Exalumnos en el Mundo

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Miguel Oñate, Ingeniero Forestal radicado en Uruguay

 

“Me siento muy afortunado, pero con los pies bien puestos en la tierra”

 

Miguel Oñate siempre fue amante de la vida al aire libre y quiso desarrollarse profesionalmente en alguna actividad relacionada con el medioambiente. “Los bosques en particular siempre llamaron mucho mi atención y soñaba con trabajar en algo relacionado con los árboles. Todo eso desde muy chico. Luego tuve la oportunidad de conocer la carrera por el primo de un amigo y ahí, con 16 años aproximadamente, tomé mi decisión de estudiar ingeniería forestal”, comenta.

Llegó de Santiago a estudiar a Chillán,  donde no conocía a nadie,  así que sintió que el desafío era doble. “Pensiones, nuevos amigos, las dificultades de la carrera, aprender a organizar mi presupuesto. Los primeros meses fueron muy duros, pero con el apoyo de la familia a la distancia y de los nuevos amigos en la facultad, logré salir adelante y llevar mi carrera con bastante prolijidad. Solo tengo buenos recuerdos. Los malos momentos se transformaron en buenas enseñanzas y son los que me hicieron crecer como hombre. Mucho de lo que hoy soy se lo debo a mis tiempos de universitario en Chillán”, asegura.
Se tituló en 1995 y en esos años no era tan difícil conseguir trabajo. Señala que “tenía varios amigos que ya estaban trabajando y al parecer el sector estaba en movimiento. La decisión de emigrar no fue planeada, solo se dio la oportunidad y la quise aprovechar.  Nunca se me había pasado por la mente irme a trabajar fuera de Chile, menos recién egresado”.

¿Cómo surgió esa oportunidad?
Mi primer trabajo luego de titulado fue en Forestal Chile. Estaba haciendo un reemplazo de un ingeniero forestal que al parecer se había ido a estudiar afuera del país. Mi trabajo duraría unos meses, pero ya me habían dicho que existía la posibilidad de que me quedara. El gerente de esa empresa, junto con otros gerentes veteranos de otras empresas forestales y viejos forestales chilenos, estaban iniciando inversiones en campos en Uruguay, en el norte, con intenciones de forestar. Compraron varios campos que debían plantar. Para ello armaron una empresa uruguaya que administrara las plantaciones y se encargara de toda la gestión, y ahí entré yo. Me ofrecieron viajar a Uruguay y trabajar en esa empresa. Eso fue en septiembre del  95, tres semanas más tarde, estaba en un avión rumbo a Montevideo.

¿Te fuiste con la idea de radicarte en Uruguay o inicialmente lo viste como algo temporal?
 Siempre lo vi como algo temporal, al menos cuando salí de Chile. Creí que era una buena oportunidad para ganar experiencia y así volver a Chile más preparado para enfrentar mi vida laboral. Luego acá, las cosas cambiaron.

¿Con qué panorama te encontraste en Uruguay en términos profesionales y cómo ha evolucionado el negocio forestal?
Me encontré con un Uruguay que no tenía historia ni conocimientos forestales. En esos años la forestación no tenía más de 10 años y se estaba aprendiendo mucho. De hecho no existía la carrera de Ingeniería Forestal en la universidad. Se formaban agrónomos con mención forestal. En esos años varios forestales chilenos llegaron a Uruguay y son los que de alguna manera comenzamos a fortalecer al sector e incorporar conocimientos y tecnología.

¿Cómo te insertaste profesionalmente en Uruguay?
Mi carrera acá ha pasado por muchas etapas, altas y bajas, todas muy ricas en enseñanzas. Comencé trabajando para esa empresa que mencioné antes, administrando las inversiones de varios empresarios. Ese trabajo me duró un año y medio, y luego los directores decidieron cerrar la empresa, algunos inversores vendieron sus patrimonios y otros decidieron tener administración propia.

Yo me quedé sin trabajo en Uruguay, y aunque me dieron la posibilidad de regresar a Chile, no lo quise hacer. Ahí comenzaron los tiempos más difíciles. Como extranjero, las empresas locales no me abrieron las puertas y no pude emplearme en ninguna.

¿Cómo continuaste después de eso?
Es ahí cuando decidí armar una empresa de servicios. Las primeras plantaciones ya requerían poda y no había contratistas especializados en esa tarea. Armé mi empresa con estudiantes de tecnicatura y comencé a podar. Serrucho en mano, yo era uno más de la cuadrilla de podadores, era mi supervisor, era el jefe, en fin, lo era todo.

En un Uruguay que nacía a la forestación, yo estaba ahí peleándola. Fueron tiempos difíciles, pero de los que aprendí mucho. Luego, mientras trabajaba para una empresa en servicios de poda, un día se me acerca el gerente y me ofrece contratarme y encargarme del área de silvicultura de esa empresa. Pasar a ser empleado, con un sueldo seguro y otras ventajas me venía muy bien. Acepté. Ya estábamos a fines del año 98. Trabajé en esa empresa por 8 años, hasta que en el año 2006 me ofrecieron un muy buen trabajo en Weyerhaeuser, empresa que ya estaba en Uruguay desde hace muchos años pero que iniciaba un nuevo proyecto en la zona Este del país. Acepté el desafío.

¿Qué impacto tuvo ese cambio en tu carrera?
Ahí trabajé de jefe de área y fui aprendiendo muchas cosas nuevas. Aprendí a trabajar con americanos y su cultura de seguridad entre otras muchas otras cosas. Fue bueno, me dieron la gerencia de operaciones y luego la gerencia de WoodFlow, para abastecer la planta de tableros ubicada en Tacuarembó. Me siento muy agradecido a Weyerhaeuser por todo lo que me dio, por su confianza y por lo enseñado, pero el año 2011 se me presenta un nuevo desafío, gerenciar la administración de un proyecto de inversión que tenía aproximadamente 20.000 ha. Me cautivó el desafío y acá estoy, 5 años después, muy contento y con muchos nuevos desafíos por delante.

¿Cómo es tu trabajo actual?
Actualmente en mi empresa administramos 20.000 ha de campos de aptitud forestal y ganadera, todas en la zona centro-norte de Uruguay, Departamentos de Rivera y Tacuarembó. Las plantaciones forestales, que suman poco más de 15.500 ha, van desde los 19 años de edad hasta de un año, y son mayoritariamente de pino taeda. En todos nuestros predios hay ganado vacuno de terceros cuyo destino es la industria frigorífica.
Nuestras plantaciones forestales tienen como objetivo la producción de madera sólida de calidad, por lo que las manejamos con podas y raleos, priorizando el volumen y calidad del árbol individualmente. Para todas las tareas silvícolas se contrata a empresas de servicios especializadas, siendo las podas las que más mano de obra requieren. Todas nuestras plantaciones están certificadas FSC.

¿Cómo te adaptaste y cómo es hoy tu vida en Uruguay?

Adaptarme a Uruguay en principio fue un poco incómodo. Vivía en una ciudad que es frontera con Brasil y la mayoría de las personas, tanto uruguayas como brasileras, hablan portuñol, y yo no entendía nada. Especialmente en el campo, me costaba mucho comunicarme. El clima también era duro, con veranos de 40 grados y mucha humedad, no era fácil de llevar.

 

Lo bueno es que los uruguayos son muy cálidos, fui conociendo gente y siempre me trataron muy bien. Me hice buenos amigos y conocí a la que hoy es mi esposa, con la que me casé el año 2000, uruguaya y de Rivera. Ese año nos trasladamos a Tacuarembó, ciudad distante a 100 kms de la primera y de la frontera con Brasil. Vivíamos en una casa que nos daba la empresa, en medio del campo y de un bosque de pinos. Un lugar hermoso. El año 2001 nació mi primer hijo uruguayo, y 2 años más tarde, Dios nuevamente nos bendijo, esta vez con mellizos, un varón y una nena.

En la actualidad y desde el año 99 que vivimos en Tacuarembó, pequeña ciudad de poco más de 60 mil habitantes, muy tranquila y que nos gusta mucho. Tengo la suerte de poder disfrutar mucho tiempo con mis hijos y esposa, así como con amigos. Paso mucho tiempo al aire libre, que es lo que siempre me gustó. Me siento muy afortunado, pero con los pies bien puestos en la tierra.

Tras 20 años en Uruguay, Miguel reconoce que ha perdido contacto con su Alma Máter, pues cuando viene a Chile se queda en Santiago y nunca cuenta con suficiente tiempo para ir hasta Concepción o Chillán. Si ha logrado mantener los lazos con algunos de sus compañeros .“Incluso nos hemos reunido cuando voy a Chile de paseo o por trabajo. Hice muy buenas amistades, pocas pero buenas, que hasta hoy perduran y con los que sé, puedo contar siempre”, finaliza.
 

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