Tierra de la Reina Isabel… ¿Antártica Chilena, Argentina o Británica?

Karen.jpg

 

Por Karen Manzano Iturra
Profesora de Historia y Geografía. Diplomada en Estudios Políticos y Estratégicos.
Alumna tesista Magíster en Ciencias Políticas, Seguridad y Defensa, ANEPE-UDEC.
 

 

A mediados del mes de diciembre, se publicó en diversos medios internacionales un curioso regalo a la reina Isabel II, por parte del Foreign Office británico. Como parte de las celebraciones de su jubileo de diamantes, se bautizó una porción de la Antártica como “Tierra de la Reina Isabel”, a manera de "homenaje que pone en evidencia la gratitud de este país por sus servicios" (El Mundo, España, 18/12/12). El mayor problema que generó este obsequio fue que esa zona inglesa “que abarca todas las tierras al sur del paralelo 60 Sur, entre 20 grados y 80 grados de longitud Oeste” (La Nación, 18/12/12) al sur de la Tierra de O’Higgins, pertenece a la Antártica Chilena, que también es reclamada por Argentina desde hace años atrás. Entonces ¿Quién es quien dentro de este juego de límites?

La Antártica, o Tierra Incógnita, siempre fue una zona alejada del desarrollo de la civilización hasta la llegada de los españoles al continente americano. Cuando Pedro de Valdivia es nombrado gobernador de Chile, le solicita al rey de España extender su jurisdicción hasta el Estrecho de Magallanes, ante lo cual Carlos V aprueba la petición. Además, concede una nueva gobernación a su emisario, Jerónimo de Alderete, desde el estrecho al Polo Sur, quien se transforma en sucesor de Valdivia tras la batalla de Tucapel. Desde allí se considera fusionados ambos territorios en una sola autoridad, siendo Chile el heredero natural de tales dominios (Utti possidettis juris), oficializando la práctica (viajes, patentes de caza de ballenas, etc.) en la creación del Territorio Chileno Antártico (1940) instalando bases (desde 1947) y fundando Villa las Estrellas (1984).

Argentina, el segundo país involucrado, aduce derechos en la zona por la proyección de las islas Malvinas que dependían del Virreinato del Río de la Plata, los cuales se reflejaron en expediciones y establecimiento de bases a lo largo del siglo XX. Finalmente se encuentra Gran Bretaña, que “en 1908 se convirtió en el primer país en reclamar territorio antártico” (BBC, 19/12/12) pues había realizado sucesivas expediciones y tomas de posesión en las islas cercanas (Shetland del Sur, Malvinas, etc.) como en la península antártica (isla rey Jorge). Actualmente funciona como un territorio de ultramar con un comisionado propio dependiente del Foreign Office, leyes y sellos propios. El gran problema se produce pues los territorios se superponen uno al otro, lo cual generó la firma de una declaración entre los tres involucrados, para evitar enfrentamientos, en 1949. 

La firma del Tratado Antártico, en 1959, paralizó las reclamaciones territoriales de doce países, pero a pesar de ello, más estados han adherido al acuerdo y han creado sus propias teorías para lograr soberanía (sector, defrontación). Esto se debe principalmente a la importancia geopolítica de la Antártica, pues contiene grandes yacimientos minerales (hierro, carbón, caliza, etc.) y de hidrocarburos (petróleo) que serán vitales en un mundo donde los recursos no renovables se están agotando por la sobreexplotación, transformando a los países dueños en importantes exportadores de tales productos. Además, constituye la reserva de agua dulce más grande a nivel mundial, lo cual une otro elemento de presión, pues los conflictos por este recurso serán relevantes en el siglo XXI.

Por ello no deben extrañar estos regalos y situaciones, pues aunque sólo en los mapas británicos se mencione como Tierra de la Reina Isabel, este hecho es una importante jugada que demuestra sus intenciones en este continente, para remarcar una posible soberanía mediante un discurso enmarcado en el jubileo. Además, en los últimos días se están realizando las primeras instalaciones de la que será la primera base conjunta nacional, en el glaciar Unión, que está a 1.080 kilómetros del Polo Sur, aumentando la proyección chilena en el interior de la Antártica, pues será “uno de los tres únicos países que tienen actividades permanentes o semi-permanentes al sur del paralelo 80º” (La Nación, 16/01/13) lo cual aumenta la soberanía austral. Estos temas seguirán dando que hablar, pues aunque existan tratados que impidan las reclamaciones, continuaran los hechos que cada cierto tiempo nos harán preguntar ¿hasta cuándo el Tratado Antártico frenará las reclamaciones? Y cuando este quede finalizado ¿Quién será su dueño?

 Anterior                                                                                                     Siguiente

 

 

 

contacto

linked in

fondo de credito solidario

Sitio desarrollado y hospedado en Dirección de Tecnologías de Información - DTI - 2009 / Universidad de Concepción - Concepción - Chile