Miseria

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Por
Carlos Contreras
Abogado
carloscontreras.quintana@gmail.com

 

 

Después de mu-cho reflexionar acerca de la actual situación de nuestra sociedad, de nuestro país y de nuestro sistema de vida, me he percatado que la gran causa y motivo de los problemas que arrastramos en cuanto a sociedad y seres humanos tiene que ver con la miseria. Pero cuando me refiero a este término no me refiero a la pobreza material, a la falta de recursos, a lo insuficiente del sueldo mínimo, a la falta de medios para concretar reformas ni a la ausencia de bienes.

Los significados de la expresión “miseria” son los siguientes: desgracia, infortunio; estrechez, pobreza extrema; avaricia mezquindad; cosa de poco valor o insignificante. Específicamente me quedo, para efectos de esta columna, con la acepción de mezquindad que quiere decir “falta de sentimientos nobles”.

Nunca es bueno a partir de un caso concreto generalizar, pero a veces un caso concreto nos coloca en buena perspectiva para dar cuenta del real estado de una situación.
Hace poco más de una semana una joven perdió a su guagüita a los seis meses de gestación. A pesar de su corta edad ella se preocupó de tener controles privados, no obstante el costo asociado a dichas atenciones y superando una serie de dolores, carencias económicas y críticas, junto a su pololo, continuó con el embarazo y su experiencia de ser madre. Antes de concurrir a un nuevo control sufrió fuertes dolores en el bajo vientre y preocupada concurrió al hospital, directamente a urgencia para que la atendieran siendo derivada a su hogar con algunos medicamentos sin diagnóstico al respecto. En menos de dos horas la niña-mujer sintió que rompía fuente y se dirigió nuevamente al hospital, donde no había camas disponibles para su situación, siendo derivada a una institución privada. Horas más tarde se constata que su guagüita estaba muerta y el dolor quedó instalado para siempre en su vida y en la de quienes la quieren.

La situación antes descrita, sin discutir por ahora las situaciones médicas, diagnósticos, errores y aciertos, da cuenta de una situación de miseria, porque no existe una explicación razonable para que algún facultativo no se diera el tiempo necesario para constatar la gravedad de la situación y evitar despachar con un par de supositorios a la joven madre. Miseria porque nadie se compadeció de su dolor, miseria porque nadie se dio el trabajo de diagnosticar su verdadera situación, miseria porque nadie se acordó del discurso pro vida para entregar oportuna asistencia con el objeto de asegurar el nacimiento de una nueva vida… miseria porque no fue una falla económica, de logística o de medios, sino que solo una ausencia de preocupación netamente humana.

Así las cosas, mientras sigamos asistiendo a estos actos de miseria del ser humano, ningún sentido tendrá luchar por la vida, por los valores o por lo que cada uno estime que es necesario, pues carecemos de lo más básico para sostenerlo: calidad humana.

 

Columna publicada por La Prensa Austral


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