El paisaje que nos habita en “Opulencia y vacío”, exposición de pinturas de Edgardo Neira

johanna_3.jpg

Por Johanna Martin Mardones
Licenciada en Artes Plásticas, mención pintura
Magíster en Literatura Hispanoamericana
Diplomada en Gestión Cultural y Comunicación
Johannamartinm@gmail.com

 

 

La reunión de pinturas presentada, bajo el nombre “Opulencia y vacío”, por el artista y docente Edgardo Neira en la Casa del Arte de la Universidad de Concepción, es el resultado de un proceso que conjuga las artes visuales (visualidad) y la literatura (conceptualidad), en una correspondencia que logra un gran corolario entre el concepto y la imagen. Sus estudios vinculados al ámbito de la literatura le permiten enfrentarse analíticamente con el discurso conceptual.  Sin embargo, las pinturas también aluden a la geografía y la historia de un territorio, así densifica la coexistencia de las ideas que fluyen en lo pictórico.

Un papel fundamental juega la memoria en esta articulación rizomática, cuyas combinaciones crean el paisaje visual a partir de la emoción que carga de sentido el objeto. Son recuerdos, sensaciones, vinculaciones, desarticulaciones rescatadas de la memoria del habitante de una zona determinada, que circula atento entre la mirada de la infancia y la de hoy.

Llama mi atención el sentido dual del espacio evocado con el que trabaja el autor, opulencia/vacío. Neira representa la ciudad de Concepción entre el celaje y los humedales propios de esta zona, pero el espacio retenido en la tela es el paisaje íntimo del autor auto-representándose en un tiempo pasado, con una mirada contemporánea en relación con los fenómenos que han ido poblando su historia. El fenómeno atraviesa la emotividad de Neira, haciéndose presente en pies, insectos, fruta, flores, gotas de agua que van apareciendo en medio de la bruma, memoria que advierte estos elementos y los instala de manera intermitente como un recuerdo que nunca llega a completarse. Las fricciones ocurren internamente, en el entroncado origen residual de la memoria autoral. Es recurrente en sus telas las formas cilíndricas, como recipiente que contiene un elemento u objeto, que en uno de sus lados se abre esparciéndose sobre el espacio, que es finalmente la fricción entre el paisaje- territorio con los objetos re-tenidos en la memoria.

Neira expone su propia historia o fragmentos de ella, que es siempre en soledad (paisaje despoblado), en el acto silencioso de tomar un objeto de la consciencia (insectos, pies, zapatos, flores), recuerdos de la infancia, actitud  próxima a la ciencia fenomenológica, cuyo método plantea “volver a las cosas mismas, a partir de la experiencia, evitando toda explicación”, lo que nos lleva a pensar en el vacío planteado en el título de la muestra, pero un vacío poblado (opulencia) de imágenes y sensaciones que en su historia personal fueron configurando el entramado que sinteriza en grises coloreados, re-creando paisajes brumosos y húmedos, que es finalmente lo que vendría a justificar el uso del slash (/) que en palabras del autor “cumplen la función de crochet que teje una superficie de realidad, en este caso pictórica”, utilizado acertadamente en la relación entre cuerpo poblado, vacío lleno,  soledad acompañada, opulencia y vacío.

Efectivamente, como el autor lo establece, no existe la intensión de oponer el concepto de opulencia a de vacío, ni tampoco de poner a uno sobre otro, la exposición de Neira plantea, con una visión muy contemporánea, la relación articulada y de correspondencia entre la opulencia y el vacío. En esa relación son los objetos de la infancia los que pasan a ser re-construidos a través del ejercicio plástico, en una escena-paisaje que permite entender cada pintura por sí misma y en reunión con las otras.

Neira no logra abstraerse del fenómeno, todo lo contrario, es atravesado por él en la idea de plantear el sentido que re-activa la memoria y re-configura el paisaje, para establecer que no habitamos el espacio, sino que somos habitados por él. La bruma, el silencio, la soledad, el frío, la humedad,  la pasividad escapan de las telas, como también de la memoria, invadiéndolo todo. Somos habitados por el paisaje y los objetos que pueblan la memoria del autor, en el encuentro con el asombroso espacio que propicia la obra.

Anterior                                                                                              Siguiente
 

contacto

linked in

fondo de credito solidario

Sitio desarrollado y hospedado en Dirección de Tecnologías de Información - DTI - 2009 / Universidad de Concepción - Concepción - Chile