Exalumnos en el Mundo

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José Goñi Carrasco, embajador de Chile en Suecia 

 

 

"Uno de los aportes fundamentales de la Universidad es entregarte valores fundamentales, que te van a servir toda la vida"

 

El exalumno de ingeniería comercial José Goñi asumió durante el mes de junio como Embajador de Chile en Suecia. Hasta el día de su partida, ejerció como director de la oficina de la Universidad de Concepción en Santiago y académico del Magíster en Ciencia Política, Seguridad y Defensa, impartido en conjunto  por la UdeC y la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (Anepe).

En esta entrevista recuerda su época de estudiante, nos comenta su permanente vinculación con la Universidad, su dilatada trayectoria política y reflexiona sobre distintas etapas de su vida personal y profesional.

José Goñi  ingresó a la UdeC en 1967. “Elegí economía por las posibilidades que ofrecía de poder adquirir instrumentos que le permitieran a uno conocer el mundo, la sociedad, cosa que la Universidad me permitió plenamente y elegí la U. de Concepción, porque en mis tiempos era “La Universidad”, habiendo otras universidades, por cierto. Era y sigue siendo una Universidad de calidad que entrega mucho conocimiento”, afirma con orgullo.

¿Cómo recuerda esos años?
Fueron años muy interesantes, intensos, mucho estudio, mucha actividad académica y al mismo tiempo mucha actividad universitaria en el centro de alumnos de la Escuela de Economía, de la Federación de Estudiantes, del Propedéutico, que existía entonces, y mucha actividad social.  Fueron años muy intensos no solo en la Universidad sino en el país y en el mundo. Fue el periodo de la reforma universitaria en todas partes, un periodo histórico de mucha convulsión política y social,  al que evidentemente nosotros no estábamos ajenos.

¿Cómo lo marco ser estudiante en esa época?
Completamente. Esa época de formación ha sido fundamental, te marca definitivamente en la formación y en las decisiones que vas tomando en tu desarrollo profesional. Después está llena la vida de imponderables, como puede ser un golpe de Estado o el cierre de una empresa, que son externos y cambian todo.

¿Cómo inició su carrera profesional?
El año 69 me incorporé como ayudante alumno, haciendo los laboratorios y el 72 ingresé como profesor. En febrero del 73 me fui a trabajar a Santiago. Esos años eran espectacularmente interesantes, de una gran efervescencia en el país por el gobierno de Salvador Allende.

Llegué a trabajar en la creación del departamento de estudios del Instituto Forestal, que era un proyecto entre la FAO y el gobierno, que tenía el objetivo de desarrollar una política forestal. El gobierno de la época lo llamaba el segundo sueldo de Chile. La idea era transformar el sector forestal en el área autosustentable con un desarrollo de largo plazo y que se transformara en un sector muy activo en la economía nacional.
Ahí aparecen los imponderables de la vida. Si bien el golpe era bastante predecible, fue de una brutalidad que nadie se esperó y de una violencia que nos cambió la vida a todos, incluso a los que vinieron después. Un hecho que va a marcar la historia de Chile por varias generaciones.

¿Cómo fue su experiencia en el exilio?
El 75 salí al exilio, trabajé en varios países y principalmente en Suecia. Mis primeras actividades fueron de limpiador de pisos del ingreso del Hospital de Estocolmo, con un gran desarrollo profesional que me permitió ascender a aseador de la sala de operaciones, hice toda la carrera interna allí. Luego fui a trabajar a la Universidad de Estocolmo. Repartía diarios entre 5 y 7 de la mañana para financiar la Universidad, donde terminé trabajando como investigador y profesor. Posteriormente fui director del Instituto de Estudios Latinoamericanos.


¿Qué lecciones de vida le dejó esa experiencia?

Lo más importante es entender que la vida tiene altos y bajos, que no hay una línea continua de desarrollo, salvo si uno está muy protegido, por la familia, por ejemplo. Si uno cree que será un desarrollo continuo de ascensos y éxitos permanentes, está profundamente equivocado y va a tener una gran tendencia a deprimirse cuando las cosas no funcionen bien.

Una segunda gran lección es nunca creerse el cuento. Si a uno le está yendo bien, fantástico, pero no creer que eso es eterno y tener una reserva de estados de ánimo para enfrentar momentos no tan buenos.

Tercero, no perder tu identidad ni tus valores en ningún momento es lo que te va  a permitir desarrollarte y superar los trastornos. Uno de los aportes fundamentales de la Universidad es entregarte valores fundamentales, que te van a servir toda la vida.

¿Cómo fue el regreso a Chile?
Comencé a venir a Chile a fines de los 80, a colaborar en la recuperación de la democracia. Estaba la discusión de si aceptábamos las reglas del juego de Pinochet, pero no existía una alternativa real. Instalamos todo un sistema de control electoral, un sistema paralelo de conteo de votos, para tener la información exacta y fidedigna.

Pasado el año 90 mi plan era quedarme en Chile, pero me encomendaron abrir una oficina comercial de Chile en Suecia y el 91, también en los países bálticos, tras su independencia.

Desde entonces se ha dedicado al servicio público en Chile y el extranjero ¿Que cargos ha ocupado?

El 93 regresé a Chile, en forma más definitiva, creía yo, y el 94 fui el primer director ejecutivo de la Comisión Nacional del Medio Ambiente. Fue apasionante y muy intenso crear la CONAMA en todo Chile, con una limitación de recursos espantosa y comenzar la discusión de los reglamentos, los primeros estudios sobre normas ambientales. Yo recuerdo que durante la dictadura, en Europa, para atraer inversión extranjera un argumento que se usaba era que Chile no tenía regulaciones ambientales.

 El 95 me propusieron hacerme cargo del equipo que negoció el acuerdo con la Unión Europea y estuve ahí hasta el 97, cuando me nombraron embajador en Suecia. El 2000 me trasladan como embajador a Italia, el 2004 volvía a Chile a la cancillería y el 2005 me reincorporé a la Universidad. Fui invitado por el Rector Lavanchy a hacerme cargo de la oficina de Santiago, actividad que he mantenido hasta junio de este año, de manera activa o pasiva.

 El 2006 fui enviado de embajador a México hasta marzo del 2007, cuando la Presidenta Bachelet me invita a ser Ministro de Defensa, que fue un hecho absolutamente inesperado, como tantos otros que he tenido en la vida y el desafío más importante que he tenido. Es mucho lo que se puede aportar al país desde un ministerio de esas características, me tocó trabajar mucho en tema de responsabilidad social de las fuerzas armadas, enfrentar el tema de Chaitén.

Quizas ese haya sido el momento de mayor exposición pública de su gestión ¿Cómo lo recuerda?
 Creo que fue un trabajo impecable haber desocupado el pueblo en pocos días, lo cual evitó una tragedia. Es un hecho que no es conocido, porque ya no quedaba nadie excepto carabineros. Hubo dos avalanchas que fueron las que sacaron el cauce al río Blanco ,y según los antiguos, lo volvió a su cauce original, que pasa por el medio del pueblo. Yo esa noche me fui a puerto Montt y regresé al otro día en la mañana, y era realmente desolador. Por fortuna no tuvimos ningún fallecimiento, salvo un señor que murió de un infarto en el buque, el primer día del traslado. Es una experiencia que muchas universidades europeas y norteamericanas estudian como caso exitoso de manejo de crisis ante desastres naturales.

Y luego volvió a la diplomacia, nada menos que en Washington
La presidenta me dio el altísimo honor de asumir la embajada más importante de Chile en el extranjero en un año crucial, que fue el primer año de gobierno del presidente Obama. Yo logré tener una relación muy directa con él, fui consultado en muchos temas e invitado a muchas actividades que no correspondían al embajador de Chile, pero por la importancia de nuestro país en el ámbito regional e internacional me daban acceso a lugares privilegiados y pude conocer los procesos de toma de decisiones.

El 11 de marzo de 2010 volví a la Universidad y la principal tarea fue apoyar el proceso de reconstrucción tras el terremoto. Trabajé en la Universidad hasta que fui llamado nuevamente para la embajada de Chile en Suecia.

¿Qué significado tiene para usted volver de embajador a Suecia, país que tiene tanta importancia en su historia personal?
Primero que nada es un nuevo honor que me da la presidenta Bachelet. Volver después de este peregrinaje es interesante, porque como fue mi primera embajada, llegué sin mayor experiencia de esos niveles de relaciones con Estados. Después de estos 14 años, la experiencia me va a permitir ser más eficiente y efectivo en las tareas que desarrollaré.

¿Hay alguna tarea específica para este nuevo periodo?
Hay que reponer la relación bilateral que se ha ido perdiendo con los años. El comercio ha bajado mucho  por diversos factores, pero hay un espacio para apoyar especialmente a pequeños y medianos empresarios que quieren llegar a estos mercados más sofisticados, que son interesantes porque tienen niveles de precios extraordinariamente atractivos.
La tarea de relación política entre los estados es siempre muy importante y la relación con los países desarrollados de Europa del Norte. Debemos  ampliar la cooperación en el ámbito científico y tecnológico,  la cooperación entre universidades es muy relevante. Ellos tienen universidades y centros científicos, en el área médica, por ejemplo, que son los más avanzados del mundo.

Lo que podemos aprender en innovación es muy importante, porque tenemos algunas similitudes. Suecia fue un país minero hasta hace 50 años atrás y cuando se fueron agotando los minerales se transformaron en un país de venta de servicios a la minería, exportador de tecnología, equipos, maquinaria, consultoría, de conocimiento en el área minera. Ese gran salto involucra mucha innovación.

De alguna manera seguirá vinculado al tema universitario, entonces.
En Chile en el tema universitario algo que no hemos resuelto bien es como aprovechar la creatividad y el ingenio del investigador académico en transformarlo en productos de interés. Observar la experiencia nórdica es muy interesante, la vinculación entre lo público y lo privado, cómo el Estado apoya a los estudiantes, cómo el sistema educacional desde un primer momento combate la desigualdad y genera igualdad de oportunidades.

¿Qué es lo que más admira de la cultura Sueca?
Los países nórdicos tienen un sentido de equidad muy profundo y eso creo que es lo más importante a observar. No existe modelo que presente soluciones generales, pero sí se pueden tomar experiencias que hay que conocer y ver cómo pueden inspirarnos en nuestro proceso de desarrollo. Suecia fue un país atrasado hasta hace 60 años y hoy es de los más avanzados del mucho, hay mucho que observar.

 

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