El aburrimiento

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Por Karen Kraakman
Magister Ciencias Ambientales, Universidad de Wageningen, Holanda.
Magister Biología Cultural , Universidad Mayor, Matríztica, Chile.
Coach Ontológico Newfield Network.
Directora del programa Liderarte, programa de Liderazgo y Coaching de Kraakman Coaching y Formación Permanente de la Universidad de Concepción
Dueña de Desarrollo Organizacional Kraakman Ltda.

 

 

Hace varios años atrás, cuando empecé a meditar me di cuenta de mi aburrimiento para con mi vida. Había comprado un programa que consistía en CD´s, cartas y coaching para introducirme en esta práctica que era, según lo que había escuchado, tan saludable y beneficioso. Meditaba todos los días una hora lo que consistía en estar sentada escuchando una mezcla entre lluvia y campanas tibetanas. Les confieso que en ese tiempo meditar era para mí sinónimo de aburrimiento sin límite.

Ahora, las cartas que me mandaban y que me acompañaban en el proceso de esta practica de meditación me hablaban de que lo que me pasaba en la meditación tenía que ver conmigo, todo lo que me pasaba tenía que ver conmigo, con mi vida, no había experiencia de meditación que era igual a otras. O sea; ¿el aburrimiento que yo sentía tenía que ver conmigo? Eso era inconcebible para mí. Ustedes entenderán que el aburrimiento que sentía tenía que ver con estar sentada una hora escuchando la lluvia ¡y nada conmigo!

Me sentía tan aburrida al estar sentada haciendo nada durante una hora, que hoy me pregunto cómo es posible que todavía medite y más aún que logre, de vez en cuando, disfrutarlo.

Desde ese entonces  me empecé a preguntar qué era y qué pasaba con “el aburrimiento”. Empezaba a notar que efectivamente había muchas cosas en mi vida que ya no me tenían contenta, que me hacían sentir cansada o directamente aburrida. Me veía cansada de mi trabajo, de mis hijas, de mi marido. Me veía haciendo zapping noches enteras en la televisión, quedándome al final con ningún programa que me entretenía por completo, me veía incómoda conmigo y con mis amigos/as, haciendo deportes sin quedar satisfecha y en resumen, a pesar de este correr diario para satisfacer todas mis necesidades y deseos, parecía que mi deseo de estar feliz se cumplía tan solo parcialmente.

En algún momento me di cuenta que no era la única en el mundo que estaba aburrida, que de hecho habían muchas personas que estaban cansadas de ciertas facetas en sus vidas. Veía la impotencia, la insatisfacción el malestar y el consiguiente aburrimiento constante de otros y la consecuente búsqueda de la felicidad y el bienestar.

También veo los programas que surgieron, programas que aparentemente apuntan al bienestar y/o la felicidad: los diversos programas de Coaching, Liderazgo e incluso programas explícitamente enfocados en la felicidad. hemos llegado a una época en que universidades dictan programas o incluso un diplomado de felicidad, como si fuera la felicidad, el liderazgo y el coaching un tema académico.

Entonces ¿que nos pasa que estamos aburridos? ¿Y qué podemos aprender de aquello? Lars Svendsen en A Philosophy of Boredom (2005) hace la distinción entre aburrimiento situacional y existencial. El aburrimiento situacional tiene que ver con ciertas situaciones que nos aburren porque temporalmente no podemos hacer lo que queremos: estar en una fila para pagar las cuentas por ejemplo, lavar los platos en la casa.

El aburrimiento existencial es algo que, según Lars Svendsen, tiene relación con la pérdida de significado o sentido de nuestras vidas en general. Argumenta que, desde  el romanticismo hemos puesto nuestras propias vidas internas en el centro de nuestras preocupaciones. Desde ese entonces hemos dejado caer a Dios como “proveedor” del significado en nuestras vidas y todo significado al mundo lo tenemos que dar nosotros. Y si las cosas ya no son naturalmente “con alma o con sentido”, necesitamos una imaginación casi supra humana para dar sentido a las cosas que nos rodean.

Este aburrimiento surge cuando una persona fracasa en su intento de dar sentido a la vida y al mundo en que vive; algo, según Svendsen, bastante abundante en nuestro mundo actual. Esta persona se vuelve trabajólica, corre de una relación en otra, de una entretención en otra. La drogadicción puede perfectamente ser una señal de este aburrimiento existencial y/o las cosas que ya mencioné al referirme a mi aburrimiento personal.

Ahora ¿qué hacer?: ¿Será que, como Svendsen opina, no hay escape al aburrimiento y que estamos condenados a vivir una vida sin sentido, llena de momentos “lateros”?

Junto a un escritor anónimo holandés creo que no. Creo que necesitamos hacernos más conscientes de lo que nos hace felices, necesitamos dar sentido a nuestras vidas consciente y libremente. Descubrí varios caminos para que eso pase:

Aunque en el principio solamente “medité” porqué me prometieron cielo y tierra haciendo “eso” que era tan aburrido y ¡porque había pagado por ello!, y aunque la promesa del paraíso no se ha cumplido, noté que algo empezaba a cambiar en mi vida a partir de la práctica de la meditación. Estoy menos estresada, tomo menos decisiones de las cuales después me arrepiento y me encuentro haciendo menos zapping. Me enojo menos con las personas a mi alrededor.

Muchos de los programas mencionados aquí arriba, enfocados al Coaching, la biología cultural, liderazgo, transformación, felicidad o bienestar también generan “algo” que disminuye el aburrimiento y el malestar.  Todos los que hemos participado en estos programas sabemos que “algo” pasa ahí adentro de estos programas, que tiene que ver con conectar, tanto con mis propios deseos como con otras personas. “Algo” pasa que logramos ser más efectivos y generar un mayor bienestar una vez pasado por ellos.

Y por ahí les dejo con la cita de la hipótesis de mi paisano anónimo: “Aburrimiento existencial – una perdida total de sentido – es más que todo una señal que nos hemos alejado demasiado de nuestros deseos para cada uno de los demás.”

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