Algunos cambios de comportamiento que pueden contribuir a mejorar nuestra salud y calidad de vida

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Por Hugo Corvalán Basterrechea
Médico UdeC, MSc in Medical Demography
Ex Director para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población

 

 

La Salud de las poblaciones y los individuos depende de múltiples factores, muchos de ellos conocidos por todos aunque a menudo los ignoramos.  Otros son menos conocidos, pero no menos relevantes.

Mis contribuciones a esta columna en el pasado se han centrado en observaciones o en la discusión de asuntos de salud pública y como nos afectan dichas políticas o los procesos de definición de estas y sus modalidades de ejecución.
Hoy intentaré compartir con los lectores algunas observaciones personales de vida y el aprendizaje de actitudes en nuestro comportamiento, que me han enseñado en diversas latitudes, y que pueden contribuir a que ustedes  experimenten con ellas para mejorar su salud y calidad de vida.

En general, somos enemigos de nuestra propia salud y algunos de los cambios que propongo y que me atrevo a compartir con Uds. podrían resultarles útiles:

Evitemos asociarnos con las personas equivocadas:

Aquellas personas que nos hacen sentir que nuestra compañía no vale la pena, que nos tratan como supuestamente inferiores o que no son capaces de apoyarnos cuando los necesitamos, son individuos con los cuales es mejor no asociarse. Los buenos y verdaderos amigos estarán siempre disponibles y te apoyarán en cualquier circunstancia.

Termina de una vez con la práctica de evadir los problemas:
Intentar evitar los problemas o las dificultades que, de una u otra manera, enfrentamos en el curso de nuestras vidas, muchas veces pensando que pasarán solos, no es una buena o recomendable práctica. Puede que en el corto plazo esta táctica pueda funcionar a veces, sin embargo, lo más probable es que a la larga tendrás que enfrentar dichos problemas una y otra vez. Es mucho más sensato y saludable confrontar los problemas y dificultades de frente, aunque nos cueste. Probablemente muchos problemas no serán resueltos de inmediato, pero lo que realmente cuenta como enseñanza de vida es el proceso a través del cual nos enfrentamos a nuestras dificultades y que aprendimos de esa situación. En otras palabras, debemos aprender de nuestros errores, adaptarnos y crecer.

No debemos mentirnos a nosotros mismos:
La honestidad es siempre la mejor práctica y ser honesto con nosotros mismos es la mejor acción de esta práctica. Cuando te mientes a ti mismo/a, sabes que te estás mintiendo, por lo tanto, no tiene sentido hacerlo ya que es absolutamente inconducente y puede crearte mayores problemas y hacerte aparecer ante otros como poco inteligente.  No lo hagas nunca.

No ignores tus propias necesidades:
Lo más probable es que quieras siempre asistir o ayudar a tus amigos. O puedes pensar que las necesidades de tus hijos son prioritarias a tu propia  felicidad. Cuidado con esto, reflexiona.  Si suprimes tu propia felicidad, probablemente te cansarás, ya que este tipo de lucha es agotadora y en el mejor de los casos terminarás sintiéndote infeliz o deprimido. Debemos separar algo de “tiempo propio”. Preocupémonos de consentir nuestras propias necesidades, encontremos un “hobby” y emprendamos acciones, cualquiera, con pasión, ya que vale la pena. Esto no significa ser egoísta con los demás, muy por el contrario, nos prepara para ser mejores con ellos.

Sé tú mismo/a:
Pretender ser alguien que no eres es un duro y agotador trabajo y, finalmente, vivirás atemorizado de que alguien, algún día, te descubra. Las relaciones interpersonales más gratificantes son aquellas con personas que pueden apreciarte por quien eres y no lo que tú quieras que otros crean.

Dejemos ir el pasado:
El pasado no puede ser cambiado, por ello lo mejor es que aprendamos de él y continuemos con nuestras vidas. Permanecer insomne pensando en los errores que cometimos, en las conversaciones que no supimos establecer o que podrían haber tenido un resultado diferente, solo nos hacen perder  tiempo y energía. Son errores de los cuales solo podemos aprender, tratar de corregirlos inteligentemente. Son nuestros errores y lo que aprendemos de ellos es lo que puede dar forma a nuestro futuro y hacernos mejores personas.

Podemos cometer errores:
Nadie es perfecto y todos cometemos errores. La única manera de no cometer errores es no hacer nada y por eso la gente que tiene terror a cometer errores, a menudo vive paralizada por ese temor. Mientras más cosas dejes de hacer en tu vida por temor, más razones tendrás para arrepentirte de tu vida.

El dinero no puede comprar la felicidad:
Todo lo que la televisión y la propaganda puedan mostrarte como fuente de felicidad, sea esto un nuevo automóvil  o un diamante, es probable que puedan darte algo de alegría por un breve tiempo, pero la verdadera felicidad viene desde tu interior y como lo manejas. Lo mejor es seguir el sentido de tus pasiones y el verdadero disfrute de la vida y sus múltiples pequeñas cosas. Serán estas las verdaderas fuentes de tu felicidad, ya que ésta la puedes crear tú mismo. La única persona responsable de ella eres tú.

La vida no es una competencia:
Deja de compararte con otros, ya que siempre habrá alguien más hermoso, más inteligente, con mayor talento o más rico, sin embargo, tú éxito depende solo de ti. Se trata de una transacción entre tú y tú mismo.

El resentimiento no es bueno para nuestra salud:
Rencor, enojo, resentimiento, envidia y pensamientos negativos son perfectos venenos para nuestra salud y mantienen a la gente alejada de nosotros, con lo cual terminamos hiriéndonos.  El remordimiento y las quejas constantes no resuelven nuestros problemas, al contrario, tienden a profundizarlos. Por ello debemos tratar de obtener provecho de los malos resultados y ver de qué manera nos pueden ser útiles a futuro,  ya que la autocompasión, en general, no es una buena consejera. Tratemos de mantener una buena perspectiva de los hechos y de nuestras vidas.

Los comportamientos enunciados, además de inducirnos a tomar la responsabilidad de nuestras acciones, nos ayudan a no preocuparnos hasta enfermar, a enfocarnos en lo que queremos lograr y no en lo que queremos evitar, y a permanecer siempre agradecidos de nuestras vidas. Por ello son también comportamientos que pueden ayudarnos a sentirnos mejor, evitan la tensión, el estrés, nos hacen más felices y, por lo tanto, nos ponen en mejor situación para mantenernos sanos o mejorarnos de algunas dolencias.

Todo lo anterior está al alcance de nuestras manos. Reconozcámonos en algunos de estos comportamientos nocivos e intentemos cambiarlos. Se trata de un buen ejercicio que  no requiere prescripción médica, no tiene efectos secundarios, y es gratuito!!

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