Perfiles de Exalumnos

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Viviana Delgado, Licenciada en Química y Gerente de Cheten

“Emprender para mí fue una opción de vida. Aposté mucho, y no me arrepiento, lo volvería a hacer una y mil veces”

 

Viviana Delgado estudió Licenciatura en Química en la Universidad de Concepción entre 1997 y 2002. Posteriormente, entre 2012 y 2014 se especializó en Biotecnología en la USACH.

De su pasión por la investigación aplicada nació su emprendimiento Cheten, que produce un bioimpregnante para maderas, efectivo contra hongos y termitas, extraído de desechos de la industria pesquera a través de la biotecnología y libre de metales pesados. Con esta innovación está cosechando éxitos que se traducen en importantes reconocimientos, el más reciente el Premio latinoamericano Wood Venture South summit Innovation 2018,  además de un fuerte crecimiento y propuestas de internacionalización.

¿Cómo recuerdas tu época de estudiante?
Buena, con profesores inspiradores como el doctor Millán, la doctora Amalia Pino, que me fueron abriendo la mentalidad con pensamiento crítico, creando una visión que estaba más allá de las aulas y la docencia; y con mucho respeto y admiración al doctor Jorge Yañez, de química Analítica, quién fue muy exigente en las pruebas de laboratorio, pero eso me llevó a tener una facilidad especial para el trabajo de laboratorio y habilidad para identificar compuestos.
De igual forma, la recuerdo como una etapa muy exigente y competitiva. Siempre sentí pasión para la Química, pero en mi interior siempre sentí que la docencia no era lo mío y el laboratorio sí, lo amaba. Lamentaba que la carrera estuviera orientada más a la docencia y seguir el postgrado, y faltaba la vinculación con la empresa.

¿Cómo iniciaste tu vida profesional?
Realicé docencia un par de años en la Universidad San Sebastián, porque fueron las puertas que se me abrieron tras el terremoto 27/F, donde lamentablemente nuestra facultad fue destruida en su totalidad. Siempre me mantuve muy activa en áreas de Investigación.
Fue en el 2012 que me ofrecieron la subgerencia de investigación y desarrollo en la filial nacional, en Santiago, de una importante empresa de productos agrícolas japonesa, donde adquirí sólidos conocimientos de trabajo de campo, de laboratorio en terreno y me introduje al mundo agrícola. Fue allí donde me di cuenta que existe un enorme y maravilloso mundo fuera de las aulas, esto debido a que siempre tuve el "bichito" más de laboratorio práctico que de pizarra y teoría, que admiro mucho, pero no es mi habilidad.

¿Qué es lo que más valoras de tu experiencia profesional antes de emprender?
Mi experiencia en esta importante empresa japonesa fue  maravillosa, me permitió adquirir conocimientos que no se aprenden en las aulas, aprendí a liderar grupos de investigación, trabajar en laboratorios de última generación y aprender lo más bello de realizar investigación: ver en el campo los resultados de tus ideas y pensamientos.

¿Cómo fueron tus inicios como emprendedora?
Fue una decisión madurada por unos años. Siempre supe que necesitaba el espacio y tiempo para desarrollar toda mi creatividad en el laboratorio. La empresa japonesa donde trabajaba me permitía tener flexibilidad horaria y mi tiempo restante lo comencé a enfocar en estudiar, investigar y leer muchas publicaciones, y comenzar a "darle vueltas" a problemáticas que evidencié en campo. Capitalicé lo máximo que puede y mi salida de la empresa fue conversada. En mayo de 2016, ya de regreso en Concepción,  comencé a montar mi propio laboratorio "piloto". Inicié mi propio camino, duro y difícil, de realizar investigación sin el amparo de una universidad, pero con la libertad de realizar mis propias líneas de investigación y asesorías.
Cuando llegué a Concepción, llegué con una idea clara y fija de lo que quería realizar y a dónde quería orientar mi investigación. En diciembre del 2016 me adjudiqué un Corfo nacional que me apoyó para continuar mi proyecto, ya que la inversión inicial fue propia y muy elevada, necesitaba un "empujoncito" para seguir avanzando.
Emprender para mí fue una opción de vida. Aposté mucho, y no me arrepiento, lo volvería a hacer una y mil veces. Es lo que me apasiona y me mueve día a día.  Gracias al tremendo apoyo de mi familia hemos podido desarrollar este sueño.

¿Cómo se complementa tu faceta de investigadora con el área más comercial? ¿Cómo te has formado y qué apoyos has recibido para lograr ese equilibrio?
Yo soy ciencia pura, investigación, laboratorio y trabajo de campo. Para mí lo comercial era un idioma muy extraño y desconocido, ya que en la Academia nunca me enseñaron nada relacionado con el ámbito comercial.

Al adjudicarme el Corfo tomé la decisión de trabajar con la incubadora de negocios de la Universidad de Concepción, institución a la cuál le tengo un cariño muy especial, como a cada uno de sus ejecutivos, en especial a la directora, Beatriz Millán, a Paula Valencia y a mi ejecutivo Oscar Sánchez. La calidad humana de cada uno de sus integrantes es tremenda, difícilmente la encuentras en lugares de trabajo. El profesionalismo y compromiso con los emprendedores es admirable, y es bajo este contexto que la incubadora te enseña y prepara en diversas áreas como la comercial, contable, de ventas.
En estos talleres fue que tuve la posibilidad de conocer a mi mentor, Eugenio Cantuarias, un mentor de calidad excepcional. Junto a él y su tremendo equipo de ejecutivos de AceleraLatam, me entrenaron y empaparon de todos los conocimientos comerciales necesarios para poder emprender de una manera acelerada.
Trabajar con Incuba UdeC, Eugenio Cantuarias y AceleraLatam ha permitido el crecimiento de mi empresa, para mí todos los resultados en premios y ventas son un tremendo trabajo colaborativo entre todos. A la vez es un tremendo honor trabajar con ellos y una responsabilidad, porque en cada instancia que participo me siento representante de ellos y reflejo de su trabajo.

¿Cómo nació Cheten y qué productos ha desarrollado?
Cheten, langosta en lengua Tehuelche, es una empresa SpinOff de la empresa creadora de ideas Bionano. Cheten nació como idea en el año 2015 y fue lo que me motivó a dar el salto a independizarme y emprender. Después de observar e identificar un grave problema que afectaba a nuestros suelos y junto a mi trabajo de investigación se desarrolló el prototipo de Cheten en el 2016. Formalmente nacimos en febrero del 2018 .
Cheten ya está en etapa de internacionalización, existen conversaciones formales con asociados para abrir canales de distribución internacional y nacional.
Como línea forestal, Cheten ya cuenta con 2 productos, uno para ser usado de forma directa por el consumidor final, en forma de spray o brocha, y un Cheten Plus de uso industrial en autoclaves de empresas impregnadoras de madera.

¿Cuáles son las características del bioimpregnante para maderas que desarrollaste?
Orgánico, natural, efectivo contra hongos de pudrición y termitas, y lo más importante libre de cromo y arsénico, amigable con los seres humanos y el planeta.

¿Cuáles han sido los fondos y reconocimientos más importantes que te has adjudicado con Cheten?
Me he adjudicados los  fondos Corfo nacional en 2016 con $25 millones e Inversión fundadores por $50 millones. Los premios que he recibido son el primer lugar en Academia Ada (Chile) en marzo 2018, el reconocimiento a Mujer Innovadora Medellín Colombia, también en marzo de este año y hace pocos días  el Premio Latinoamericano Wood Venture South Summit Innovation 2018, premio que nos permitirá viajar a Europa y participar de actividades de difusión y comerciales de nuestra empresa, con una agenda de negocios orientada a inversionistas.

¿Cómo proyectas el futuro de este emprendimiento?
Sonara cursi, pero cuando miro atrás y recuerdo los días en los cuales tuve que tomar la decisión de seguir detrás de un escritorio y liderando un equipo de investigación o emprender y realizar mis sueños "innovadores y ecológicos", y veo hoy todo lo que he realizado, recuerdo con emoción las sabias palabras de mi papá cuando me dijo "hija, eres joven y ya obtuviste en cargo de gerencia en una importante empresa, pero qué sacas si tus ojos no brillan al contar de tu trabajo. No quiero que tengas 60 años y pienses "quizás yo pude hacer esto"”.
Eso fue clave para mí. Ahora que veo mi laboratorio, planta piloto y el crecimiento que ha tenido Cheten, siento un tremendo orgullo. Me brillan los  ojos, porque ha sido el esfuerzo de muchas personas y del tremendo equipo de trabajo y aliados que tengo. El éxito de Cheten siempre digo que es compartido por todos los que me han apoyado y han creído en mí y mi empresa.

El futuro de Cheten es muy auspicioso, tenemos un nivel de ventas grande, cercanas al medio millón de dólares. Contamos con conversaciones y propuestas de internacionalización a Latam y estamos en una etapa de fuerte crecimiento interno para poder cumplir las demandas.
En esta etapa las alianzas han sido clave, como AceleraLatam, el estudio jurídico Andes IP, y reforzar el equipo con profesionales claves como Carolina Barriga, bióloga, y Javier Barros, Biotecnólogo y candidato a doctor.

¿Qué consejo les darías a otros investigadores que tienen la inquietud de generar su propio emprendimiento?
Atrévanse. Necesitan perseverancia, constancia, sacrificio, esfuerzo, pasión y olvidar que las aulas lo son todo. Amplíen sus conocimientos a áreas que no conocen y son fundamentales para emprender, como ventas, comercial, etc. Formen alianzas estratégicas, y lo principal, acepten todas las críticas y fracasos como parte del aprendizaje y de este camino del emprender, y vean siempre lo positivo de estos hechos, y perseverar, perseverar y  perseverar.

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