador Qin para proteger la antigua capital del imperio después de su muerte. Aún hay arqueólogos trabajando en el lugar, desenterrando piezas y uniéndolas como rompecabezas. Se esperan obtener alrededor de 6 mil estatuas.
La última ciudad a la que iríamos fue Nanchang. No estaba en los planes, pero por problemas con los tickets de trenes no hubo alternativa. La menos caótica y más bella de las tres. Fue la capital de la revolución comunista en China, claro que a estas alturas tiene hasta un supermercado de la cadena norteamericana “Wal-Mart”, en frente del monumento marxista que hay en la “Plaza del Pueblo”. Recordamos que en el hotel de esta ciudad vimos el rescate de los 3 primeros mineros en vivo y en directo a través de las noticias de un canal de televisión local. Luego, seguimos el rescate por Internet.
Nos hubiera encantado poder compartir más con las personas locales, pero lamentablemente, los chinos parecieran estar muy cerrados a otras culturas, nunca los vimos mostrar predisposición a compartir con turistas. Y a esto hay que sumarle la barrera idiomática.
A pesar de lo caótico y chocante que pudo ser este país en varios momentos, el viaje valió la pena por el solo hecho de visitar todos estos lugares, y vivir in situ una cultura e idiosincrasia tan distinta.
HONG KONG
Si bien es parte de China, por el hecho de haber sido colonia inglesa hasta 1997 es como estar en otro país. Fue como volver a las grandes ciudades de Australia. Es una ciudad que funciona mucho más occidentalmente que el resto de China, sin embargo, aún se ven vestigios de la cultura original, como el idioma, aunque el inglés es ampliamente hablado, y el regateo como norma al comprar en muchos de los negocios pequeños, en donde después de aprender técnicas de negociación, pagas fácilmente menos de la mitad del precio inicial.
Lo que generalmente uno ve de Hong Kong son las postales o películas que muestran una selva de cemento y edificios, sin embargo, la mayor parte de la ciudad esta cubierta por áreas verdes, parques y bosques que hacen que muchos turistas gasten parte de su tiempo en Hong Kong en hacer trekking. De todos modos, lo más llamativo de este lugar para nosotros fue esa vista increíble en su bahía con 4 de los 15 rascacielos más altos del mundo, que con el juego de luces que hacen en la noche los edificios, es capaz de mantenerte sentado horas en la “Avenida de las Estrellas”, uno de los paseos peatonales al lado del mar, sólo mirando ese espectáculo.
Esto es todo por ahora, ojalá les hayan gustado estos relatos. En el próximo envío les contaremos de India, Nepal y algún país del Sudeste Asiático.
Queremos enviarles un fuerte abrazo de año nuevo a todos quienes lean este artículo, y les deseamos que el año 2011 sea mucho mejor que este 2010, que tanto golpeó a nuestro querido y añorado país.
Giuliana Salvatori y Pedro Ventura
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