Compliance, Bingos e Inversiones en las Bolsas del Mundo

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Hugo Corvalán Basterrechea
Médico UdeC, MSc in Medical Demography
Ex Director para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población

 

Como nos ocurre a todos, a menudo nos enfrentamos en los medios de prensa a conceptos técnicos escritos  en inglés, probablemente con la intención de contribuir a aclarar dudas conceptuales. En general, quienes acuden a esta extendida práctica, no logran darse cuenta que con ello no logran contribuir positivamente, sino más bien evidencian sus limitadas habilidades de expresarse y dejan al descubierto su propio mal gusto e ignorancia. Lo vemos en casi todas las esquinas a lo largo de Chile cuando  buscamos un lugar acogedor y ahorrar en un buen “happy hour”.  El miércoles 25 de julio pasado llamó mi atención un artículo de seis páginas completas sobre COMPLIANCE, publicado a todas luces como una inserción pagada  en un diario que parece gozar de cierto prestigio, en algunos círculos sociales.

Desde luego el artículo llamó mi atención por usar una expresión del idioma inglés para tratar conceptos de gestión que ya pasaron de moda hace ya más de 20 años en otras latitudes.  Complience es un término que fue usado  hace muchos años en gestión empresarial y que en su momento tuvo también diversas interpretaciones, de acuerdo a los usos que se pretendía darle al concepto.

Las profesiones, sobre todo las de carácter liberal, aún usan esta idea de “cumplimiento” con el deber profesional a diario con el fin de trasmitir el valor moral y ético de aquellos que ejercen dicha profesión. Por ejemplo, los médicos se enorgullecen de su ejercicio profesional,  porque en ello  estuvo siempre implícito el cumplir a cabalidad con proteger el bienestar y salvar las vidas de los pacientes. Y digo, estuvo implícito, porque todo cambia en nuestro mundo y la entrega vocacional irrestricta del médico a su paciente ya no es tan clara como en el pasado y muchas veces con gran dificultad sobrevive o se resiste al lucro, sobre todo en la medicina corporativa tan de moda hoy en día.

Este ejemplo también aplica en muchas otras profesiones, como por ejemplo,  la ingeniería y la docencia que, en general, no han requerido de nuevos conceptos o ideas para el cumplimiento total de los principios que guían su quehacer profesional y de responsabilidad social de sus profesiones y lo que la ley señala como sus obligaciones.

La traducción al español de la palabra compliance “no es otra cosa que el acto de obedecer una orden, ley o petición de hacer algo”. Por ello el término es fácil de entender conceptualmente aplicado a diversas profesiones que tienen un recorrido histórico significativo en el cumplimiento legal, ético y moral que les corresponde.

Lo sorprendente, desde mi punto de vista, fue ver el 25 de julio pasado el despliegue en seis gigantescas páginas, dirigidas a la Empresa Privada, para que se haga responsable de un concepto que es parte histórica e inherente al crecimiento de prácticamente todas las profesiones que se han desarrollado en nuestro país.  El masivo artículo de seis páginas del diario usa títulos y subtítulos como:

•    El Compliance como actividad empresarial
•    Compliance un tema de moda y nueva realidad
•    Integridad corporativa
•    Focalizando el Compliance: gestión global de la integridad
•    Expertos proponen revisar las sanciones por corrupción e involucrar a la comunidad
•    El Compliance debe impulsar la instalación de una cultura ética en las organizaciones
•    Libre competencia y Compliance
•    Compliance agrega valor a las empresas y les genera más oportunidades de negocio
•    El Compliance implica ir más allá de cumplir con lo que la ley dice

Dada la sorpresa que me provocó el artículo de prensa que comento, ofrecido como “Servicios Legales a Empresas y Compliance”, he vuelto a revisar el concepto y su uso en Chile desde hace algunos pocos años y que el artículo trata de presentar, con grandilocuencia mal disimulada, como la última novedad tecnológica del conocimiento en gestión. En mi modesta opinión, se trata más bien de la respuesta oficial de las empresas y el Estado a las exigencias de otros países y organismos internacionales de comercio para que Chile aparezca respondiendo con responsabilidad a las innumerables críticas y profundización de una cultura de corrupción que definitivamente está dañando al empresariado y estructuras nacionales. Es decir, esta re-conceptualización  que obliga a hacer lo que por ley ya están mandatados a hacer, no es más que una respuesta diplomática-política a la corrupción que parece entronizarse en el país. O como decimos  en Chile, “una simple manito de gato”, para reparar algo que no tiene solución sin verdaderos y profundos cambios en la estructura y forma de pensar de la mayoría del empresariado nacional.

Sorprende el artículo, porque es un reconocimiento público a los actos de corrupción empresarial que contribuyen a destruir los cimientos del país. El artículo demuestra que habrá expertos, cursos, cátedras y probablemente hasta universidades que se dediquen desde ahora a enseñar y tratar de extender añejos conceptos anti-corrupción, ganando mucho dinero en este proceso académico, tal como ha ocurrido en diversos ámbitos de la formación profesional.

Sorprende y resulta interesante que esta columna y sus conceptos coincidan con la redefinición que hace de su rol el Ministro de Educación, para rechazar su responsabilidad y obligación ineludible de contribuir a resolver las condiciones más elementales para que nuestros niños puedan estudiar, sin necesidad de recurrir a un bingo, que no se diferencia en nada a una limosna miserable. Los niños de Chile, todos, sin excepción de color o condición social, tienen los mismos derechos. Tal vez sería útil sugerir al Señor Ministro de Educación que sea él el primer inscrito en los cursos de Compliance. Algo podría aprender.

También sorprende el artículo de prensa sobre compliance al coincidir con las afirmaciones casi circenses del Ministro de Economía para que invirtamos nuestros dineros fuera de Chile. Es de esperar que el señor Ministro comparta  con la ciudadanía el listado de lugares donde invertir nuestros dineros, ya que el común de los mortales no tenemos experiencia en estas alambicadas artes.  

Todos queremos  invertir bien los dineros que nos han devuelto por la colusión del papel tisú, de nuestras pensiones y lo que hemos ahorrado por no participar en el bingo propuesto por el otro Ministro.

Ojala que ambos Ministros sean aceptados como alumnos en el primer curso de Compliance, con una beca del CAE gratuita a condición de que se les obligue a compartir con los ciudadanos sus notas de clases.

Sería un gran paso adelante para que todos sintamos que estamos contribuyendo a detener la corrupción.

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