Exalumnos en el Mundo

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Pablo Solano y Alejandra Maldonado, exalumnos de Ciencias Físicas cursando postdoctorado en  Boston

 

“Nuestro sueño es volver a Chile y poder aportar a las futuras generaciones con lo que hemos aprendido acá”

 

Pablo Solano y Alejandra Maldonado se conocieron estudiando Ciencias Físicas y Astronómicas en la Universidad de Concepción. Luego Pablo cursó la Maestría en Ciencias Mención Física en la UdeC, trabajando en el Centro de Óptica y Fotónica (CEFOP) con temas relacionados a óptica, desde óptica fundamental hasta aplicaciones a bio-física, bajo la tutela del actual Rector, Carlos Saavedra. Alejandra optó por el doctorado en Física en la UdeC bajo la tutela de Luis Roa. Parte de sus estudios de doctorado los realizó en el Joint Quantum Institute (JQI) con temas relacionados a información cuántica.

Egresaron del pregrado de la UdeC el 2011, se casaron el 2012 y al año siguiente emigraron a Estados Unidos, donde se instalaron en Washigton DC.

Pablo realizó un doctorado en Física en la Universidad de Maryland trabajando en el Joint Quantum Institute (JQI),  un laboratorio conjunto entra la Universidad de Maryland y  el National Institute of Standards and Technology (NIST), desarrollando experimentos relacionados a física atómica y molecular, óptica cuántica y fotónica. Actualmente cursa un post-doctorado en el MIT trabajando en el MIT-Harvard Center for Ultracold Atoms (CUA), continuando su investigación en física atómica y molecular experimental.

Alejandra, tras terminar en el JQI el doctorado que inició en la UdeC, realizó un post-doctorado en el JQI, también en información cuántica. Actualmente está realizando otro post-doctorado en el MIT, pero en el área de educación. Trabaja en el diseño e implementación de cursos online de MIT y el uso de herramientas digitales para nuevos métodos de enseñanza.

Actualmente, Pablo y Alejandra residen en Boston junto a su hija de un año y un mes. “Lo más satisfactorio es poder estar creciendo juntos, los tres, y poder desarrollarnos en un lugar tan excitante como en el que estamos. Lo más difícil siempre es estar tan lejos del resto de la familia”, reconoce la pareja.

Retrocediendo a la época en que ingresaron a la Universidad de Concepción, recuerdan que sus motivaciones para elegir su carrera fueron relativamente parecidas. A ambos les gustaban las matemáticas, eran curiosos, y sabían que no querían enmarcarse en una carrera tradicional. “Buscábamos ver por qué caminos nuevos y diferentes nos podía llevar nuestra curiosidad. Dicho esto, ninguno de los dos sabíamos muy bien qué esperar de la carrera ni qué es lo que hace un físico.  Creo que muy pocos jóvenes de 18 años tienen exactamente claro qué es lo que quieren hacer con su futuro, y me parece que está bien no encasillarse tan temprano cuando uno todavía no ha visto lo suficiente sobre el mundo”, detalla Pablo.

Ambos tienen los mejores recuerdos de la UdeC. Destacan que tuvieron la fortuna de poder compartir con excelentes personas, de una gran calidad humana; compañeros de clase, profesores, y funcionarios. En la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas encontraron un lugar que se sentía como estar en casa, donde pudieron crecer de forma integral. En este contexto se conocieron siendo estudiantes de primer año.

Pablo destaca que “Recordamos a la Universidad con alegría y algo de nostalgia. Definitivamente era un entorno especial, que no se da en todos lados. Se extrañan los conciertos en el foro o el teatro, las cervezas y conversaciones en la plaza Perú, las aspiraciones de los movimientos estudiantiles, y ese sentido de pertenencia que enriquece la vida universitaria. Creo que lo único que no se extraña son las tomas y los paros, pero de todos modos prefiero estudiantes intentando hacer lo correcto, aunque sea equivocando el modo, a la apatía e indiferencia de los jóvenes. Ese es el espíritu que uno espera encontrar en una universidad, y que se encuentra en la UdeC”.

La experiencia de Pablo y Alejandra en los programas de postgrado de la UdeC fue clave para su desarrollo posterior. Pablo asegura que “no estaríamos donde estamos, habiendo recorrido lo que recorrimos, si no fuera por todo lo que nos entregaron en la Facultad durante nuestro postgrado, y en cierta medida durante toda la carrera. Se agradece que nuestros profesores siempre tuvieron las puertas abiertas para nosotros y en todo momento sentimos que se preocupaban por nuestro futuro. Del punto de vista profesional, creemos que la UdeC es una de las universidades líderes a nivel nacional, y muy bien situada a nivel latinoamericano,  en nuestras áreas de investigación. En mi caso particular, que trabajo en física experimental, creo que lo que logró construir CEFOP en términos de laboratorios de óptica y óptica cuántica es único en Chile, y permite a los estudiantes que quieran seguir esta área desarrollase a un nivel competitivo internacionalmente”.

Pablo atravesó por un proceso de postulación que incluyó una serie de exámenes de conocimientos generales, específicos,  e inglés, compitiendo con postulantes de todo el mundo, pero valora  que sus profesores estaban muy bien conectados y muy bien conceptuados en el extranjero ya que “tener contactos y buenas referencias siempre ayuda”.

Reconocen que “trasladarse no fue fácil, como todos los que han estudiado en el extranjero deben saber, siempre es un desafío partir de cero, donde nadie te conoce, no hablando muy bien el idioma, no estando acostumbrado a la cultura e intentando hacerse un espacio o competir con gente de todo el mundo. Facilitó muchos las cosas que nos vinimos juntos como pareja, y también tuvimos la fortuna de conocer gente magnifica que nos ayudó mucho durante estos años, a los cuales les tenemos mucho cariño. La tecnología por supuesto también ayuda. El poder estar siempre conectados con la familia en Chile hace que uno se puede sentir más cerca de casa”.

Respecto a su experiencia como padres, Pablo señala que “no es novedad para nadie que la paternidad no es fácil, y menos aún lejos de la familia que te puede acompañar y aconsejar. Creo que todo padre improvisa un poco en el camino, nadie está completamente preparado, sobre todo con el primer hijo o hija, y sin el consejo de los miembros de la familia que tiene experiencia, es aún más complicado. Pero los detalles se aprenden de a poco y, habiendo recuperado el sueño, es una etapa que se disfruta.  Creo que las cosas que valen la pena siempre requieren sacrificios, y el estudiar o el ser padre, no son la excepción”.

Estos jóvenes consideran que su vida es bastante privilegiada. “Vivimos en Cambridge a medio camino entre Harvard y MIT. Estamos a 20 minutos del trabajo.  En un día normal pasamos a dejar a nuestra hija, Emma, al jardín infantil de MIT, luego Alejandra se va a su oficina y yo a mi laboratorio, que quedan a una cuadra de distancia. A veces pasamos a recoger juntos a Emma del jardín al final del día, pero cuando el trabajo lo amerita tomamos turnos para decidir quién se queda hasta más tarde trabajando.  Hacemos lo que nos gusta, no nos falta nada, y nos sobra amor en la familia. Vivimos sin lujos, con un trabajo a veces demasiado intenso, pero con muchas alegrías. MIT es un lugar bastante competitivo, que demanda algunos sacrificios, pero eso te permite crecer mucho profesionalmente. Es un lugar donde están pasando las cosas que moldearán el futuro. Hay muchas ideas dando vueltas, y personas realmente impresionantes llevándolas a cabo. A uno no le queda mucho más que aprender todo lo que pueda e intentar contribuir con un pequeño granito de arena” relata Pablo.

Respecto al giro que dio en su segundo postdoctorado, Alejandra sostiene que “disfrutaba, y aún disfruto, haciendo investigación en información cuántica, pero siempre he tenido vocación de servicio. Creo que investigando en educación puedo crear un impacto mucho más significativo en la sociedad. Puede sonar extraño, pero no soy la única, hay mucha gente con background en física que deciden dedicarse a la educación, entre ellos al menos dos premios Nobel en Física, que me dieron la inspiración y el coraje para cambiarme de área. Me estoy especializando en educación online y educación híbrida, que creo será el futuro en universidades y colegios a no muy largo plazo. Eventualmente, me gustaría poder implementar en Chile algunas de las técnicas que estoy aprendiendo acá”.

En los próximos años, Pablo y Alejandra planean terminar su proceso de aprendizaje en Estados Unidos y volver a Chile. “No sabemos muy bien ni a dónde ni a qué exactamente. Pero nuestro sueño es poder aportar a las futuras generaciones del país con lo que hemos aprendido acá, y poder desarrollarnos como profesionales cerca de nuestras familias”, afirman.

Respecto de su relación actual con la UdeC, sus profesores o compañeros, Pablo y Alejandra señalan que mantienen un contacto poco frecuente, pero fundamental. “Obviamente es casi imposible compartir lo cotidiano, pero es importante para nosotros estar en contacto con profesores y amigos. Estamos siempre pendientes sobre qué es lo que están haciendo y nos alegramos cuando les va bien”, finaliza Pablo.

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