Perfiles de Exalumnos

Alejandra.PNG

Alejandra Cruz Lorca, profesora de Inglés y presidenta de Fundación La Concepción

 

“Para ayudar no se necesitan tantos recursos económicos, sino la buena disposición de las personas”

 

Alejandra Cruz Lorca ingresó a la Universidad de Concepción el año 1984, a estudiar Ingeniería Comercial. Pensaba, algo influida por su madre que siguió esa profesión,  que esa carrera podía satisfacer su gusto por las matemáticas y las humanidades, pero rápidamente se dio cuenta  que no era lo suyo, porque si bien le gustaba estar en contacto con la gente, su foco no era la producción ni la comercialización, ni nada relacionado con el consumo.  

En 1985 entró a Licenciatura en Educación Media en Inglés,  lo que señala  “fue la mejor decisión que pude haber tomado, porque me gustó mucho como estaba conceptuada la carrera, las asignaturas y los profesores. Hice mi Seminario de título en Literatura Inglesa con Astrid Raby, cosa poco común en esa época”,  de donde  egresó el año 1989.

Como le gustaba trabajar con niños, tras hacer su práctica en el Colegio Metodista de Concepción se fue a trabajar a una escuela de Nonguén. “Los niños tenían carencias tan grandes que aprender inglés era un lujo. Me sentía inútil y sin herramientas para ayudar más. Pasé por una crisis vocacional que no supe resolver”, recuerda.

Esta experiencia hizo a Alejandra replantearse su vida profesional. Sentía que los niños necesitaban cariño, valores y prácticamente una mamá, y que para cumplir ese rol tenía que dedicarse en cuerpo y alma a ese trabajo. Ahí pesó su historia personal como hija de Luciano Cruz, uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) que murió a los 27 años mientras estudiaba Medicina en la UdeC, siendo ella muy pequeña . Esa ausencia paterna la marcó,  y al tener que decidir entre  un trabajo tan demandante y la opción de formar una familia y que sus hijos fueran el centro de su vida, optó por lo segundo.

“Hice reemplazos en colegios, pero las relaciones con padres y profesores que se quejaban por temas diversos todo el tiempo me decepcionaron al punto que decidí dejar la vida escolar”, señala. Trabajó en el Instituto  Chileno Norteamericano por  7 años y los últimos 20 se ha dedicado a hacer clases  particulares de inglés a ejecutivos, y de español a extranjeros. También tuvo el Centro Cultural  Crearte, donde había clases de distintos idiomas, arte y terapias con sicólogos, una de los cuales fue su propia hermana, Daniela Contreras Lorca, quien es también parte  de la fundación. “Crearte fue mi tercer hijo, pero justo por ellos, mis dos hijos, lo vendí, porque requería de mucho tiempo y dedicación”, explica.

En esa etapa, Alejandra hizo buenos amigos y conoció a personas que le dieron el impulso para concretar el deseo de aportar en lo social, que postergó en favor de su vida familiar. “Conocí a quien hoy es una de las directoras de Fundación La Concepción, mi amiga belga Sylvie Altman”.

Después de un tiempo tuvo de alumnos al Director de Infocap y al subgerente de Valor Compartido de una empresa de la zona. “Conociendo sus experiencias  se me empezó a armar el cubo", sostiene.

El año 2014, Alejandra  hizo un curso de coaching con su amiga Claudia Schaub, quien es médico egresada de la UdeC y también parte de lo que es hoy la fundación.  “Ella lo tomó para su vida personal y yo para mi vida vocacional. El espíritu de servicio se me gatilló, y me di cuenta que lo que más quería era servir de  instrumento para ir en ayuda de otros.

Después de terminar el curso sabía que teníamos que hacer una fundación que apoyara a jóvenes mujeres de Cañete a estudiar en la ciudad. Hay muchas que viven incluso lejos de Cañete y van al liceo por estudios, con sacrificio y esperanzas de mejorar su vida y la de sus familias. La idea era proporcionarles a las jóvenes egresadas de enseñanza media un lugar donde vivir en Concepción, porque muchas de ellas tienen buen rendimiento y pueden acceder a becas, pero no tienen donde quedarse”, indica. Una de las participantes al curso fue acompañada de su madre oriunda de esa localidad y quien les habló de la cantidad de escolares a la espera de una oportunidad.

Esta idea fue el origen de la actual Fundación La Concepción. Hace un año, acompañada de su amiga Gilda Vorphal, Alejandra fue rumbo a Cañete. Luego de  visitar otros establecimientos llegaron al liceo B56 a ofrecer su ayuda, por consejo de personas locales que le advirtieron que ese liceo tenía alumnos con vulnerabilidad. Eligieron  Cañete porque es un lugar que ha estado en constante conflicto  y está rodeado de gente muy trabajadora que necesita que el resto del país solidarice con ellos para fortalecer y empoderar a su gente, además de playas muy lindas y lugares para visitar desconocidos por la mayoría de los chilenos.

Alejandra reconoce que  partió sólo con las ganas. “No sabía dónde vivirían ni como lo costearíamos, solo tenía la gran convicción que resultaría. En la reunión con el orientador nos comprometimos a  volver pronto a dar más detalles de nuestro proyecto, que aún estaba en pañales, sobre todo después de saber que no era común que recibieran  ayuda de gente de fuera”, rememora.

Con ese gran desafío volvió a Concepción. Tocó varias puertas buscando apoyo en instituciones con la idea de que cada una pudiera apadrinar a una joven, pero la respuesta no fue tan entusiasta como esperaba.

Finalmente, supieron que Monseñor Chomalí había inaugurado un hogar para jóvenes de la provincia de  Arauco y solicitaron  hablar con él  para que las orientara. “Afortunadamente, monseñor Chomalí nos recibió en su oficina, él ya conocía a  Claudia  quien fue su alumna en un  Magister de Bioética en la Universidad Católica, en Santiago. Íbamos a pedirle consejo para comenzar con una residencia y él nos habló de la casa de las religiosas de Maria Inmaculada, la cual dirige la hermana Trinidad Morales. La idea era sólo conocer la casa y su funcionamiento, pero  nos fascinó. Nos enamoramos de la casa y de la Hermana Trini, y terminamos pidiéndole cupos. Después de varias conversaciones con la superiora y otras de su congregación, nos dieron 10 cupos”, señala.

Alejandra, ya de vuelta en Cañete, contó más detalles del proyecto y que tenían 10 cupos para mujeres. Estaba complicada, porque encontraba que eran pocos cupos frente a tanta necesidad. Para seleccionar a las 10 beneficiadas, les pidió a las jóvenes que escribieran un ensayo, explicando sus motivaciones para ir a Concepción a estudiar, de donde venían, que contaran de sí mismas y de sus familias.  “Para sorpresa nuestra sólo llegaron 7 ensayos. A mí me pareció fantástico no tener que seleccionar, pero igual me pregunté por qué habían postulado tan pocas, y la razón  fue que se trataba de una residencia de religiosas”, explica.

“La idea original era tener una residencia propia, libre de toda doctrina y dogma, pero esta casa nos conquistó. La Hermana Trini es una madraza, madre cien por ciento, que les da tiempo, dedicación y oído. Son 60 las niñas que viven en la casa y tres las religiosas. Una de ellas, la Hermana Cecilia Tolosa, es ex alumna de Inglés de la Universidad de Concepción y es la encargada de la administración y finanzas de la casa. No hemos descartado la idea de una residencia nuestra, pero en estos momentos no es una prioridad, porque las niñas, que  estudian distintas carreras en universidades e institutos de la ciudad, están muy bien y muy contentas en la residencia”, reconoce Alejandra.

Fundación la Concepción se sustenta con aportes de parte del Directorio, cuatro de ellas profesionales formadas en la UdeC,  y de otras personas que apadrinan a las jóvenes. “Ayudamos a las jóvenes financiando  su cupo en la residencia y colaborando en lo que ellas y sus familias necesiten de acuerdo a lo que esté a nuestro alcance, apoyándolas además a nivel personal, académico y psicológico. Esta labor la podríamos realizar igual sin estar constituidos como fundación, pero quisimos hacerlo porque es un respaldo legal y nos permite hacer otras actividades y formar redes con otras instituciones”, señala.

Alejandra afirma que “para ayudar no se necesitan tantos recursos económicos, sino la buena disposición de las personas. Quienes quieran colaborar con nosotros pueden contactarnos a través de nuestra página web www.fundaciónlaconcepcion.cl o nuestro Facebook Fundación La Concepción. La forma de colaborar es voluntaria. Pueden apadrinar, hacer un depósito como un aporte único, donar alimentos o prestar algún servicio. A modo de  ejemplo, cuenta que  “ un empresario nos donó alimentos y otro del sector turístico ofreció sus instalaciones para hacer un paseo para las jóvenes. Hay personas de Santiago que han deseado sumarse a nuestro proyecto porque se sienten tocados con el deseo de movilidad y las dificultades que conlleva vivir lejos de su propio hogar. Hay muchas formas de ayudar, pero la más importante por ahora es atraer a más padrinos y madrinas para así colaborar en forma sostenida con que otros jóvenes de Cañete  vengan a estudiar a Concepción, contribuyendo a mejorar la vida de una provincia y de paso del país  entero “  finaliza  Alejandra Cruz. 


Volver a Entrevistas                                                                                     Siguiente

contacto

linked in

fondo de credito solidario

Sitio desarrollado y hospedado en Dirección de Tecnologías de Información - DTI - 2009 / Universidad de Concepción - Concepción - Chile