Joane Florvil o un mes para morir lentamente, algunas lecciones

corvalán.preview_0_0_0_0_1_0.JPG

Hugo Corvalán Basterrechea
Médico UdeC, MSc in Medical Demography
Ex Director para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población

 

Carlos Contreras en su columna publicada en estas páginas el mes pasado, nos hace un relato breve y desgarrador del caso de una joven haitiana que ocurre a vista y paciencia de una sociedad que no fue capaz de reaccionar a esa  incomprensible violación de los derechos de una mujer desesperada, con un desenlace terrible, que termina quitándose la vida golpeando su cabeza contra los muros de su celda. El que no conozca el caso de Joan debería leer la columna de Contreras que relata los hechos con realismo y profundidad conmovedora.

Todo el caso de Joan resulta inmoral, una situación que no habría ocurrido en una sociedad medianamente desarrollada. Pero, ocurrió en Chile frente a la pasividad e indiferencia de todos.

Es cobardía quedarse callados.

No he sabido de una explicación razonable de las autoridades comprometidas en el drama de Joan. El país entero parece haberse transformado en un medio degradante donde nadie se sorprende de nada, no creemos en nada ni en nadie y los valores parecieran haber desaparecido. Ocurre algo similar a lo acontecido durante la dictadura militar y los crímenes cometidos a su amparo. Todos creían solo en la verdad oficial o respondían que los reprimidos, desaparecidos o torturados algo malo habrían hecho para merecer su castigo. Ayer como hoy, se ha perdido la capacidad de actuar o reaccionar frente a hechos que una sociedad libre y evolucionada no aceptaría.
Casi paralelamente a la situación de Joan Florvil, la prensa informó como  un taxista chileno abandonaba  en la calle a una joven migrante a punto de dar a luz, demostrando, una vez más, la indiferencia social que nos invade. Nunca más se supo de dicho taxista o si las autoridades intentaron ubicar a ese delincuente. El Estado chileno demuestra, dentro y fuera del país,  un estancamiento vergonzoso.

Carlos Contreras y la Universidad de Concepción, a través de sus publicaciones, han tenido  la valentía de mostrarnos una situación que la prensa en general parece haber ignorado y olvidado. La publicación de la columna mencionada nos ha hecho reflexionar en otras dimensiones y aristas sobre lo que ocurre con nuestra indiferente sociedad a la cual  poco o nada parece importar. ¿Qué ocurre o ha ocurrido en el seno de nuestras más íntimas motivaciones  que nos impulsa al egoísmo, a la indiferencia o a actuar como rebaño frente a diversas situaciones?

Pensando en el conocido caso de la intervención de Rusia en el proceso eleccionario que llevó a la presidencia de Estados Unidos a Donald Trump, reflexiono si alguien, o alguna autoridad da seguimiento a las redes sociales en Chile y si estas están libres de la interferencia de actores,  probablemente nacionales, que quieran influenciar la dirección, comportamiento social y colectivo y las opiniones de quienes participan, inocentemente, en esta forma de comunicarse.

El caso de las elecciones presidenciales en EEUU ha demostrado como, con sutileza, y pequeñas cuñas de “hackers” muy profesionales lograron cambiar e influenciar la posición y percepción de millones de personas respecto a los candidatos en competencia en la pasada elección presidencial de ese país, con un resultado final que no era claramente predecible.

La evidencia disponible parece demostrar como la intervención de “hackers” a través de Google, Facebook y Twitter, logró “plantar” información en el electorado norteamericano hasta el punto de provocar modificaciones en los resultados electorales, que están teniendo serias repercusiones políticas y para la población de ese país.
En suma, se ha demostrado que incluso en un país desarrollado como EEUU,  con mecanismos de control que permiten detectar estas prácticas, su tejido social y su comportamiento  pudo ser manipulado con relativa facilidad.  Estos hechos, aparentemente  inverosímiles,  han demostrado ser de gran envergadura y han terminado con la formalización por la justicia de importantes colaboradores directos del presidente Trump.

Volvamos a Chile. Es posible que la indiferencia y aparente inmoralidad, “falta de reflexión, empatía y sentido humano” acompañando la “pérdida de valores profundos de la sociedad”, que hemos observado, como lo señala Contreras, en el caso de Joan Florvil y tal vez también en el caso de otras situaciones, que recién empezamos a percibir, puedan ser el resultado de acciones planificadas para influenciar nuestra capacidad de reacción y comprensión de nuestro entorno. Creo que valdría la pena, y me parece necesario investigar por qué hemos perdido nuestras capacidades de reacción social y nos comportamos cada vez más como rebaño.

En estos tiempos electorales y con candidatos con medios económicos y tecnológicos a su disposición es posible esperar cualquier cosa.

Es necesario sacudirnos y sentirnos conmovidos para que nunca más exista otra Joan Florvil o que seamos socialmente manipulados al extremo de llegar a niveles intolerables de egoísmo e indiferencia colectiva.

Pienso que la Universidad de Concepción está en una inmejorable posición para contribuir a construir un Estudio de Caso en torno a lo ocurrido a la joven Joan Florvil. Este instrumento analítico puede ser una herramienta académica  y de estudio para distintas profesiones como Leyes, Psicología,  Sociología, Antropología, Medicina o para todas aquellas carreras que centran sus objetivos en las personas y su quehacer  social. Esa sola acción podría ser un elemento movilizador para contribuir a terminar con la inercia social en la que estamos viviendo y una fuente de inspiración para una solidadridad más profunda y humana.

 

Anterior                                                                                             Siguiente

contacto

linked in

fondo de credito solidario

Sitio desarrollado y hospedado en Dirección de Tecnologías de Información - DTI - 2009 / Universidad de Concepción - Concepción - Chile