Atentados en Bélgica, ISIS y el Yihadismo en Europa

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Por Karen Isabel Manzano Iturra
Profesora de Historia y Geografía.
Diplomada en Estudios Políticos y Estratégicos y
Magíster en Ciencias Políticas, Seguridad y Defensa,
ANEPE-UDEC
 

 

 

En los últimos días, Europa se vio nuevamente afectada por atentados. Esta vez, fue el turno de Bélgica, uno de los países que estaba en alerta por las autoridades desde los atentados en Paris, ya que algunos de los atacantes provenían desde allí. En esta ocasión, no cruzaron las fronteras, sino que se decidieron por blancos dentro de la ciudad de Bruselas, principalmente puntos que concentraran gran cantidad de personas en horarios punta que “causaron más de una treintena de muertos en el aeropuerto internacional de Zaventem y en una estación de metro a escasos metros del Parlamento Europeo, donde trabajan funcionarios de los 28 países miembros” (BBC Mundo 23/03/2016). Pero ¿Qué ocurre en realidad con este país?

Uno de los primeros puntos a considerar es que Bélgica cuenta, al igual que otros países cercanos, con una población musulmana localizada en ciertos sectores, que  está siendo reclutada por el Estado Islámico. Utilizando las ventajas de la tecnología (internet) o la presencia de reclutadores, han captado la atención de jóvenes que se sienten poco integrados a las sociedades donde nacieron, a las cuales sus padres se trasladaron en búsqueda de oportunidades pero donde sus hijos no se adaptan, sintiéndose discriminados,  para integrarlos a una “yihad” o guerra santa contra los occidentales. Según los datos que se manejan de forma oficial, “las autoridades han detectado que al menos 350 jóvenes han sido reclutados por la organización, una cifra que, para un país de 11 millones de habitantes, proporcionalmente es mucho mayor que en cualquier otro país de Europa” (BBC Mundo 23/03/2016).  El hecho que marcó los días anteriores al atentado fue la captura de uno de los cerebros de los ataques de Paris ocurridos en noviembre pasado, Salah Abdeslam, precisamente en el barrio de Molenbeek, en Bruselas. Desde esa fecha, las fuerzas de seguridad vigilaban la situación para capturar a los responsables.

Los atentados ocurridos en el aeropuerto de Bruselas y la estación de Maalbeck, el 22 de marzo pasado, terminaron con la vida de treinta y cinco civiles, personas que en ese horario se movilizaban en su rutina diaria, siendo identificados tres atacantes que, utilizando bombas creadas con elementos vendidos libremente (como el agua oxigenada y acetona), lograron generar las explosiones. Sin duda, esto cumple con las características que, desde hace años atrás, estamos acostumbrados a ver en los medios de comunicación: personas que se mezclan entre la gente, gritan consignan en árabe para luego ejecutar los atentados. En este caso, llama mucho la atención que las autoridades belgas fuesen superadas por estos grupos, ya que estaban en un nivel de alerta alto (tres) desde noviembre. Sabían perfectamente de la situación por las informaciones entregadas por otras policías europeas, y que  uno de los mayores focos de actividad yihadista se encontraba en el barrio de Molenbeek, donde muchos jóvenes musulmanes dejaban el lugar para integrarse a las fuerzas que combaten en Siria desde el 2012. La situación de este sector, ubicado muy cerca del centro de Bruselas, ha concentrado la atención de los medios internacionales, ya que se encuentra habitado por una gran cantidad de musulmanes desde“ los años sesenta y setenta cuando llegaron los campesinos turcos y los marroquíes después de que sus Gobiernos firmaran acuerdos bilaterales con Bélgica para venir a trabajar a la industria instalada a lo largo del canal” (El País, 04/01/2016). En lo últimos años se  registran incursiones de verdaderos reclutadores de organizaciones terroristas que viajan especialmente allí, para convencer a los más jóvenes con discursos como la discriminación, la falta de oportunidades de empleo, la segregación o la muerte de musulmanes en Siria,
 para que ingresen a sus filas, consiguiendo que este barrio este siendo conocido como el corazón del yihadismo europeo.

Las acciones de Bélgica motivaron una serie de redadas y allanamientos que han logrado detener a varios sospechosos por su participación y planificación de estos atentados. No obstante, la gran duda que generan estas acciones se circunscribe a las fuerzas de seguridad de Europa que, a pesar de tener atentados desde el 2004 en su territorio (como la explosión de los trenes de Madrid) no han logrado desentrañar del todo a estas organizaciones, desde Al Qaeda al Estado Islámico, que siguen actuando en su interior, pero que también aprovechan muchas de las ventajas que entrega la Unión Europea, como el libre tránsito de personas, para movilizarse rápidamente dentro del continente para dificultar su captura. ¿Cómo enfrentaran la situación? Una gran interrogante para las autoridades, que sigue siendo una noticia en desarrollo.

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