¿Salud para todos en Chile? ¿Es posible?

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Por Hugo Corvalán Basterrechea
Médico udeC, MSc in Medical Demography 
Ex Director para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población
 

Nuestro profesor de Salud Publica en la Universidad de Concepción, público un libro en la década de los 70s, mientras  trabajaba en la Universidad de Paris, Francia, que llamo “La Crisis de la Salud en el Mundo, Salud para nadie en el año 2000”, en respuesta a un eslogan muy usado en ese entonces por la Organización Mundial de la Salud. Desde luego, todos sabemos que  ésa quimérica meta de salud para todos en el año 2000, no se logró y evidentemente nos alejamos de ella cada vez más. El profesor San Martín sostenía, como tesis central de su libro, que dado los modos de producción utilizados por las sociedades, los procesos de desarrollo económico y sus inequidades, sumado a nuestras formas de vida, muchas veces estimulados por la publicidad y la interminable oferta de objetos, alimentos, bebidas  y un sinfín de artefactos y productos  francamente innecesarios para nuestra vida, serían los responsables y escollos permanentes para lograr el sueño de salud para todos. 

No hace mucho tuve la oportunidad de leer el libro “Chile, ¿Un País de Futuro?”, (Ediciones Chile América 1997), escrito por Héctor Donoso Rojas, Gerente General de ENAP en la década del setenta, probablemente, o tal vez inspirado como respuesta a otro libro, escrito por el ex ministro de Hacienda, Alejandro Foxley, “Chile y su Futuro, un país posible” (CIEPLAN 1987). Las tesis de Donoso parecieran mucho más reales a juzgar por lo que cualquier ciudadano puede observar cotidianamente en el devenir político y económico del país en los últimos tiempos. La pregunta del libro de Donoso es absolutamente válida y actual; ¿Chile, un país de futuro? Sorprende al leerlo, como el análisis y diagnóstico que Donoso plantea, parecieran no haber tenido relevancia para los encargados de diseñar las políticas públicas y cómo lo que el describe está hoy teniendo un tremendo impacto negativo en la salud de todos los chilenos.

Me he permitido asociar a estos tres autores a fin de comentar algunas observaciones que he hecho recientemente respecto al estado de la salud en nuestro país y su futuro. Resulta extremadamente preocupante la absoluta falta de imaginación o capacidad de las autoridades para pensar con algún sentido estratégico, el futuro de la salud de nuestro país. Obviamente existe un agudo sentido del monetarismo de corto plazo, que no cabe duda puede frenar o nublar un pensamiento visionario, de largo plazo, para las políticas de salud. Voy a mencionar en esta columna sólo dos ejemplos, que en mi opinión ilustran las limitaciones de quienes asumen la responsabilidad de formular las políticas de salud, y que no han sabido incorporar en ellas la influencia que las políticas económicas tienen para la salud de todos, asunto que constituye el “abc” más elemental de la salud pública moderna.

Primer Ejemplo. Los medios de comunicación nos han informado de la crisis medio ambiental que sufre Temuco y otras ciudades de país, con carácter creciente, por las prácticas de calefaccionarnos y cocinar usando artefactos que requieren leña como combustible. Resulta sorprendente observar como a última hora se toman medidas para prohibir el uso de este combustible, conociéndose por años que el país enfrenta una crisis energética de proporciones, tal como lo señala Donoso Rojas en su libro. Al final de cuentas son los habitantes más modestos y desprotegidos los más perjudicados por esta medida que supuestamente se ha tomado para proteger a la población. ¿Cuáles serán los resultados, o consecuencias sanitarias para miles de personas, privadas de su calefacción y medios para preparar sus alimentos? ¿Será peor el remedio que la enfermedad?

La salud de las personas está estrechamente ligada a las políticas públicas del área económica y no sólo a aquellas del ámbito estricto de la salud. Si las autoridades hubiesen pensado y diseñado medidas apropiadas hace 30 o 40 años, no estaríamos hoy enfrentando la crisis energética que nos afecta y sus graves consecuencias para, por ejemplo, los más modestos habitantes de Temuco. El precio del gas natural en todo el mundo ha sufrido bajas significativas, sin embargo, en Chile continua, inexplicablemente, una espiral de aumento irrefrenable. Los errores políticos tienen consecuencias incalculables para la salud de las personas y del país como un todo.

¿Acaso no es posible negociar, fraternalmente, con Bolivia y Argentina el suministro de gas natural barato y limpio, que permitiría el reemplazo de la leña como combustible? ¿Porque los argentinos pagan una fracción de lo que pagamos nosotros por el gas y pueden vivir en el confort de sus casas adecuadamente calefaccionadas a un precio más que razonable, sin contaminar en forma significativa, como lo hacemos nosotros? Estas son preguntas del ámbito de los negocios y la geopolítica, pero que obviamente, cualquiera entiende, que tienen tremendo impacto en la salud de nuestra población y su calidad de vida. El haber hipotecado el país, entregando el rubro energético a transnacionales, evidentemente ha contribuido a hipotecar la salud de nuestra gente, por ello resulta irrisorio y patético observar a las autoridades sanitarias tratando de persuadirnos de las supuestas bondades de sus medidas cortoplacistas y restrictivas que afectan primordialmente a la población más desposeída. Cualquiera de nosotros, la clase media, puede mostrarse generoso y responsable suprimiendo por algunos días la leña como combustible, porque tenemos acceso a gas y electricidad, sin que ello nos afecte muy significativamente. Los otros, los que sufren verdaderamente los rigores del clima, no tienen esa opción y su salud se resentirá, de una u otra manera.

Segundo Ejemplo. He recorrido grandes distancias dentro de la Araucanía, y en un remoto rincón he encontrado un grupo comunitario que lucha por instalar formas alternativas de dar a conocer sus costumbres y  formas de alimentación, fortaleciendo, al mismo tiempo sus ingreso.  Una de sus actividades es mostrar a los “chilenos” sus cultivos de diferentes variedades de papas y como prepararlas. Estoy seguro que lo mismo ocurre con muchos otros mapuches y otros campesinos, en diversos puntos del territorio. Por desgracia, las autoridades que fiscalizan estas actividades,  les aplican una poco clara decisión político-técnica, prohibiéndoles cultivar sus papas, imponiéndoles, al mismo tiempo, el uso obligado de semillas transgénicas de papa. Parecería que la autoridad tiene el poder para imponer un criterio que se basaría en alguna investigación lo suficientemente convincente, para prohibir, en aras de un bien superior, el cultivo de papas orgánicas, olvidando que estos productos cultivados en forma natural están entre los más apetecido por sociedades más desarrolladas, que los buscan para evitar posibles y potenciales daños a su salud por el uso de alimentos manipulados genéticamente.

¿Se trata aquí también de decisiones mercantilistas o de decisiones impulsadas por grupos económicos  monopólicos que tienen en sus manos el comercio y distribución de estas semillas transgénicas? Aparentemente, al menos hasta ahora, los productos agrícolas transgénicos no tendrían mayor impacto en la salud de las personas, sin embargo ellos ya han sido prohibidos en gran parte de Europa y países más desarrollados. ¿Qué están haciendo las autoridades sanitarias para intervenir e investigar en esta área? ¿Acaso debemos esperar a que ocurran accidentes, fatalidades u otros problemas con los alimentos transgénicos, antes de que se pueda actuar, como ocurre con la contaminación en muchas ciudades y pequeños pueblos de nuestro territorio, donde la única medida a estas alturas es restringir y prohibir?

El propósito de esta nota y sus simples ejemplos es estimularnos a todos para que pensemos  seriamente como las decisiones políticas que toman personas que poco o nada saben de salud, pueden afectarnos tan profundamente y dañar o facilitar una buena calidad de vida. El nivel de salud de una población es el resultado directo de buenas políticas públicas, tanto en el ámbito económico, social y sanitario. No cabe duda alguna, pero tendemos a olvidarnos de este básico conocimiento.

 

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