Exalumnos en el Mundo

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Julio Bravo Yubini, embajador de Chile en Polonia

 

“Ser promovido a embajador constituye un gran honor para un funcionario de carrera. Es el reconocimiento a más de 30 años dedicados a estos temas, que uno quiere y aprecia”

 

El actual embajador de Chile en Polonia, Julio Bravo Yubini, ingresó a estudiar Historia y Geografía en la Universidad de Concepción en el año 1980, tras cursar la educación básica y media en Traiguén, en la escuela N°1 y en el Liceo de Hombres.

Cuando estaba en cuarto medio, en 1978, obtuvo una beca en el programa de intercambio de estudiantes de la American Field Service, por lo que cursó su último año de enseñanza media en el Rockland District High School, de la ciudad de Rockland, Maine, Estados Unidos. “Esta fue la experiencia que me cambió la vida, aprendí a hablar inglés y me interesé por las relaciones internacionales”, asegura.

Describe su etapa universitaria como “años de mucha inquietud por aprender y entender el medio en el que vivíamos. Recuerdo con mucho cariño mis viajes desde la población Leonor Mascayano, en el sector Higueras de Talcahuano, donde viví en casa de mi tía Lina Yubini, ya que venía del campo, de Traiguén, provincia de Malleco”.

Reconoce que estudió pedagogía porque le faltó puntaje para entrar a Derecho, ya que en esos momentos, pensaba que mediante esa carrera podría desarrollarse en el área de las relaciones internacionales, sin embargo, fue el Decano de la Facultad de Humanidades y Artes, Ricardo Abos-Padilla, su profesor de Introducción a la Historia, quien al término del primer semestre cambió su visión. “Me hizo ver que estaba equivocado y que mis estudios de Historia y Geografía me abrían un mundo de muchas posibilidades por delante. El me habló en julio de 1980 de la Academia Diplomática, como el lugar donde podría desarrollar mis inquietudes en el área internacional”, recuerda.

Una vez titulado, en enero de 1984, postuló a la Academia junto a varios compañeros de la Universidad de Concepción. “Tuve la fortuna de aprobar las pruebas de selección, por lo que ingresé al Ministerio de Relaciones Exteriores en abril de 1984, con 23 años de edad, el más joven de la promoción, de 12 alumnos seleccionados. Guardo y atesoro en mi memoria solo gratos momentos de mi paso por la Universidad de Concepción, donde obtuve la formación y los conocimientos que me permitieron aprobar los difíciles exámenes de admisión. Tuve asimismo, la posibilidad de hacer clases en el preuniversitario de la Universidad, lo que fue una gran experiencia de aprendizaje y de vida”, señala.

Una vez concluidos los dos años de estudios de la Academia, trabajó en la Dirección de Planificación del Ministerio y luego se fue destinado por tres años a la embajada de Chile en Tailandia en 1988, donde se desempeñó como Cónsul en Bangkok y encargado de los temas culturales y económico-comerciales, área a la que siguió vinculado hasta el 2007. Tras su experiencia en el sudeste asiático, fue trasladado a Lima, “en tiempos muy complejos y difíciles (1991-92) por el terrorismo que asolaba a Perú”.

Tras desempeñarse dos años en Santiago, el primero como responsable de los temas bilaterales con Centroamérica y el segundo como encargado del escritorio de Bolivia, en enero de 1995 partió destinado a la Embajada de Chile en Argentina, donde tuvo a su cargo los temas de integración económica con ese país.  Sostiene que “fueron años muy intensos, en los que se avanzó en una agenda positiva en las relaciones bilaterales. En mi área de trabajo se firmaron los acuerdos de integración minera, gasífera, eléctrica. Se negoció y firmó la adhesión de Chile al MERCOSUR, tema del cual fui responsable”.

En el año 2000 regresó a Santiago y se hizo cargo de los asuntos de Japón, Corea y China. “Me tocó participar en los estudios para el tratado de libre comercio con Japón, viajé por primera vez a esos países, en distintos tipos de misiones”, detalla.
En abril de 2002 fue destinado a trabajar al Secretariado del Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico como Director de Programa, con sede en Singapur. Por cinco años estuvo a cargo de coordinar los grupos de trabajo de Pequeña y Mediana Empresa, de Propiedad Intelectual, de Inversiones y de Servicios. Tras la presidencia de Chile del APEC, a fines del 2004, asumió la responsabilidad de coordinar la Fuerza de Tarea Contra el Terrorismo. “Mi paso por estos temas, marcó una nueva inflexión en mi carrera, ya que a partir de esa fecha comencé a trabajar en el área de la seguridad internacional”, asegura.

 
Al regresar a Chile en el año 2007 pasó a desempeñarse en la Dirección de Seguridad Internacional y Humana, como encargado de los temas de terrorismo, desarme y no proliferación, y luego como Subdirector responsable de los temas vinculados a crimen transnacional organizado, drogas y anticorrupción.
En 2009 fue destinado a Estados Unidos como Jefe del Departamento Político de la embajada, años en los que tuvo como responsabilidad coordinar el proceso de acceso de Chile al programa de exención de visas de los Estados Unidos, lo que se logró en febrero de 2014.

Al regresar a Chile en marzo del 2014 lo designaron Director de Seguridad Internacional y Humana, asimismo fue el alto funcionario para el proceso de cumbres de seguridad nuclear del presidente Obama del 2016. Comenta que “entre los temas que nos tocó estaba la participación de Chile en operaciones de paz, principalmente en Haití y ahora en Colombia acompañando el proceso de dejación de armas; la presidencia de la Convención sobre Minas Antipersonal. Logramos adherir a la convención de Budapest sobre ciber crimen, entre otros temas”.

Sostiene que entre los temas que más lo han motivado a trabajar está el desarme de las armas de destrucción masiva. Recuerda que “de joven quedé impactado al leer sobre las terribles consecuencias de la detonación de la bomba atómica en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Nuestra política exterior en materia de desarme es clara y definida y por ello, la Presidenta Bachelet firmó el 20 de septiembre el tratado que prohíbe las armas nucleares. Se trata, sin duda de un importante mensaje ético y moral de condena a estas armas de efectos catastróficos para la supervivencia en este planeta”.

A su juicio, Corea del Norte ha aumentado la tensión en el mundo con su programa nuclear. “Ha desafiado el sistema internacional y las disposiciones que rigen este tema, como es el Tratado de No Proliferación Nuclear y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, que son vinculantes, es decir obligatorias para todos los países. El desarrollo nuclear de Corea Norte lo veo como un mecanismo de defensa del régimen de Kim Jong-un para mantenerse en el poder. En ningún caso va a poner en riesgo su estabilidad política lanzando un ataque nuclear, eso sería un suicidio para su régimen. Quiere alcanzar el estatus de potencia nuclear, como lo hicieron India y Paquistán en su momento, pare entrar en este selecto club de países, que tienen un estatus distinto en el concierto internacional, lo que le permitirá mantener su régimen político”, afirma.

A fines de enero de este año, fue promovido al grado de Embajador, “lo que constituye un gran honor para un funcionario de carrera. Es el reconocimiento a más de 30 años dedicados a estos temas, que uno quiere y aprecia”, señala.  

 

El pasado 13 de septiembre presentó las cartas credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Chile en Polonia, país que ha experimentado un extraordinario crecimiento, que tiene un alto nivel de cultura y educación. Indica que “esta destinación se ve muy interesante en tiempos que son complejos en Europa central, donde lamentablemente luego de la anexión de Crimea por parte de Rusia, está volviendo a experimentar una tensión militar muy fuerte. La OTAN aumenta su nivel de gasto militar y países, como Polonia y los Bálticos, se coordinan y realizan ejercicios militares en las fronteras con el fin de evitar que ocurra algo similar a lo de Ucrania en el 2014”.  

En el plano personal y familiar, asegura que “esta carrera tiene beneficios y costos para la familia. Tenemos con Isabel 4 hijos y 30 años de matrimonio. Hijos nacidos en Chile, Tailandia y Argentina. Lo peor es la lejanía del país, el sentimiento de soledad, en especial cuando comenzábamos la carrera, no disponer de una red de apoyo familiar o de amigos. A Bangkok llegamos con una bebé de 3 meses y nació nuestra segunda hija. Estuvimos solos los dos. Luego cuando los hijos crecen, se quedan en Chile y somos los padres los que dejamos la casa familiar. Esa parte, es fuerte”.

“El hecho de vivir fuera del país y la posibilidad de aprender un idioma extranjero, como si fuese su primera lengua, es una ventaja muy importante. Otro beneficio es que se aprende a ser tolerante, al tener la posibilidad de conocer e interactuar con otras culturas y razas, lo que es muy importante en la vida de una persona, ya que aprenden a respetar a los demás en su diversidad y a valorar a las personas como tales”, concluye.

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