Perfiles de Exalumnos

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María Patricia Venegas Toro, Subdirectora de Planificación de JUNJI en Aysén

 

“Se debe tener mística y vocación para educar a los niños y niñas, porque son el presente y el futuro de un país”

 

 

María Patricia Venegas ingresó a la UdeC en 1972 a estudiar Pedagogía en Química y Ciencias Naturales, pero al año siguiente optó por Educación Parvularia.

Recuerda ese primer año en su carrera como muy motivante. “Comencé a querer la profesión. Siempre los niños y niñas fueron muy importantes en mi vida. Provengo de una familia nuclear grande, 8 hermanos/as con los que compartíamos juegos, travesuras e inventábamos como entretenernos.  Ya en el colegio empecé a inclinarme hacia la Educación, jugaba a ser profesora con mis compañeras de curso en el imaginario, tenía mi propia escuela en casa”, recuerda.

Patricia siempre pensó que la Educación era un derecho individual y social fundamental, y la educación inicial siempre fue prioritaria para ella, siendo una adelantada a su época.  Afirma que “cuando estudié Educación Parvularia no estaba tan marcado como ahora, no había tanto consenso ni conocimiento acerca de las investigaciones y avance de las Neurociencias, que ha aportado evidencia sustantiva acerca de la interacción continua y dinámica que se produce en el organismo y su ambiente inmediato y como incide en el desarrollo de las personas en el futuro.

Esta pasión y compromiso por  su profesión la llevó a seguir especializándose en distintos ámbitos. Obtuvo un Magister en Currículo y Evaluación y también es Ingeniera en Administración Pública. Ha hecho su carrera en la undécima región, donde fue Directora Regional (S) de JUNJI Aysén, y actualmente ocupa el cargo de Subdirectora de Planificación en JUNJI. Le gusta viajar y este año cumplió un desafío que tenía pendiente, fue a estudiar inglés y vivir por un mes a Manchester, Inglaterra.   

¿Cómo fue tu vida de estudiante, qué fue lo que más te marcó de tu paso por la UdeC?
Muy significativa, fue una época de efervescencia estudiantil, de protestas de los estudiantes, fueron meses intensos previos a la dictadura militar. En el Foro y mi Escuela de Educación (ya que en ese tiempo no se hablaba de Facultad) había muchas reuniones y llegaban los Líderes estudiantiles, quienes nos convocaban a asambleas y mucha actividad cultural, hasta que llegó el 11 de septiembre, fecha que ningún estudiante de esa época podrá olvidar. Cuando regresamos ya no era lo mismo, había mucho miedo y recuerdos de aquellos compañeros y compañeras que no regresaron.
Fue un triste regreso y se acallaron nuestras voces. Finalicé mis estudios en el año 1976 con un acto donde participó mi familia y amigos en el bello Teatro Concepción.

¿Cómo fue tu experiencia como dirigente estudiantil?
Toda una experiencia como recordaba, de gran efervescencia política, protestas, marchas, y con ese ímpetu de los jóvenes que nos sentimos capaces de lograr todo, pero no pudimos lograr que la dictadura no llegara a nuestro querido Chile y a nuestra Universidad de Concepción. Después del 11 de septiembre todo terminó.

¿Cómo fue el tránsito de estudiante a educadora?
Difícil. Era una gran responsabilidad, ya que tenía a mi cargo a esos niños y niñas cuyas madres dejaban bajo nuestro cuidado, para el inicio   de un proceso educativo que era a través del juego, principio fundante de la Educación Parvularia. Comencé a conocer a esos niños para los que éramos las “Tías”, el día no estaba exento de tensiones y contradicciones y teníamos que volcar en el aula esos procesos pedagógicos, incorporar nuestros conocimientos, buscar nuevas estrategias y poner al niño en el centro del quehacer pedagógico. No siempre lo lográbamos, pero aprendí a amar mi profesión  y a esos niños que me requerían todo el día con sus inocentes preguntas, con esas risas cristalinas que me energizaban y me hacían reír.
También fue difícil el trabajo con las familias, eso se aprende en el trato con ellos día a día. Mi primer trabajo fue en el jardín infantil de Impuestos Internos y Tesorería, en una casa hermosa que era como un castillo; luego la Junta nacional de Jardines infantiles llamó a concurso y entramos cien Educadoras de párvulos a los jardines infantiles, ya que solo existía una Directora y el personal eran Técnicos. Las Educadoras de Párvulos pusimos nuestro sello, fue en un jardín infantil de Hualpencillo. Era muy peligroso, pero las familias nos cuidaban, éramos las Tías de sus hijos e hijas.

¿Cómo llegaste a la Patagonia?

Es una larga historia. Postulé a dos cargos que ofrecían a través del diario El Sur para Punta Arenas y Coyhaique. Quería irme de Concepción, había finalizado un noviazgo y necesitaba irme lejos.
Mientras esperaba el resultado trabajé en un reemplazo en la Inmaculada Concepción y Sagrados Corazones y un día me llamó la Directora Regional de JUNJI de Aysén y me ofreció el cargo de Directora en una pequeña localidad de la región, Chile Chico. Nunca había escuchado hablar de esa localidad, pedí consejos a mis familias, amistades y a Sor Justina, Directora del Colegio Inmaculada Concepción. Recuerdo que salió un reportaje en el Mercurio de Chile Chico y algo conocí de mi nuevo hogar.
Llegué en pleno invierno de 1980 a un aeropuerto muy pequeño. Estaba nevando y el trayecto a la Ciudad fue muy largo. Todo el camino nevado, era una maravilla, pero el invierno implacable me asustó. Llegué a casa de una familia Coyhaiquina, quien me acogió por unos días con mucho cariño. Luego tomé un pequeño avión de 6 pasajeros y llegué a mi destino, Chile Chico, una población pequeña muy cerca del pueblo argentino, Los Antiguos. Pasé días hermosos en esa localidad, el Lago General Carrera era mi escape en esos días tristes como también en las alegrías. Conocí personas maravillosas, algunos ya no están en este mundo, pero están en mi corazón.

 

¿Cómo fue en términos laborales esa experiencia en Chile Chico?
Dirigí hasta enero de 1986 el jardín infantil Rayito de Sol de Chile Chico. Teníamos 120 párvulos en el establecimiento, donde éramos 3 Educadoras de Párvulos, 8 Técnicos Parvularias, 1 auxiliar de servicio y manipuladoras de alimentos. El jardín era nuevo y precioso, hicimos muchas cosas hermosas con los niños y niñas, y sus familias.
 El jardín era el centro del pueblo, todos participaban, y le dimos la importancia que tiene la Educación inicial a este poblado de la Patagonia.

¿Cómo ha sido trabajar y vivir en el extremo sur, por qué te quedaste en esa zona?
Una gran experiencia tanto laboral como personal, y me fui quedando en la región y así han pasado 38 años. No construí familia, pero si todos los niños y niñas que pasaron por los dos jardines infantiles que dirigí, Rayito de Sol en Chile Chico y Gabriela Mistral en Coyhaique, eran como mis hijos/as. Continúo en JUNJI y llegué a ser Directora Regional de esta maravillosa institución.

¿Cuáles eran tus desafíos cuando llegaste a la región y cómo han ido evolucionando?
Mejorar la Educación Parvularia en la Región. Las familias eran reacias a llevar a sus hijos e hijas a los jardines infantiles. En esa época (1980) había 3 jardines JUNJI en la región y hacíamos mucho trabajo educativo con las familias. Día a día les mostrábamos y ellas observaban los cambios que se producían con sus niños cuando asistían al jardín infantil, pero fue difícil erradicar algunas ideas y convencer a las familias que a través del juego sus hijos lograban aprendizajes. Generalmente al término de la jornada, retiraban a sus hijos del jardín infantil y les preguntaban ¿Qué hiciste en el jardín?, a lo que los niños respondían “jugamos”. Entonces insistía ¿Pero qué aprendiste? Es decir, para ellos el juego no era aprendizaje.
Al 2018 existen muchos cambios en la Educación Parvularia. Se propicia una mejor calidad de los procesos educativos en los jardines infantiles, las Educadoras de Párvulos deben cambiar y derribar los mitos y paradigmas que no permiten avanzar, aún se debe cambiar. Las Universidades y centros de formación profesional y Técnica deben mejorar, estamos con nuevas Bases Curriculares, las que orientan el quehacer de la Educación Parvularia, pero el cambio es personal. Se debe tener mística y vocación para educar a los niños y niñas, porque son el presente y el futuro de un país, y en nuestras manos está el apoyo que se les entrega a las familias en la educación de sus hijos e hijas. La familia es la primera educadora.

 

¿Cuáles son los aspectos claves a mejorar?
Se debe enfatizar la relevancia de la educación inicial para el desarrollo humano, social y cultural del país. Se debe construir e implementar cotidianamente en las comunidades educativas que consideren al niño y a la niña como sujetos de derecho y protagonistas centrales del trabajo educativo. Se habla de Educación inclusiva para la construcción de sociedades más justas y democráticas, considerando las competencias, las particularidades curriculares, la historia y las características de niños, niñas, familias, entorno, cultura.
Hablar de equidad en las oportunidades e igualdad de logros es asumir un compromiso de equidad en las oportunidades educativas e igualdad en la adquisición y logros de aprendizaje. Nos falta materializar criterios fundamentales como el gran desafío en educación de calidad para los próximos años, en un escenario de mayor empoderamiento de los ciudadanos y ciudadanas que exigen cada vez más del estado, en especial cuando sienten que sus derechos han sido vulnerados, porque están cada vez más conscientes del alcance y significado de todos ellos.

¿Qué le dirías a quienes hoy se están formando o comenzando su ejercicio profesional como educadores de párvulos?
Que respeten a los niños y niñas que son sujetos de derecho y protagonistas de sus aprendizajes, que no son sujetos pasivos. Que jueguen con ellos para lograr aprendizajes, que aprendan y enseñen respetando los derechos de los educandos, que los niños y niñas disfruten de sus derechos, que se rían mucho y que sean felices en los jardines infantiles.

¿Mantienes algún contacto con la UdeC o tus compañeros?
Con algunas compañeras que trabajan en Coyhaique y a través del Colegio de Educadores de párvulos A.G del que fui Presidenta, Secretaria, Tesorera y Relacionadora Pública.

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