La felicidad como imperativo ético de desarrollo

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Diego Orrego Brito

Ingeniero Civil Industrial

Director de Felicidad de Clínica Dental Cumbre Sur

Co-fundador y socio consultor de FBL Consulting

 

 

En estos momentos en que el país acaba de cerrar un proceso de elecciones presidenciales cabe preguntarse, cómo nos gustaría escribir nuestro futuro. Las políticas públicas son las encargadas de satisfacer las necesidades de una sociedad, son las que guían las decisiones y acciones de nuestro gobierno, éstas nacen de ideas que deben ser medidas y gestionadas de forma eficaz. En 1968 en la Universidad de Kansas, el candidato a la presidencia de los Estados Unidos Robert F. Kennedy entregaba un discurso que manifestaba la necesidad de mirar más allá del crecimiento económico, de mirar más allá del Producto Interno Bruto (PIB). Kennedy plasmó en este discurso que el PIB era un fiel indicador de la acumulación de cosas materiales, pero que no entregaba información sobre la satisfacción de la vida, el propósito y la dignidad de las personas.

El PIB sin duda ha sido una herramienta efectiva para medir el nivel de desarrollo en varios países del mundo, pero cuando hablamos de desarrollo no nos podemos referir sólo a la acumulación de riquezas. Claramente el progreso de la economía es una de las respuestas al desarrollo, pero existen otro tipo de variables que permiten un análisis más holístico de la integridad y el desarrollo humano. Para hablar de un desarrollo sustentable, es imperativo la inclusión de nuevas variables que sean reflejadas en las decisiones y acciones de nuestro gobierno. Acá rescato el ejemplo del gobierno de Bután, que bajo su Ministerio de Felicidad y la herramienta de Felicidad Nacional Bruta (FNB) logran fortalecer las políticas públicas de la nación. El FNB logra medir los estándares de vida (Ingresos, seguridad financiera y capacidad adquisitiva), el bienestar psicológico (Espiritualidad y satisfacción con la vida), el uso del tiempo (Equilibrio trabajo, ocio y dormir), la vitalidad de la comunidad (Integración entre comunidades, familias y amigos), la diversidad cultural (Diversidad cultural y continuidad de tradiciones como festivales y demás), la resiliencia ecológica (Evaluación de las condiciones medioambientales y los comportamientos eco-amigables), la salud (Condiciones físicas y mentales de la población), la educación (Educación formal e informal, conocimiento, valores y habilidades), y un buen gobierno (Percepción de la gestión gubernamental y prestación de servicios). A través de este tipo de iniciativas, el gobierno de Bután nos deja un mensaje claro de que es posible generar políticas públicas en base al desarrollo de la felicidad.

En Chile muchas de las discusiones han girado en torno al fortalecimiento de la educación, la salud, los valores y el crecimiento económico. De estas materias tenemos una herramienta potente para poder gestionar el crecimiento económico ¿Pero qué sucede con nuestra compasión? ¿Con la satisfacción con nuestra vida? ¿Con nuestra sabiduría? ¿Con la calidad en la educación, tanto valórica como de conocimientos formales? ¿Con la salud mental de nuestras sociedades?… En resumen la conformidad y el orgullo de estar viviendo en nuestro país.

Desde la humildad, hago una invitación a evolucionar y cambiar como sociedad, para así lograr un desarrollo que ponga en el centro al ser humano, que ponga en el centro sus dolores y alegrías, que ponga en el centro a la felicidad como un imperativo ético de desarrollo.


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