Perfiles de Exalumnos

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Maria Cristina Yañez, Jefa del Subdepartamento Gestión de Personas de FONASA
 

 

“Lo más importante que me entregó la  UdeC  es una formación integral, que me ha permitido posicionarme en cualquier instancia en la que me ha tocado trabajar con personas”
 

 

María Cristina Yañez recuerda que eligió estudiar Servicio Social por un sentimiento de ayuda al prójimo, por un entusiasmo asociado al servicio a los demás y una mirada de una profesión que solo había  visto a distancia, y que además en su época estaba  exacerbada por la situación política del momento y “sin considerar la carga entera, la gran responsabilidad que se impone en nosotros en esta profesión”.  

Reconoce que entendía la carrera como una especie de voluntariado y que tenía una visión humanista que en la Universidad profundizó, pero  que al mismo tiempo la UdeC le  entregó una formación que le ha permitido tener una mirada integral de la persona. Esa ha sido la clave que le ha permitido expandir los horizontes de su carrera. Asegura que, por los cargos que ha tenido y la gestión que ha desarrollado, “muchos creen que soy profesional de alguna ingenieria y se sorprenden al saber que estudie Servicio Social”.

Actualmente, María Cristina es Jefa del Subdepartamento de Gestión de Personas de FONASA y en los últimos años ha desarrollado una destacada carrera en el área de Gestión de Personas en diferentes servicios públicos relacionados a los ministerios de Salud y Energía.

¿Cómo recuerdas la vida universitaria?
Estudié en la UdeC entre los años 1979 y 1984. El ambiente universitario estaba marcado por movimientos sociales, era un poco revolucionario y yo pasaba mucho tiempo en la Parroquia Universitaria, participando  en acciones estudiantiles  para recuperar la democracia como reuniones y marchas. La UdeC inculcó en mí la pasión y la lucha por  derechos y beneficios iguales para todos.
También hice deporte, lo que recuerdo con más alegría  fue haber participado  en el equipo de buceo, en particular nuestras salidas a Ramuntcho.
Eso me gustaba de la Universidad de Concepción, que no era solo estudio sino que te daba la opción de participar en diversos ámbitos sociales, lo que marcaba en sus estudiantes  un sello especial.

¿Cómo fue evolucionando  tu visión de la carrera?
Tenía una mirada casi religiosa de la carrera al entrar, pero la malla curricular consideraba en ese tiempo muchos  ramos introductorios a los distintos ámbitos de acción de la carrera, y eso me llevó a una mirada más amplia de lo que es el servicio social. La UdeC me entregó una  formación integral que me ha permitido posicionarme en las distintas instancia en la que me he desempeñado, en todos los cuales he trabajado con personas. Se abrió mi mundo a lo laboral y organizacional, que no había visto antes.

¿Cómo iniciaste tu vida profesional?
Al egresar hice mi práctica profesional en una municipalidad y allí mismo se originó un reemplazo que asumí terminada  la práctica. Al mismo tiempo,  empecé a trabajar por algunas horas en un Hogar de Menores, trabajo que de verdad me apasionó y me atrapó. Entre los años 1984 y 1990 trabajé en distintos Hogares de Menores. Estuve en el Hogar de la Cruz Roja de Bulnes, luego en el Hogar “Nuestra Señora de la Paz” en El Carmen y luego asumí el cargo de Directora Social del Hogar de Cristo en Chillán.

¿Qué fue lo que más te marcó de esa etapa?
El trabajo en Hogares de Menores marcó mi vida fuertemente. El amor a los niños lo tengo arraigado en mi corazón. En esa época también fui madre. Tengo 5  hermosos hijos, adoptados y biológicos.

¿Qué pasó en 1990 que te hizo cambiar de rumbo?
Con el retorno a la democracia y siendo yo militante de un partido político, me ofrecieron irme a trabajar en el área de Bienestar de la Carbonífera Victoria de Lebu. Allí trabajábamos solo 9 mujeres entre más de mil hombres, en donde todos los jefes eran hombres. Asumí en ese entonces la jefatura del Servicio de Bienestar con una visión absolutamente humanista del cargo.
La primera gran revolución que me tocó implementar en el desempeño de ese cargo fue la compra del  regalo navideño para los hijos de funcionarios, sin distinción. Los hijos de los obreros, los empleados y los jefes recibieron el mismo obsequio. Esto fue aplaudido por muchos, y obviamente criticados por otros, pero desde entonces  procuré que los beneficios de la empresa fueran iguales para todos, sin importar su status laboral.
En ese tiempo trabajé también con los Sindicatos, asociándome además a uno de ellos. Pude  en ese tiempo implementar los conocimientos aprendidos en el área de las organizaciones sociales, lo que me obligó a enfrentar nuevos desafíos laborales, pero también muchas satisfacciones.  Ese trabajo me permitió, años más tarde,  salir electa como  concejal de la comuna de Lebu.  Fui la primera mujer elegida por votación popular para el cargo en Lebu y lo ejercí  entre los años 2000 y 2004.
Para ese entonces, yo ya estaba incursionando en una nueva área laboral. Había asumido en 1997 como Jefe de Bienestar del recién creado Servicio de Salud de Arauco. En el desempeño de ese cargo me tocó subrogar al Jefe de Recursos Humanos, lo que generó un nuevo ámbito de acción y un desafío en mi vida laboral.


¿Cómo fue que llegaste a trabajar a Santiago?

 En 2005 me fui a Concepción a la Seremi de Salud, como profesional asesor del área de gestión de personas y me tocó trabajar muchos temas asociados a regularizaciones de carrera funcionaria y otros asociados a la reforma de salud, que estaba recién implementándose, con la creación de la Autoridad Sanitaria.
Comenzaron a enviarme en comisiones de servicio al Ministerio de Salud en Santiago, por distintos temas. Se me valoró, yo creo, no solo el conocimiento teórico sino también la integralidad de mi desempeño profesional, aparte de traer  una mirada regional de los distintos temas que tendría que asumir.
En el año 2007 me vine a Santiago definitivamente, asumiendo  el cargo de Jefa de Personal del  Ministerio de Salud. Me vine sola al principio, porque era un desafío grande, y al año siguiente se trasladó toda mi familia. Como Jefe de Personal me tocaba asumir la subrogancia del cargo de Jefe de Recursos Humanos, cargo que ejercí en esa condición durante los primeros meses del año 2010. Luego el nuevo Ministro de Salud determinó que requería a un profesional de su confianza para asumir dicha función.


¿Cómo  te trasladaste al Ministerio de Energía?

El Ministerio de Energía en el año 2010 era un ministerio nuevo, recién creado, en donde necesitaban experiencia en regularización de carrera funcionaria, procesos de promoción y otros temas similares en los que yo ya había adquirido expertiz técnico, así es que no dude mucho en aceptar este nuevo desafío laboral.
En ese mismo tiempo fui asesora en el Servicio de Salud de Concepción, también en el ámbito de Recursos Humanos.

¿Cómo se gestó tu cargo actual en FONASA?
En 2014, con el nuevo cambio de gobierno, asumió como Directora de FONASA una ex Subsecretaria de Salud Pública con quien yo había trabajado anteriormente, así como con parte de su equipo de trabajo, así es que acepte gustosa el asumir un nuevo desafío en mi vida laboral.
Mentiría si dijera que no me costó tomar la decisión de alejarme del Ministerio de Energía. Había muchas razones por las quería también seguir allí, entre esas la remuneración del cargo que yo servía en ese entonces. Me atrajeron los nuevos desafíos, trabajar con un equipo de personas que conocía y las metas ambiciosas de la Directora, todas las cuales se orientan a mejorar el acceso a la salud para todos los chilenos. La pasión pudo más que la razón. Creo que la Universidad de Concepción también potencio en mí la pasión por el trabajo.  

¿En qué consiste tu trabajo en FONASA?
Estoy a cargo de la administración del personal, es decir los temas operativos como contratos y las remuneraciones,  pero al mismo tiempo estoy encargada del Desarrollo de las Personas en la Institución.
FONASA  potencia mucho el área de desarrollo de personas y calidad de vida con foco en la participación, siendo uno de los pocos servicios públicos que yo conozco que tiene entre sus objetivos estratégicos el fortalecimiento interno. Me toca liderar un excelente equipo de trabajo de más o menos 40 personas, entre las cuales obviamente se encuentran trabajadores sociales.

¿Qué ha sido lo más gratificante de esta nueva experiencia laboral?
Lo primero es que me hayan invitado a ser parte de este proyecto, siempre es  muy gratificante que te reconozcan para ocupar para cargos como este, que requieren de expertise técnico, pero también requieren de competencias y habilidades  para el trabajo con personas.
Me gustan muchísimas áreas de mi trabajo, las mesas de trabajo con representantes de asociaciones de funcionarios, las implementación y perfeccionamiento constante de políticas de gestión de personas, el mejoramiento de la calidad de vida laboral, la regularización de carrera funcionaria, promoción de carrera, ascensos, concursos de ingreso a la planta, entre otros.
Creamos en el año 2014 el área Calidad de Vida que está dirigida por una trabajadora social, pero que considera también psicólogos, médicos y otros profesionales. Este equipo aborda acciones de mejoramiento de condiciones laborales, sociales, en el ámbito de la salud, etc.
También valoro la posibilidad de dirigir un equipo grande, con distintas miradas, porque genera un gran aprendizaje. He trabajado fuertemente en el proyecto de ley de regularización de planta funcionaria y me ha correspondido participar en el congreso en sesiones de las comisiones  de salud de la cámara de diputados y el senado. Fue una muy grata experiencia y bien diferente a lo que había hecho antes.

¿Cómo visualizas tu futuro?
Me vine a Santiago por desarrollo profesional y mejores expectativas económicas. Chile sigue siendo un país centralizado y las mejores condicione siguen estando acá, en la capital.
He podido hacer una carrera profesional interesante en el servicio público pero a futuro me gustaría dedicarme a otras pasiones, volver al sur, vivir en el campo cerquita de la naturaleza.

¿Mantienes contacto con tus profesores o compañeros?
Hay  dos profesoras en particular con quienes mantuve contacto por mucho tiempo, Carmen Neira y Patricia Witham, ahora hace un par de años que no sé mucho de ellas, pero siempre están en mis recuerdos universitarios y en los inicios de mi vida laboral.
Con algunos de mis compañeros nos vemos a menudo o nos relacionamos por las redes sociales. Mi generación se reúne con frecuencia, pero no he podido participar tanto como quisiera. Este año tenemos programado un encuentro en un par de días más. Nos reuniremos el  11 de noviembre, Día del Asistente Social, en la Universidad de Concepción.
 

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