Exalumnos en el Mundo

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Gonzalo Carvajal
Ingeniero Electrónico en Canadá e impulsor de beca para estudiantes de Hogares

 

"Entiendo mejor que nadie la diferencia que puede hacer una pequeña ayuda económica en la vida de un estudiante"

 

Gonzalo Carvajal es “nacido y criado” en Vallenar, región de Atacama, la pequeña ciudad donde florece el desierto. En 1998 egresó del Liceo San Francisco, donde estudió desde Kinder a cuarto medio y al año siguiente llegó a Concepción, un nuevo mundo para él, lejos de la familia y amigos, con otro clima, y nuevas responsabilidades.

Gonzalo reconoce que al momento de decidir dónde y qué estudiar no tenía mucha información. Se dejó llevar por el prestigio de la UdeC, la belleza de su campus y la base genérica que le daría el plan común de ingeniería, pero “si hace 15 años hubiera contado con toda la información que tengo ahora, mi decisión no cambiaría en absoluto”, sostiene. Durante el primer año fue a cuanta charla y actividad informativa y de difusión encontró en el calendario de distintas facultades. Finalmente, ya habiendo “sobrevivido” al primer año, se decantó por Ingeniería Electrónica.

Ya instalado en la Universidad recibió la Beca Enrique Molina, que entre otros beneficios, ofrecía la posibilidad de optar a uno de los cupos de hogar. “Llegue al hogar Barros Arana sin muchas expectativas, y luego de un par de meses, casi sin darme cuenta, estaba pasando la mayor parte del tiempo alli, y siempre buscando excusas para quedarme o volver antes. Es difícil resumir en pocas palabras esa experiencia de vida sin terminar recordando un montón de historias que me pueden llevar desde las carcajadas a sacar un par de lágrimas”, relata.

¿Cómo te marcó haber vivido en el Hogar Universitario?

Siempre he enfatizado que mi paso por la Universidad no habría sido lo mismo sin la vida hogareña, y no dudo en calificarla como una de las mejores épocas de mi vida. Una de las cosas que hace la experiencia única es que a pesar de la diversidad de historias de vida, personalidades e intereses, en el fondo, todos comparten un objetivo común, creando un interesante mutualismo que genera lazos que duran para toda la vida. Aquel grupo de desconocidos con el que llegaste a compartir un espacio pasan a ser tus amigos, confidentes, consejeros, cómplices, en el bien y el mal. Quienes te insistían en faltar a clases para ver un partido de futbol, o comían tu comida a fin de mes, porque se gastaron el dinero en algún carrete, eran los mismos que estaban compartiendo noches intensivas de estudio en época de exámenes, o te invitaban a comer cuando les llegaba encomienda de casa, y son los mismos que hoy día te reciben en sus casas como alguien más de la familia.

Otra de las cosas que valoro de esa época es la interesante colección de anécdotas e historias que siguen subiendo el ánimo cuando hace falta. En cierto punto, el volver al hogar después de días de estudio se convirtió en la parte favorita del día. Efectivamente paso a ser el "hogar", no como edificio de residentes, sino que en el más amplio sentido de la palabra.

¿Cómo fue tu etapa universitaria en el ámbito académico?

Con muchos altos y bajos. El comienzo fue particularmente complicado, considerando la carga emocional de tener que adaptarse a todos los cambios, y también la alta competitividad del primer año de Ingenieria Plan Comun, el cual seguía el modelo del "embudo" o "colador". Fue difícil acostumbrarse al ritmo de estudios, y sobretodo alcanzar la nivelación. En sólo un par de semanas me di cuenta de que mi preparación en la parte científica estaba lejos de ser óptima, lo cual iba a requerir algo más que "un poquito de esfuerzo". En ese sentido, la vida en el hogar universitario ayudo bastante, ya que había mucho apoyo entre compañeros de generación que estaban en la misma situación, cada uno con sus fortalezas y debilidades, y especialmente el apoyo de compañeros de cursos superiores, quienes a parte de hacerte cumplir las estrictas reglas disciplinarias que debía acatar un mechón como no mirar a los ojos y saludar como corresponde, también estaban allí para ayudar, e incluso obligarte a estudiar cuando uno ya pensaba en tirar la toalla.

Superado el primer año, el proceso se fue haciendo más estable. Poco a poco las asignaturas iban siendo más específicas, e ibas descubriendo tus intereses. No fue fácil en absoluto. Muchas noches en vela, mucha comida rápida, experimentos químicos y biológicos como beber café con coca-cola, que te mantenía despierto, pero con efectos colaterales no muy agradables,  muchos impulsos de dejar todo botado y volver a casa, muchos cambios temperamentales que te llevaban a discusiones de alto calibre con tus compañeros, pero que después de una siesta quedaban en el olvido. Por otro lado, también estaban las celebraciones posteriores por un trabajo bien hecho, o bien para olvidar las penas y mentalizarse para el próximo desafío. 

Sin duda, esa montaña rusa de emociones es una cosa única de la vida universitaria. Una de las cosas más valiosas que aprendí en ese proceso y que sigo aplicando hoy en día es que hay que dejar tiempo para todo, el secreto es saber identificar el momento y lugar para cada cosa. Tuve la suerte de tener compañeros que entendían esa filosofía, y en gran parte fue ese equilibrio lo que ayudo a sobrellevar la presión, y aprender a sacar lo mejor de las clases sin odiar tanto a los profesores.

Ahora, luego de tener experiencias académicas y contactos con distintos grupos en Chile y en el extranjero, me queda más que claro que en mi área, la preparación entregada en la U de Conce está sin duda dentro de las mejores del país, y no tiene nada que envidiarle a las mejores escuelas del mundo. 

¿A qué te has dedicado tras tu egreso?

Técnicamente, a 15 años de haber ingresado al plan común de ingeniería, aún no me considero egresado, ya que legal, y también espiritualmente, me he mantenido como estudiante a tiempo completo en distintos programas. Al momento de titularme de Ingeniería Civil Electrónica, ya me encontraba cursando el Magister en Ciencias de la Ingeniería. De la misma forma, al momento de graduarme del Magister, ya me encontraba cursando el programa de Doctorado. Junto con mantenerme constantemente como alumno, también me desempeñé como docente en distintos cursos de pregrado en la Facultad de Ingeniería, y participe como asistente de investigación en distintos proyectos. Actualmente, me encuentro finalizando mi tesis de Doctorado en la Universidad de Waterloo, Canadá, que corresponde a un trabajo colaborativo con mi programa en la U de Conce.

En todos estos años he desarrollado un gusto, e incluso podría decir una necesidad, de seguir aprendiendo cosas nuevas, así que al menos en el futuro cercano, y mientras exista alguien dispuesto a invertir en eso, planeo seguir relacionado a actividades de docencia e investigación.

¿En qué consiste tu trabajo académico en Canadá? 

Actualmente me encuentro trabajando como asistente de investigación en el Embedded Software Group (ESG) de la Universidad de Waterloo. Vine aquí por primera vez el 2008, como alumno visitante por medio del programa de becas GSEP del gobierno canadiense. Fui invitado para trabajar en un proyecto específico sobre la implementación de prototipos de dispositivos de red para comunicación en tiempo real, lo que representaba un área completamente nueva para mí. Aquella primera visita duro 8 meses, y a mi regreso seguí trabajando en forma independiente, hasta que decidí hacerlo mi tema de tesis. A principios de 2012 recibí otra invitación del mismo grupo para realizar experimentos relacionados con mi trabajo de tesis, y lo que originalmente serían 4 meses, pasaron a 6, después a 9, y bueno,  aún sigo aquí. Actualmente me encuentro participando en otros proyectos del mismo grupo, principalmente orientados al desarrollo de nuevas tecnologías para sistemas "safety-critical", los que requieren criterios específicos de diseño, dado que fallas en los sistemas pueden tener consecuencias catastróficas, como por ejemplo, sistemas de control en automóviles, aviones, plantas nucleares, etc.

¿Cómo ha sido la experiencia fuera de Chile?

Mi experiencia en el extranjero ha sido tremendamente beneficiosa en todo sentido. En lo académico y profesional, tuve la suerte de entrar a un gran equipo de trabajo. Durante mi primera visita, el grupo estaba recién formándose, y 4 años después, es el referente en Canadá en este tipo de tecnología, y también uno de los referentes a nivel mundial. El ser parte de ese proceso me ha entregado experiencias invaluables, así como también acceso a información, contactos, y equipamiento técnico de primera línea, que me han permitido explotar al máximo la formación recibida en la Universidad. Como parte de los proyectos en Canadá, también me ha tocado viajar bastante alrededor de Norteamérica y Europa, y a pesar de las responsabilidades, siempre trato de darme el tiempo para observar y absorber un poco de la cultura y costumbres de distintos lugares.

A fines de 2012, lideraste un grupo de ex hogareños que se comprometió a entregar una beca para un residente actual ¿Cómo surgió esa iniciativa?

Como concepto, la idea de implementar un beneficio siempre ha estado presente, y responde a la necesidad de en cierta forma "devolver la mano" que se nos extendió en algún momento a nosotros para poder realizar nuestros estudios. Para muchos de nosotros hubiera sido imposible estudiar sin el apoyo de becas y créditos. Entendemos mejor que nadie la diferencia que puede hacer una pequeña ayuda económica en la vida de un estudiante, ya que lo vivimos en carne propia. Siempre fue un tema recurrente en reuniones informales, sabíamos que había disposición, pero el tema logístico jugaba en contra, dado que era complicado el organizar a un grupo disperso geográficamente, y a esas alturas ya cada uno con sus propias preocupaciones.

Irónicamente, el terremoto de 2010 fue literalmente el "remezón" que necesitábamos para poner las cosas en marcha. La preocupación por el estado de la Universidad y el tener noticias de los que residían en la zona afectada, motivó la reactivación de los contactos, y ante la noticia de que el edificio del Hogar Barros Arana se encontraba bastante afectado, decidimos organizarnos para canalizar nuestras donaciones directamente a la reparación del edificio. En tiempo record organizamos una comisión para ir a hablar con las autoridades universitarias y plantearles la propuesta, la que fue bien recibida, así que comenzamos la campaña de difusión y recaudación de fondos. La respuesta fue bien positiva por parte de los ex-residentes, lo que nos permitió aportar para la reparación del edificio, e incluso dejar un saldo a favor, que quisimos aprovechar como impulso para la discusión y organización de otras actividades, como la propuesta de dar forma al proyecto de una beca dirigida a residentes de hogares.

¿Qué recepción ha tenido esta iniciativa entre tus compañeros “hogareños”?

La recepción ha sido bastante buena. Ya tenemos cubiertos los fondos para entregar el beneficio de estipendio mensual a un estudiante por dos años, y la totalidad de los actuales participantes han comprometido su participación en el largo plazo. Siendo ejemplo vivo de la diferencia que puede hacer una pequeña ayuda como ésta, es más que gratificante y motivo de orgullo el poder participar en la formación de un futuro profesional.

Hasta ahora hemos operado "a lo amigo", y la difusión y administración se ha basado principalmente en base a los contactos personales de un pequeño núcleo de ex-residentes. Las autoridades universitarias y especialmente Exalumnos UdeC nos han ayudado bastante en cuanto a la definición de estatutos, y colaborado en la difusión masiva y acceso a herramientas para facilitar la administración de los recursos. Esperamos utilizar estas herramientas para primero, poder contactar a mas ex-residentes, quienes estoy seguro no dudaran un segundo en integrarse a la iniciativa, y segundo, tratar de expandir esta actividad motivando a gente de otros hogares y comunidad universitaria en general, para realizar actividades similares. El objetivo final es generar un flujo continuo de recursos, y hacer un seguimiento a los beneficiados con el fin de generar lazos entre distintas generaciones y fomentar un modelo regenerativo, motivando a que sean ellos mismos quienes ayuden a mantener el beneficio para las próximas generaciones.

 

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