Reflexiones antes de elecciones

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Carlos Contreras
Abogado
carloscontreras.quintana@gmail.com

 

 

Hace casi 30 años de la elección que puso término a la dictadura y que se ha visto ridiculizada, ninguneada por aquellos que dicen que la alegría no llegó, despreciando el sentido más urgente e íntimo de esa gesta que sólo buscaba derrotar al dictador y tener un espacio de libertad para crear y avanzar y no para destruir o descalificar; hace casi treinta años y aunque algunos no lo crean, especialmente aquellos que piensan que la libertad es como el aire y no se tiene que ganar, que aún me siento satisfecho y orgulloso por haber contribuido a generar las condiciones para que mis hijos y nieta, con libertad, puedan optar por el camino que mejor les parezca, porque lo que ganamos no era un cheque en blanco de beneficios o bonos sociales, ni tampoco la posibilidad de imponer a otros lo que nos quitaron, pues al final del día la libertad de ellos es tan importante como la nuestra y se construye con convicciones y trabajo, no con violencia, armas o descalificación… lo que ganamos fue la posibilidad de salir sin miedo a la calle o la de emitir opinión sin el reproche del aparato estatal a continuación.

Y ahora, casi treinta años después, enfrento por primera vez una elección en que no me asiste convicción ideológica alguna respecto de los candidatos, pues lamentablemente la mayoría de mis compañeros de ruta han cambiado al pueblo por los grupos cerrados, la honestidad por las circunstancias, la franqueza por la conveniencia, la humildad por la prepotencia y la convicción por el pragmatismo. Por otra parte, cuesta votar por quienes mucho hablan y poco hacen, que desprecian la República en todo momento salvo cuando reciben el cheque con fondos estatales con el monto de su sueldo o dieta, por aquellos que ayer se abrazaron con la derecha en campaña y hoy pretenden volver al pueblo o aquellos que, viceversa, ayer renegaron de la derecha para volver a su regazo hoy ante una inminente victoria, por aquellos que critican al sistema, pero mantienen sus inversiones en las empresas de los que se beneficiaron con el régimen militar, en fin… cuesta votar cuando estás asistido por la convicción que lo que dicen los candidatos, en general, no corresponde a lo que son.

Por ello declaro solemnemente que por primera vez no votaré por aquel que esté más cerca de mi posición política si no la representa efectivamente, del mismo modo y sabedor que las promesas de 28 años no se cumplirán por los candidatos de hoy, sólo aspiro a votar por alguien que me represente como ciudadano, que vaya a trabajar con regularidad al Congreso, que vuelva todas las semanas a la región, que presente los proyectos de importancia para aquellos que no gozan de la protección del sistema y que me han demostrado que están aquí y no en cualquier otro lugar por muy necesario que sea en aquellos. Ya estoy muy viejo para creer en hechos que no van a acontecer y muy joven para renunciar a mi derecho a voto y a mis propias luchas por un mejor bienestar. Para variar un poco votaré por aquél o aquélla que sea más sincero, más real; aquel que no es simpático siempre; que se equivoca más veces de las recomendables o que tropieza cada cierto tiempo; sin glamour ni asesores de imagen… para variar un poco votaré por aquél o aquélla que parece más humano y menos ideal.

 

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