El espíritu emprendedor como bien público

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Por: Kenneth Gent F.
Ingeniero UdeC, Gerente general Mo.0 y Consultor en emprendimiento
 

Hace unos años fui invitado a exponer en un importante encuentro de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y hubo una presentación que me dejó pensando acerca de lo que entendemos por una sociedad “rica” o una sociedad “pobre”. Comparto algunas ideas…

 Una sociedad pobre es aquella que adolece de bienes públicos; una sociedad rica, es una sociedad que posee muchos bienes públicos. Un bien público es algo que le pertenece por igual, en las mismas condiciones, precio, calidad y características, a alguien del estrato socio económico más alto como a alguien del más bajo.

En Chile, el agua (potable) es un excelente ejemplo de bien público, independiente de que hasta hace algunos años el ente que era responsable de su producción, distribución y comercialización fuera el Estado (a través de las empresas sanitarias públicas) y ahora ese rol haya sido traspasado a privados. Si una persona abre la llave de su casa y extrae agua, esa agua es exactamente la misma que extraerá otra persona en cualquier otra comuna o lugar de la ciudad.

La educación en Chile no es un bien público, porque si uno se pregunta cuántas personas pertenecientes a los estratos socioeconómicos más altos de la población tienen a sus hijos en liceos públicos, la cantidad tiende a cero. Por ende, lo que Chile posee es una educación estatal, pero no pública; por cuanto, a diferencia de lo que ocurre en países como Suecia o Finlandia, donde los hijos del presidente de una gran compañía -o de un político influyente- van al mismo colegio que los hijos del conserje o la secretaria de cualquier institución, en Chile eso no sucede con las elites.

La igualdad no es un fin deseable porque no es posible de alcanzarse y tampoco es bueno que lo fuera, por cuanto nos llevaría a perder lo más valioso que posee cada persona, que es su propia identidad, que la distingue y la hace especial. El objetivo, en cambio, es conseguir la equidad, que representa la posibilidad por igual de que todos los individuos pertenecientes a una sociedad tengan acceso a una gran cantidad de bienes públicos.

El espíritu emprendedor como bien público representa la oportunidad de generar un gran cambio en nuestra sociedad, por cuanto a través de él cada persona brinda satisfacción a sus anhelos de felicidad y realización, se motiva por hacer cosas y cumplir sus sueños, independiente del ámbito en el cual estos se manifiesten (ciencia, deporte, negocios, política, cultura, arte, familia, amistades, investigación, viajes, etc.). Los países a los cuales Chile mira como ejemplos a seguir –Irlanda, Finlandia, Nueva Zelanda, Corea- entendieron que la única forma de acceder a los fines que toda sociedad moderna y acogedora tiene como principales valores (equidad, movilidad social y desarrollo) es realizando una inversión efectiva en el tridente de la prosperidad y la generación de oportunidades: educación, emprendimiento e innovación. 

 Lo anterior no basta sin indicadores de resultados, impacto y métricas que validen los diferentes métodos para conseguir los efectos perseguidos mediante la inversión económica y de recursos humanos especializados. Chile necesita con urgencia exigirse a sí mismo que todo proyecto orientado a impulsar la educación, el emprendimiento y la innovación pueda ser correctamente medido en su potencial de impacto. ¡Lo barato, cuesta caro! Da igual si en un comienzo muchos no prosperan, porque habremos aprendido por dónde no se debe avanzar, para hacerlo mejor en los años que vienen. Ese es el camino al desarrollo. ¡Se puede!

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