La guerra en el Medio Oriente. El Estado islámico y las pérdidas de patrimonio mundial

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Por
Karen Isabel Manzano Iturra
Profesora de Historia y Geografía.
Diplomada en Estudios Políticos y Estratégicos y
Magíster en Ciencias Políticas, Seguridad y Defensa,
ANEPE-UDEC

 

 

En Medio Oriente, se ha desarrollado una guerra de proporciones desde 2011, cuando Siria cayó envuelta en el proceso de la primavera árabe y las protestas en contra del presidente Bashar Al Assad se transformaron en una guerra civil, donde además de los opositores sirios, se sumó una serie de grupos afines a Al – Qaeda que comenzaron a realizar operaciones en su territorio. Uno de ellos, fue el actual Estado Islámico (en ese entonces Estado Islámico del Irak y del Levante) que hace pocos días atrás, controló el 50% del territorio sirio. Pero junto a la destrucción de la guerra, se ha atacado antiguas ciudades que estaban protegidas como patrimonio de la humanidad de la UNESCO y que actualmente se encuentran destruidas. Pero ¿Cuál es la razón de estas acciones?

En primer lugar, el Estado Islámico aplica una corriente muy radical de la sharia o ley islámica en que todas las demás religiones son consideradas infieles, lo cual ha acarreado una serie de violaciones a los derechos humanos de quienes se oponen a dejar su antigua fe y masivas conversiones forzosas al Islam. Uno de los puntos mas defendidos es que todo rastro de otras civilizaciones – que fueron parte de los antepasados de los habitantes de la región – son paganas y contrarias a la fe, e incluso, a pesar que dichas culturas desaparecieron hace siglos, deben ser destruidas en una “limpieza cultural”. En medio de la guerra, la destrucción paulatina de todo rastro de estas culturas tanto de los periodos mesopotámicos como romanos, han significado una perdida enorme para el patrimonio mundial, donde la UNESCO “condenó nuevamente el vandalismo rampante contra piezas históricas y artísticas invaluables e instó a emprender acciones internacionales contra esos actos” (Centro de Noticias ONU 27/02/2015), ya que su destrucción irreparable es un duro golpe a todas las investigaciones que se estaban realizando por arqueólogos de diferentes países. Uno de los primeros monumentos en ser destruidos correspondió a la tumba del profeta Yussuff (Jonás para los judíos) y que era un centro de peregrinación para personas de diferentes religiones, el cual fue atacado en 2014. Desde allí, la escalada de violencia ha significado la perdida de numerosas piezas de valor, especialmente en las ciudades de Ninive, Nimrod, Hatra, correspondientes a sitios que controlados militarmente, son arrasados, ya que estos antiguos rastros de culturas corresponderían a falsos dioses que deben ser destruidos por el Islam. Una de sus últimas conquistas corresponde a Palmira, un importante centro de Oriente donde eran “los comerciantes quienes dominaban la vida política, por lo que los habitantes de la ciudad se caracterizaban por proteger las caravanas de mercaderes que cruzaban el desierto” (BBC Mundo, 15/05/2015) que había sido ampliamente investigado y que se mantenía en buenas condiciones hasta la guerra civil siria, cuando empezó a sufrir las consecuencias de los enfrentamientos.

Las imágenes de destrucción han llamado profundamente la atención de los medios de comunicación, que no se explican como se puede llegar a un radicalismo extremo, que no solo atenta contra la historia de la civilización sino que también contra la historia de los mismos pueblos que conforman parte de las regiones asoladas. Uno de los países mas perjudicados ha sido Irak, que ya había sufrido perdidas materiales en las anteriores enfrentamientos, como los ataques a las antiguas pirámides (zigurat) o el robo de piezas del museo de Bagdad, muchas de las cuales terminaron en manos de coleccionistas privados, ya que constituye uno de los tráficos mas remunerados a nivel mundial. El mayor problema que percibió ISIS es que las leyes que protegen el patrimonio se encuentran obsoletas, y mientras Occidente no interviene, sigue con este proceso que, aunque cuenta con una propaganda religiosa, solo esta sirviendo de fachada a un lucrativo comercio de antigüedades que les esta otorgando enormes ganancias para seguir financiando las actividades del grupo.

Las noticias sin duda son desalentadoras, ya que si el daño que ha provocado la guerra en Irak y Siria ha sido muy importante, ISIS esta terminando de destruir todo a su paso. El caso de Palmira, que hace pocos días cayó en manos de este grupo en Siria, demuestra que la llamada “Perla del desierto” podría sufrir el mismo daño que las otras ciudades ya descritas si permanecen las hostilidades. Un triste espectáculo que al parecer, si no se interviene de algún modo, continuará.

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