¿Hablemos de Inflación?

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Por Nicole Carvallo
Ingeniero comercial UdeC
Columnista Colaboradora en Sección Economía, Diario Concepción.
 

Una mañana en un centro comercial fue idea para esta columna que espero sea lo más clara y lúdica posible, y también relativamente breve. En una vitrina unos zapatos, bastante caros, pero la marca “lo ameritaba”. Una amiga me acompañaba, quien dice: “Si costaran menos los compraría” … ¿Cuánto menos?... “la mitad mínimo, en realidad todo está tan caro… ¿Por qué los precios sólo suben y nunca bajan?”

¿Qué pasaría si de pronto todos los productos bajaran de precio, y así… todos los meses? “Sería el mundo ideal”, dijo.

Creo que en un contexto donde nuestros ingresos fueran constantes, y los precios “de todo” bajaran en forma “sostenida” el mundo sería feliz, porque podría comprar lo que quisiera, o por lo menos, más cosas que antes. Ideal ¿No?

Pues lamentablemente este mundo ideal no existe. Generalmente los precios suben… ¡gran novedad!

Quien calcula el aumento de los precios en Chile es el INE que, a través de una “canasta de bienes y servicios” (desde el pan hasta el precio del transporte), mide las variaciones en los precios de cada producto, mes a mes y así surge el IPC (Índice de Precios al consumidor). Cada producto tiene una importancia o ponderación distinta. Al sumar el IPC de cada mes tenemos la inflación del año. Permítame una definición técnica, la inflación es el alza sostenida y generalizada en el nivel de precios de una economía.

Sostenida, implica considerar un periodo de tiempo relevante, mínimo un año. Generalizada, que el aumento en los precios ocurra en la mayoría de los bienes. No podemos hablar de inflación si sólo un producto sube de precio, mientras el resto no ha sufrido variación. Cuando decimos “una economía” hablamos generalmente de un país (aunque también se puede mencionar un área o continente).

Quien vela para que este aumento no sea desmedido es el Banco Central (BC) que, entre otras funciones, tiene como meta una inflación de 3%, con un rango permisible de 2 a 4%. Si la inflación sale de este rango, el BC tiene un instrumento que permite regular los precios, que es la Tasa de Política Monetaria (TPM), que ajusta las tasas de interés para controlar la inflación. La tasa de interés aumenta cuando la inflación es muy alta, y viceversa.

Supongamos que usted quiere comprar un televisor a crédito. Si la tasa de interés sube, probablemente la compra no la realice pues se hizo “más cara”. Así, su demanda cae y la demanda de “todos” tiende a caer. Al haber menos demanda los comerciantes bajan sus precios y el mercado se ajusta: la inflación se controla.

Así, podemos decir que la tasa de interés es el precio del dinero.

Volvamos al mundo ideal. Si los precios de la economía caen en forma “generalizada y sostenida” ocurre el fenómeno contrario: la deflación, que es muy perjudicial. Al bajar los precios (muchos factores pueden ocasionar esto) el comercio tiene que vender sus productos sólo para poder cubrir sus costos, los consumidores ya no tienen incentivos para comprar ahora pues obviamente especulan que los precios seguirán cayendo lo que motiva a comprar después: consumo presente versus consumo futuro.

Con disminución en las utilidades (o pérdidas), las empresas disminuyen salarios o despiden, los consumidores tienen menos poder adquisitivo, y baja el nivel de consumo, la demanda agregada (sumatoria de las demandas individuales), la inversión, la economía se desacelera o contrae y aumenta el desempleo, lo que hace que la producción del país baje (cae el PIB).

Obviamente, dependiendo del tiempo y la magnitud de la deflación, un país puede no solo desacelerarse, sino caer en una recesión, lo que conlleva una crisis social, política y económica. En la historia podemos citar la Gran Depresión en EE.UU. En datos, aproximadamente el PIB cae en 27%, acompañado de una caída en los precios de un 36% y un desempleo de 25%.

A modo de paréntesis, existe una relación directa entre desempleo y precios: a mayor inflación, menor desempleo. (Nombre técnico: Curva de Phillips)

Entonces: ¿El mundo ideal es lo mejor? Por lo expuesto, claramente no.

Veamos la otra cara de la moneda. La inflación, que es “sana” cuando es baja y estable, de lo contrario, perjudica el poder adquisitivo, se encarece todo mientras los salarios se mantienen. Chile tuvo un episodio llamado hiperinflación (más de tres dígitos) en la década del 70, donde los salarios de algunos trabajadores eran pagados a diario e incluso dos veces al día pues el kilo de pan al mediodía era “más barato” que en la tarde: los precios subían en forma desmedida (pero esto merece análisis aparte). Había mucho dinero, pero no tenía valor, por otro lado, no existía suficiente cantidad de oferta de productos.

Otro escenario que podríamos pensar es el de inflación cero, que ha ocurrido, pero no es sostenible, pues existen fricciones, competencia y economías integradas. que hacen que las fuerzas del mercado creen oferta y demanda por si solos. Economías como Japón han tenido este digito, hecho que ocurrió al tratar de impulsar la economía inyectando demasiada cantidad de dinero, con el altísimo riesgo de caer en deflación.

Es por ello preferible siempre tener inflación, pero baja y estable. En este escenario las personas tienen incentivos, se pueden proyectar, toman decisiones en base a información correcta, existe competencia y los mercados deberían llegar a un equilibrio por si solos, de no hacerlo el BC tiene las herramientas para controlar la situación, dado su carácter autónomo.

Un mercado donde existe competencia genera certezas, incentivos para mejorar la calidad de los productos y servicios que se transan, además permite escoger. En otras palabras, si los zapatos están muy caros tenemos la opción de comprar otra marca, escoger en base al precio, o comprar en cuotas, teniendo la certeza y tranquilidad que mi salario también aumentará de acuerdo al alza en los precios (salario real).

Lo antes expuesto: certeza, competencia, información, incentivos a producir mejor, alternativas en todos los productos y al alcance de todos, son fundamentales cuando hablamos de una inflación “sana”.

Es por eso que, en el ejemplo al comenzar, podemos evaluar la compra en base a distintas alternativas para todo bolsillo y tipo de demanda, al existir distintos oferentes, competencia y variedad.

Hablar de inflación no es fácil, mucho menos “dar una pincelada” como lo realizado en esta columna. El tema requiere un análisis profundo, no obstante, creo importante conocer a grosso modo, porqué caídas en los precios y aumentos abruptos no constituyen buenos escenarios. Como todo en la vida, los extremos no son sostenibles ni adecuados.

Para terminar cuatro cosas:

1-      Si usted escucha la frase “Inflación mensual”, algo muy común sobre todo en televisión, ya sabe que es un error, pues la inflación es anual, para citar un mes lo correcto es IPC.

2-      Chile tuvo una inflación de 4.6 % el 2014. (ya usted desprende que los precios de “la economía” aumentaron en ese porcentaje el año 2014 con respecto al año anterior)

3-      En los diez meses que van del presente año hemos tenido IPC altos (sobre todo en agosto con 0.7 %) De enero a octubre la cifra acumulada es 4.4 %, lo que hace prever una inflación 2015 superior al año pasado.

4-      ¿Por qué cree usted ha aumentado la inflación los últimos dos años? (Bienvenido al foro)

(Si por casualidad un economista de la línea monetarista lee esta columna, pido comprensión por no citar al Sr Milton Friedman y la teoría cuantitativa del dinero, pues como dije antes, este tema es muy amplio, difícil de resumir y el único fin de esta página es explicar en forma lúdica como nos afecta la economía en forma cotidiana. Gracias)

Columna publicada en www.economiachile.com

 

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