Beneficios de la Movilidad Social

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Leonardo Salazar Vergara
Ingeniero Comercial, Universidad de Concepción.
Magíster en Economía de Recursos Naturales y del Medio Ambiente, Universidad de Concepción.
Magíster en Economía, University of Copenhague, Dinamarca
Dr. en Economía, University of Copenhague, Dinamarca.
Académico Facultad de ciencias Económicas y Administrativas.

 

 

El estudio “¿Un Ascensor Social Roto? Cómo Promover la Movilidad Social”, publicado recientemente por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), señala que la movilidad social, entendida como la posibilidad que personas de bajos ingresos se muevan hacia los grupos de más altos ingresos, tiene beneficios sociales y económicos para un país: aumenta el bienestar, crecimiento económico potencial, la satisfacción con la vida y la cohesión social.

Dicho estudio señala que, en nuestro país, Chile−que posee una de las distribuciones de ingresos más desiguales entre los países de la OCDE−presenta la probabilidad más alta que el hijo de un padre de bajos ingresos ascienda al grupo de personas de altos ingresos. Específicamente, más del 20% de los hijos (hombres) de un padre pobre llegarán a pertenecer al 25% más rico de la población. Lo anterior me genera ruido, más aún cuando esto posiciona a Chile por sobre Dinamarca−país OCDE con una de las mejores distribuciones de ingresos−y por sobre el promedio de los países OCDE.
Independiente si la información anterior considera o no la desigualdad de ingresos extrema de la sociedad chilena, del estudio se pueden rescatar y deducir varios puntos relevantes:

Primero, el estudio sólo consideró a hombres; me da la impresión que si se usan dato sólo de mujeres los resultados cambiarían abruptamente, ya que Chile posee una de las tasas de participación laboral femenina más bajas de los países OCDE. Aunque a través del tiempo dicha tasa ha mostrado una leve mejora, se deben generar políticas adecuadas que incentiven la participación laboral femenina, sobre todo de mujeres pertenecientes a los quintiles más bajos de ingresos: mejorar cobertura, acceso y horario de las salas cuna lo cual permitiría que, por ejemplo, aquellas mujeres jóvenes que no estudian ni trabajan (NINI), que en su mayoría argumenta que no estudia ni trabaja porque debe cuidar a sus hijos, puedan participar en el mercado laboral; incrementar subsidios a la contratación de mujeres jóvenes, entre otras.

Segundo, la movilidad social debería aumentar con el acceso gratuito a la educación superior. Esto es, si el estudio se replica en 10 años o más, la movilidad social debería ser mayor; el acceso de personas pobres a la educación superior supone una mejora permanente en la trayectoria de sus ingresos futuros. Lo anterior asume, por supuesto, que las personas no vuelven a la pobreza.

Tercero, se deberían promover medidas que incrementen la productividad laboral de las personas en la fuerza de trabajo y que pertenezcan a los quintiles más bajos de ingresos; por ejemplo, capacitaciones focalizadas en ocupaciones escazas, que corresponden a puestos de trabajo que son difíciles de llenar, incrementarían la probabilidad de encontrar trabajo, se recibirían ingresos más altos y se estimularía la movilidad social. Por cierto, la productividad laboral en Chile experimentó una caída de tipo permanente luego de la crisis Asiática de 1998. Desde dicho evento, la productividad ha crecido a tasas menores a las observadas previas a la crisis.
El buen diseño de políticas focalizadas, como las mencionadas anteriormente, requiere de algo que, lamentablemente, carecemos: bases de datos detalladas, continuas, abiertas e interconectadas entre los distintos organismos públicos. Confío en que a través del tiempo esto mejorará.

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