Joane Florvil

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Carlos Contreras
Abogado
carloscontreras.quintana@gmail.com

 

 

Con fecha 30 de septiembre del año en curso falleció en la Posta Central Joane Florvil, joven haitiana de 28 años.

Joane fue detenida el miércoles 30 de agosto acusada de abandonar a su hija de 2 meses en la Oficina de Protección de Derechos de la comuna de Lo Prado, conforme lo determinan los antecedentes entregados a la opinión pública. Por su parte el marido de la mujer y padre de su hija, así como amigos, dan cuenta que lo que aconteció en dicha oportunidad fue que, en circunstancias que efectivamente buscaba apoyo para su situación, fue asaltada, un sujeto tomó su poco dinero y, lo más importante, sus documentos sin los cuales no es posible hacer nada en un país ajeno, razón que justifica claramente la necesidad de perseguir al asaltante, sin perjuicio del reproche de dejar a su hija en este intento.

Las explicaciones no sirvieron de mucho, fue privada de su libertad, su hija entregada por medio del Sename a la Casa Nacional del Niño y el padre tampoco podría recuperar el cuidado de su hija en atención a los problemas de documentos que presenta.

El desenlace de la historia es terrible, Joane en su desesperación, privada de libertad en país ajeno, sin su hija ni su marido, se da de cabezazos contra la pared en la soledad y oscuridad de su celda o lugar de reclusión y queda en estado grave, situación que culminó con su muerte. Todo esto transcurrido casi un mes desde los hechos que originaron su detención, un mes sin que nadie haya hecho algo efectivo por contrastar, acreditar o sostener su versión y lograr no sólo su libertad, sino que el ejercicio del derecho de su hija a estar con su madre. Un mes para morir lentamente en su transcurso.

Podemos asumir que se trató de una cadena de prejuicios, un sesgado proceder, la ausencia de indagación mínima en atención a los derechos humanos implicados en lo relativo a un debido proceso, algo o mucho de xenofobia, y todo esto fue coronado con una serie de informaciones de prensa que permitió el escarnio público de Joane.
También podemos asumir que se trató efectivamente de un abandono de lactante, pero ante los hechos que hoy se aportan, nadie escuchó al marido, nadie la escuchó a ella, ¿no era lógico pensar que su relato era a lo menos verosímil, todo esto de acuerdo a las circunstancias?

Pueden existir muchas explicaciones que justifiquen esta situación desde la perspectiva de las medidas adoptadas, pero a mi parecer si la mitad de lo que se ha dicho, desde la perspectiva de Joane es verdad el hecho no resiste análisis. El Estado está al servicio de la persona humana y ello no está supeditado a la nacionalidad ni condición social. Lo cierto es que esta situación podría llevar a Chile, nuevamente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Lo conversamos con algunos colegas en Concepción y lo único que puedo señalar es que este tipo de situaciones reflejan, una vez más, la pérdida de valores profundos en la sociedad, el reino de los prejuicios y la falta de reflexión, empatía y sentido humano en el funcionamiento de la sociedad y del Estado, pues cada vez que endurecemos nuestro corazón es la sociedad toda la que pierde. Ojalá esta lamentable muerte y sus circunstancias permitan impedir que en el futuro no exista otra Joane Florvil.
 

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